Fraser Pirie: El suceso en el puente Milvio

Fraser Pirie Robson.

Si has viajado a la milenaria ciudad de Roma, seguramente no has pasado por el puente Milvio. En una parte olvidada de la antigua Roma, un tanto al norte del Vaticano. En donde el río Tíber gira al norte, un puente peatonal recuerda nuestra historia.

A los inicios de la tercera centuria de nuestra época, precisamente en el año 306, un joven llamado Constantino, de gira por la ciudad de York, al norte de Inglaterra es nombrado César, después de la muerte de su padre. Mientras esto sucede, allá en la lejana Roma un pretendiente llamado Majencio se nombra “prínceps” y a la vez emperador de Italia.

            Decidido a tomar Roma, Constantino marcha desde su base en Francia y entra invadiendo Italia con 40,000 legionarios y 8,000 jinetes, compuesto por germánicos, celtas y otras tribus ya romanizadas. Cerca de la frontera francesa, en la ciudad de Susa, se libra la primera batalla desde donde Constantino sigue hasta Turín, Milán, Brescia y Verona. Constantino consiguió derrotar rápidamente a estas fuerzas y prosiguió su campaña contra las bases de Majencio. Verona se rindió poco después. Siguiendo una ruta al Sur frente a la costa Este de Italia, se toma rápidamente Aquilea, ​Módena y Ravena. ​ Esto dejó expedita la ruta directa a la ciudad de Roma. Cruzando Italia, en una ruta que hoy se utiliza a diario, el ejército de Constantino avanza hacia Roma.

Majencio destruye los puentes sobre el río Tíber dejando solo el puente Milvio que fue construido en piedra. Se va a defender detrás de las impenetrables murallas Aurelianas, todavía hoy de pie. Mientras tanto Constantino avanza con cuidado por la vía Flaminia. Majencio se sintió algo inseguro, ya que el 27 de octubre, en las carreras de coches, ¡la multitud se burló de Majencio gritándole que Constantino era invencible!

Un escritor antiguo relata que construyó un puente de madera con el fin de que el ejército de Constantino lo utilizara y que por su debilidad estructural se hundiera. Para estar más seguro, el 28 de octubre de 312, pide consulta a los dioses paganos por medio de los custodios sibilinos quienes profetizan que “el enemigo de los romanos morirá ese día”.

Aun así, sus fuerzas, dos veces mayores que Constantino se presentan en largas filas frente al puente, sin dejarse campo para maniobrar.

El joven César, en el pueblo Saxa Rubra a unos seis kilómetros del puente por la vía Flaminia, y seguidor de señales extrañas y presagios, nota una gran cantidad de lechuzas saltar en vuelo, con lo que ordena a la caballería el ataque. A la vez, ordena el ataque con su infantería. Al estar tan arrinconados, las fuerzas mayores de Majencio son empujadas al rio Tíber. Majencio huye con sus soldados y al cruzar el mismo puente que había construido, por el exceso de peso, Majencio se ahoga en el río Tíber con sus soldados.

A Majencio el usurpador, lo sacan del río y su cabeza es mandada de regreso a Cartago, en Tunicia.

Unos días antes del ataque por la vía Flaminia, Constantino al levantar la vista hacia el sol vio una cruz luminosa con las letras griegas: “Εν Τούτῳ Νίκα”, cuya traducción al latín es: ¡In sic hoc vinces! (pronunciada in sic joc vinches) y en español: ¡Con este signo vencerás!

En ese momento, Constantino no tenía claro cuál era el mensaje que trataba de transmitirle esta revelación, pero, esa noche soñó que le decían que debía emplear ese signo contra sus adversarios.

El escritor antiguo Eusebio describe el signo como una Χ atravesada por una Ρ, que representa las dos primeras letras del alfabeto griego de la palabra Christos. ​El mismo Eusebio interpreta esta visión como un halo solar, ¡quizás solamente un fenómeno meteorológico! Dicen otros escritores que todos los soldados recibieron orden de pintar ese símbolo en sus escudos. Cuando se presentaron al combate, la luz solar que brillaba sobre los escudos descontroló a las fuerzas opositoras.

En 315, se acuñó un medallón que mostraba a Constantino con un yelmo o casco usado en el combate, y adornado con el crismón​. En el año 317, monedas para el imperio fueron acuñadas con la misma imagen. ​

El extraño símbolo era desconocido en esa época y se volvió el símbolo del mismo Constantino.

IMP · CAES · FL · CONSTANTINO · MAXIMO · P · F · AVGUSTO · S · P · Q · R · QVOD · INSTINCTV · DIVINITATIS · MENTIS · MAGNITVDINE · CVM · EXERCITV · SVO · TAM · DE · TYRANNO · QVAM · DE · OMNI · EIVS · FACTIONE · VNO · TEMPORE · IVSTIS · REMPVBLICAM · VLTVS · EST · ARMIS · ARCVM · TRIVMPHIS · INSIGNEM · DICAVIT

“Al emperador César Flavio Constantino, el más grande, pío y bendito Augusto. Porque él, inspirado por la divinidad y por la grandeza de su mente, ha liberado al estado del tirano y de todos sus seguidores al mismo tiempo, con su ejército y solo por la fuerza de las armas. El Senado y el Pueblo de Roma le han dedicado este arco, decorado con triunfos”.

 

Al viajar a un país distinto, los guías turísticos lo llevan a las partes importantes y relevantes, pero no hay nada como ir a los lugares donde se creó la historia, donde pasaron eventos tan importantes que cambiaron el destino del mundo.

Ese suceso en el puente Milvio hace tantísimo tiempo, cambió el destino de Italia y del mundo. La divina señal inspiró al nuevo Augusto y Cesar a la vez, a Constantino, él quien hizo grande a la nueva religión que abarcaría el Imperio Romano.

Fue una clave tan buena, diferente, mística, que se volvió el símbolo religioso en todo el gran imperio romano. Todavía hoy, es el símbolo del Cristo vencedor. Desde ese lejano tiempo, muchos místicos y santos que han buscado la divinidad, como el Padre Pio, usaban esa misma clave: “In Sic Hoc Vinces”.

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