Fraser Pirie: El misterio del embajador Teodoro B. Castro

La verdad es tan preciada, que siempre debe ser protegida por guardaespaldas de mentiras. Winston Churchill.

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Fraser Pirie Robson.

La Operación Dragón, según el desertor rumano Ion Mihai Pacepa, fue una operación clandestina de la KGB y la PGU (Inteligencia Extranjera Soviética) para una nueva campaña de desinformación, lanzada para hacer que el mundo pensara que Lee Harvey Oswald mató a John F. Kennedy por encargo de la CIA, la mafia, el FBI, o empresarios de derecha. Su propósito era eliminar las sospechas de que la Unión Soviética era responsable del asesinato. Pues tenía en parte razón de imaginarlo, aunque no fuera verídico.

Iósif Griguliévich, 1937 España

Stalin había mandado a asesinar a muchos. Un complot muy extraño fue iniciado por Josef Stalin para asesinar al Papa Pío XII. El complot fue cancelado después de la muerte de Stalin, y el aspirante a asesino se retiró de la KGB. Esa trama propuesta fue de hecho detallada en Gran Bretaña por el desertor Vasili Mitrokhin en 1992, (Los Archivos Mitrokhin) cuando copió extensos archivos de los archivos de la KGB y reveló muchos secretos de la Guerra Fría a Occidente.

El espía Griguliévich, alías Teodoro Castro, es conducido ante el presidente de Italia Luigi Einaudi.

El asesinato del Papa iba a ser llevado a cabo por un agente soviético llamado Iósif Griguliévich que operaba bajo el alias de Teodoro Bonefil Castro, un rico comerciante de café de Costa Rica, que se reunía con frecuencia con el Papa. Dichosamente no se cumplió.

El presidente yugoslavo Tito con el embajador costarricense

Aparte de los datos del desertor Pacepa, la muy conocida y talentosa escritora nacional Marjorie Ross, estudió al excelente embajador y los detalla en su libro “El secreto encanto de la KGB. Las cinco vidas de Iósif Griguliévich”.

Tiene semblanza de una buena persona. Pero su primer trabajo fue el asesinato de Andreu Nim, en España en 1937. Luego lo mandaron a matar a Leon Trotsky, pero el atentado contra Trotsky falló.  Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, se encontraba en Argentina, en donde se empleó en quemar una librería que vendía libros y material nazi. Luego empezó a provocar incendios en bodegas y hasta en naves que llevaban materiales a Alemania. Fue bastante exitoso en su labor. Su nombre clave era Artur.

En 1949, con la ayuda de Joaquín Gutiérrez, un diplomático y escritor con simpatías comunistas logra la ciudadanía costarricense. Luego, se ganó la confianza de don Pepe Figueres, quien inclusive le dijo que eran primos lejanos. Con ese elogio, … quedó encantado. Se volvieron muy amigos al invertir dinero soviético en una importadora de café costarricense a Italia. En 1951, fue nombrado asesor en la embajada en Roma. También apareció en la Sexta Sesión de la ONU. Llegó a ser ministro plenipotenciario de la embajada. Excelente persona, muy culto, sofisticado, y… ¡asesino!

Tito y Castro en abril 1953

Cuando le dieron la nueva directriz de como eliminar a Tito, propuso diferentes maneras como terminar a Tito, quizás en alguna recepción oficial, usando sus códigos diplomáticos.

Iósif Romualdovich y Laura Araujo Aguilar Griguliévich

La noche del 2 de marzo de 1953, Stalin, el mayor asesino y genocida en la historia del mundo, leía el informe del ministro costarricense, ¡con el fin de escoger cual método usar para terminar con Tito, cuando sintió el infarto que lo acaba a él! Al fallecer el amado líder Stalin, Griguliévich fue llamado de regreso a Moscú, en donde vivió por muchos años más.

A los seis meses de la muerte de Stalin en marzo de 1953, el embajador Teodoro B. Castro pidió un permiso para acompañar a su esposa a un tratamiento médico en Suiza, desde donde nunca se supo más. El espía bonachón, tan simpático como hábil, había desaparecido. En Italia, causó extrañez la desaparición de embajador B. Castro. En Costa Rica, nunca se supo más y al tiempo se quedó en el olvido. Se llegaría a pensar que la misma mafia lo había secuestrado. Todo eran conjeturas. La realidad, fue que, con la muerte de Stalin, don Nikita lo mandó a regresar a la Madre Rusia.

El talentoso Iósif Griguliévich, quizás uno de los espías encubiertos más exitoso, pudo engañar perfectamente a Tito y a Figueres, y cuántos más. Era un actor, un espía y … un asesino.

¡Era un embajador de Costa Rica!

Dichosamente, la Cancillería del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, es un ente muy profesional, en donde se enmarcan las mejores cualidades humanas para desarrollar programas de beneficencia mutua con otros países y gobiernos. Para ser un embajador y tener el sagrado derecho y responsabilidad de representar a la Nación, las personas son escogidas cuidadosamente.

 

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