Fraser Pirie: ¡No me gusta la poesía!

¿Como no amar el maestro que te enseña, te moldea y te acompaña en los días de la vida? Por eso, la vida es una poesía…

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Fraser Pirie Robson.

No me llama la atención la poesía. Tal vez la verdad sería contarles, … que no me gusta la poesía. Pero si he de contarles de mi vida, quizás solo el poeta lo puede entender. Es que todos tenemos algo de poeta, algo de músico y algo del llamado abuelito cuenta cuentos.

En si mi juventud fue como la explicó el poeta Alfred Tennyson, en su poema épico: “La carga de la brigada ligera”. Claro, unos dicen que las flatulencias continuas e incesantes del coronel Lord Cárdigan asustaron tanto a su corcel que salió desabrido. De inmediato lo siguió la brigada atacando cañones con sus espadas. Pero para mí, fue el romanticismo juvenil del héroe, que todas las jóvenes admiraban y los muchachos envidiaban. No sus severas flatulencias. Se enjugaba lo sublime con lo profano.

—¡Adelante, Brigada Ligera! ¿Algún hombre desfallecido?  No, aunque los soldados supieran que era un desatino. No estaban allí para replicar. ¡No estaban allí para razonar! No estaban sino para vencer o morir. En el valle de la muerte cabalgaron los seiscientos. Cañones a su derecha, cañones a su izquierda, cañones ante sí…

Hace muchos atrás escuché a un hombre grande y fuerte vibrar al declamar los versos sagrados y profanos de Rubén Darío. El sudor de su cara bajaba en cascadas que amenazaban inundar el piso. Sin tener que buscar como secar el piso, en secreto, me prometí a mí mismo aprenderme de memoria un verso. Así que unos meses después de esa declamación estilada, cuando me preguntaron a mí, ¡yo me puse de pie a declamar:

¡Juventud divino tesoro!

Desde luego, que, si te llaman a declamar, debes poderlo hacer con facilidad, como si fuera lo más común y sencillo del mundo. La práctica trae la perfección.  La gente se sorprende. Claro, uno nunca cuenta el secreto…

Pero después del tiempo de los atropellos de la juventud de cada joven que siente el mundo en sus brazos y el mundo a sus pies, quizás aprende a amar; que no es garantía. Muchos aprenden solo las amenidades del vivir, pero no del verdadero amor. Pero si le llegara ese dichoso momento de amar, pasa al siguiente retablo de la vida.

En el Poema 15 de Pablo Neruda, nosotros los jóvenes adultos empezamos a vivir el amor y sus expresiones.

—Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

O quizás el Poema 20:

—Eso es todo. A lo lejos, … alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, …los de entonces, ¡ya no somos los mismos!

Si claro, es sabido que a mí no me gustan los poemas. Pero Gustavo Adolfo Bécquer escribió así:

—Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales, jugando llamarán; pero aquellas que el vuelo refrenaba tu hermosura y mi dicha al contemplar; aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas… ¡no volverán!

En los años de febril actividad laboral, cuando uno emprendía un proyecto difícil, me armaba de fortaleza y seguridad en mí mismo. Por eso también, me gusta mucho el salmo 91, de los poemas épicos de todos los siglos:

—Sólo Él puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales, pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!  No tengas miedo a los peligros nocturnos, ni a las flechas lanzadas de día, ni a las plagas que llegan con la oscuridad, ni a las que destruyen a pleno sol; pues mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, … pero a ti nada te pasará….

Si, no me gusta la poesía, pero encuentro que la vida misma es una poesía constante. Fue Amado Nervo que me explicó claramente el devenir de la vida.

—Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que, si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas, … cuando planté rosales, coseché siempre rosas. (En Paz.)

Si. ¡De hecho encontré que era cierto! Cuando he hecho las cosas bien, he cosechado según la siembra. ¡Porque más claro no puede ser! Lo que se siembra… se cosecha. La siembra es libre, pero la cosecha es obligatoria. Ha sido la lección más grande de la vida.  Lo que no tenía claro en la juventud, lo fui amarrando a la mediana edad. Aunque no me gusta la poesía, ¡fue la misma que me señaló el norte en la vida!

¿Como no amar el maestro que te enseña, te moldea y te acompaña en los días de la vida? Por eso, la vida es una poesía…

Amado Nervo.

Nosotros, …los de entonces, ¡ya no somos los mismos!

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