Fraser Pirie: El orden y la gloria

En nuestra amada y dichosa Costa Rica, al igual que nuestra hermana Panamá, el militarismo ha sido cesado. Ya son los setenta años de mi vida, en donde solo el 15 de setiembre el tamborileo y la banda ensayan para su desfile civilista.

0

Fraser Pirie R.

No es necesario ser un liberacionista para recordar con agradecimiento al ex presidente Pepe Figueres. Su mayor éxito lo he vivido yo durante estos setenta años de paz y armonía. Su legajo a la nación fue la abolición del ejército y fue un día de gloria nacional.

Mi padre fue un militar graduado en la mejor universidad militar de Canadá y al empezar su vida estalló la Segunda Guerra Mundial. Recibió la rendición de los adversarios en Brujas, Bélgica entre muchos pueblos pequeños de esa región europea. Recibió la rendición de la afamada ciudad turística, porque su comandante había sido alcanzado por un francotirador cuando ambos estudiaban un mapa de la región y coordinaban el avance. De igual manera, el destino providencial  permitió a mi padre regresar a su natal Costa Rica.

Al volver a Costa Rica, encontró al país sumido en la guerra civil. Por ser militar de carrera con el grado de mayor, lo buscaron para apoyar este o aquel contrario. Pero él se rehusó seguir en la guerra perpetua y depuso las armas. Porque a muchos  militares les sucede, que llega un momento de hastío, en donde ya no quieren ver más dolor y sufrimiento. No hay gloria en ver un campo de batalla en donde yacen docenas, cientos, o miles de muertos. ¿Que gloria pudo haber sentido Napoleón Bonaparte o tantos más que se inclinan por la guerra de la conquista? El almirante Nelson de Trafalgar, héroe inglés legendario de la batalla de Abukir, siempre preguntaba por la cuenta del carnicero, o sea cuántos muertes le costaba la contienda militar.

En lo personal, mi padre sufrió durante al menos diez años del ahora conocido síndrome post traumática, un estrés terrible con pesadillas que lo dejaban demolido. En el sueño, los adversarios atacaban y mi padre les disparaba, pero las balas que salían del fusil caían al suelo. Se despertaba con un grito y bañado en sudor.

Esa fatiga de la guerra, ha llevado a  muchos jóvenes a la desesperación. Hoy, dichosamente se conocen los síntomas y hay ayudas psiquiátricas que alivian el profundo dolor.

En los países del habla inglesa, el militarismo secundario o oculto, prepara a los jóvenes para la siguiente contienda. En el colegio donde asistí en Canadá, nos preparaban durante el frio invierno para los desfiles militares de la primavera. De pantalón índigo con una raya roja al filo, chaleco rojo, kepis azul y un rifle sin balas, nos sentíamos muy orgullosos y espléndidos marchando en forma y al son de la banda militar. Desde luego, fue la parte que más me gustó de mi colegio. Sin saber que ya me inculcaban los valores militares, el orden y la gloria militar.

En nuestra amada y dichosa Costa Rica, al igual que nuestra hermana Panamá, el militarismo ha sido cesado. Ya son los setenta años de mi vida, en donde solo el 15 de setiembre el tamborileo y la banda ensayan para su desfile civilista.

Gracias a las maestras, las grandes educadoras de cada escuela, en donde se enseña el civilismo y no el militarismo, que ha hecho grande a nuestra nación. Un país pequeño y grande a la vez, sus virtudes incluyen no ambicionar territorios extranjeros, sino invitar a los pueblos del mundo a que nos visiten. Un país que se esfuerza por darle una oportunidad a cada uno, para que alcance metas insospechables. Nuestro máximo embajador es Keylor Navas, que nos ha llenado de orgullo, porque demuestra que con un duro entrenamiento y dedicación, se puede llegar a la cima.

Este es nuestro país. Diferente, en paz y en donde todos somos orgullosos de nuestro sistema nacional. Un país sin ejército, sin tanques, sin generales.  Hemos depuesto las armas.

 

Si le interesa recibir información diariamente:

 

De la misma autoría le podría interesar:

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...