Fraser Pirie: Hablar en público

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Fraser Pirie Robson.

Me recuerdo la primera vez que hablé en público. Las rodillas parecían de gelatina, el cabello me sudaba. Pero lo logré enfrentar, con un poco de conocimiento del tema que iba a exponer.

El micrófono: Al usar un micrófono se debe tomar en cuenta que en el parlante, las palabras se juntan de tal manera que a veces cuesta entender las palabras del locutor. De tal manera que se habla es una manera cortada, en donde se termina cada palabra con un microsegundo entre palabra y palabra. No se juntan en el parlante. Esto es aún más cierto todavía cuando se usan los medios digitales.

En la Feria del Libro, hace unos años, un poeta se puso de pie y declamó. El manejo del micrófono no fue el adecuado. Debe haber sido muy bueno, ¡pero yo no le entendí lo que decía! Porque el poeta hablaba tan rápidamente que sus palabras se le conectaban en el parlante. Y había bulla también en los parlantes, entonces resultó ser muy difícil entender. Cuando uno toma el micrófono en la mano, usted lo extiende a una cuarta de distancia hacia afuera y dice las primeras palabras para ir viendo hasta donde le va a quedar mejor la elocución y sintonía. Ni muy lejos que no se oye, ni muy cerca que se le hace una bulla no entendible. Treinta segundos de práctica resuelve el dilema.

No leer, no memorizar

Para hablar en público, no se trata de memorizar un texto y repetirlo al estilo lora. Sino entenderlo, conocerlo y lo comentarlo. Hablar en público es igual al contar un cuento entre amigos. Cualquiera de nosotros lo puede hacer.

En algunas ocasiones que me ha tocado presentarme ante un público e iniciar una presentación de un libro, yo me he preparado desde antes para iniciar el tema y he pensado en el resumen de todo lo que voy a hablar.

¿Cuántos minutos puede la persona escucharte y mantener el interés?

Yo estoy claro que en cualquier presentación la atención del público posiblemente aguante tres o cuatro minutos y ya se vuelve monótono. Entonces, en este caso no se trata de inundar al público con mil cosas, porque más rápidamente se pierde la atención prestada. Un error que se repite muy a menudo es introducir más y más volúmenes de información. A tal grado que la persona que te está siguiendo el hilo de la historia se desubica. Se pierde en un suampo de palabras. En ese momento se perdió la atención de la audiencia y secretamente están pensando en otra cosa. En este caso, le hubiera servido de mucho, que un tercero le editara el tema y recortarle lo sobrante.

Me gusta más la idea de que te voy a contar un cuentito de dos o tres minutos. Únicamente, si logro mantener al público interesado, ese cuentito se volverán muchos cuentitos.

Mi mantra

Me gusta también a lo privado, en lo particular decretar mi mantra que dice:

—Que yo pueda dar mi mensaje y que mi mensaje sea bien recibido. Yo siento que se forma un puente entre nosotros.

El humor

Winston Churchill, el gran líder ingles de la Segunda Guerra Mundial viajó a Washington en diciembre de 1941, con el fin de pedir ayuda militar en el Congreso. El explicó que su madre era americana y su padre inglés.

—Pero si hubiera sido al revés, con una madre inglesa y un padre americano, seguramente siempre hubiera llegado al Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica! Todos los legisladores se rieron a mil, y quedaron mucho más dispuestos a entregar el apoyo logístico. Se los echo al bolsillo, con un excelente cuentito de dos minutos, que todos los congresistas compartieron.

Recomendaciones

El nerviosismo es normal. Practique y prepárese.

Conozca su público. Su tema es sobre ellos, no usted. Organice su tema, su material para poder presentarlo y lograr su propósito. Crea el marco para tu discurso. Escriba el tema, el propósito general, el propósito específico; la idea central y los puntos principales.

Asegúrese de capturar la atención de la audiencia en los primeros 30 segundos. Mantenga su enfoque sobre la audiencia. Vea cómo reaccionan y acomódese.

Un discurso seco y por ende aburrido, hará perder a la gente.

Permita que surja su propia personalidad. No ser una cabeza hablante. Una dosis de humor captura a la auditorio. Le permite compartir con todos.

Es mejor no leer un discurso. Cuénteme la historia; un cuentito tras otro. Un resumen con los puntos principales es muy apto.

El uso de gestos es favorable. No use muletillas. No use palabras como mae.

Capture el interés desde el principio. Termine con un final dinámico.

Para tal efecto, recomiendo pequeños interludios entre un tema y otro.

La estratagema

Como en ocasiones presento un libro en un colegio, encuentro que todos los estudiantes me siguen con la mirada. Pero su mente esta en otra parte. Entonces a los diez minutos, les indico que voy a hacerles una pregunta. Les puedo preguntar un nombre o un sitio ya mencionado. Nadie tiene ni idea. ¡Nunca lo captaron!

Si un animado me contesta, le hago entrega de un libro con un premio visible de mil colones. Después de eso, … toda la clase esta muy atenta y corren las cuatro preguntas y los cuatro billetes de mil.

¡A las palabras hay que darles vida!

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