Fraser Pirie: “La Fiesta Campesina de Florencia”

Que buena fiesta campesina se dio en Florencia. Esa tarde hice muchos amigos nuevos, que durante unos meses me pedían repetir la fiesta de toda Florencia. Pero una fiesta campesina a todo dar es una hazaña difícil de repetir.  

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Fraser Pirie Robson.

A finales de 1969, mi madre Judith Pirie había concluido satisfactoriamente la compra de dos fincas de café y caña a don Alberto Pinto. Eran unas fincas colindantes al lado de arriba de Florencia. Aquella bella finca y pueblo de gente buena y trabajadora de Florencia de Turrialba.

Florencia, se recordará fue fundada en 1925, con la unión de varias fincas entre ellas una del Doctor Pirie allá en “Canadá de La Suiza”, y otras de la familia de los Pacheco. El acuerdo era que el Doctor, velaría por las áreas financieras de la nueva unión de fincas en una empresa agrícola y posiblemente industrial con el tiempo. Don Cacao Pacheco, su buen socio introdujo una finca y dispusieron que don Ricardo Pacheco hijo, las administrara de “por vida”. ¡Don Ricardo fue un galán joven con un bigote muy audaz aunque corto, bien hecho, y con unas polainas españolas hasta las rodillas! Bajo su dirección empezaron a trabajar unas tierras y así fueron llegando familias nuevas a la recién organizada y fundada ciudad de Turrialba.

La Estación: Turrialba se centró alrededor de la Estación, que era el centro y el nervio de todo. Con el telégrafo y la línea férrea que recién pasaba por el asentamiento que fue logrando ser un gran pueblo y luego una ciudad pequeña. ¡De la cabina pequeña del telégrafo, la línea férrea del tren sale de Turrialba y de inmediato pasado el puente, terminaba la ciudad! La transformación era de inmediato y una vez más por estrechas vías y túneles hasta llegar a Siquirres y el cambio a la Línea Vieja, si ibas a Guápiles. En dirección al oeste, la primera parada es Florencia. Es la primera parada obligatoria después de salir de la Estación Turrialba. De este sitio mágico es donde hoy les expongo los hechos tales como los viví.

Todo un comercio se desarrollaba atendiendo las necesidades de los viajeros. Del vagón del conductor, que al principio era un anglófono, se bajaban las cargas para Turrialba, las encomiendas, los correos y los despachos. También, como no había bancos, los dineros para atender todas las necesidades también iban y venían con el conductor.  Era un hombre muy importante.

La moderna estación en Turrialba. Nótese la actividad de vagones y de gente esperando la salida del nuevo motor diesel a Cartago.

El Vergel Bello: Con la llegada de nuevas familias emigrantes de Puriscal algunos, otros de las faldas del Volcán Irazú, como Capellades y Pacayas, fue un tiempo febril para la zona. Todo el valle de Turrialba, ese oasis verde que se menciona en el Himno Patriótico, explica lo que es Turrialba: cuando canta “Vergel bello de aromas y flores”. ¡Todo turrialbeño sabe en su corazón que ese vergel es el Valle de  Turrialba! Para otros fue un lugar de paso, de descanso después de salir de las tupidas selvas y llegar al puerto sin mar, en el Pachuco que en su faena forzada subía hasta Cartago y San José. Pero bueno, se reforzaba con leña fresca para la estufa y llenaba su caldera con agua fresca antes de su faena diaria. ¡Que lugar más increíble es Turrialba!

La Joya: A este valle fueron llegando las familias que querían trabajo y prosperar. Familias enteras se trasladaron, con los viáticos o pases incluidos. Había trabajo, había responsabilidad, y encontraron en la joya de Florencia.  Abrir una zona fue un trabajo duro, pero se miraba con la expectativa del progreso que llegaba y el bienestar de toda la región. Durante muchos años, se sembraba arroz, tabaco para los puros, plátanos y lo importante para la subsistencia. O sea era necesario sembrar lo que se iba a comer porque el transporte era difícil y en realidad no se llegaba a comprender aun la necesidad de la movilidad.

Haciendas nuevas: Las dos fincas de don Beto Pinto, como la Pradera fue cambiando de nombre a Hacienda Escocia y Hacienda La Andrea. Buenos mis padres, siempre recordaban que fueron oriundos siglos atrás de Escocia hasta lograr emigrar y unas generaciones después llegaron a la bendición de Costa Rica. La Andrea (Pirie Woodbridge), era recordando la bella niña, primera hija muy querida, de mi hermano Alejandro. Recordaré siempre que el 1º de enero de 1970, tomamos el manejo de esas fincas y que aún quedaban unas cuatrocientas fanegas en mata por coger. Con ese poco de dinero se empezarían las labranzas.

El problema era que don Beto todo lo hacía a caballo y solo trillos habían por toda la finca nueva. Bueno, es que logró tantas fincas en su vida, que a la última le puso “La 28”. Decidió empezar a liquidar algunos activos. Pero la Machita fue muy inteligente y cuidaba su dinero. Costa Rica venía del declive de los precios del café con precios en el sótano y la desesperación de toda la industria cafetalera. Siempre se dijo que comprar fincas de café cuando el precio era abismal, sería un grave error. ¡Pero cómo su “lucecita verde” la encontraba encendida y por eso creyendo en sus propios instintos procedió con la compra de las dos fincas! Ese fue el estudio económico que hizo. ¡Que clase de lucecita fue esa, porque al año siguiente por el gran faltante de café entró una bonanza de precios y en dos años se cancelaron las deudas de las fincas!

Judith Robson, mi madre que aprendió a andar en caballo por los cañales

La Nueva Calle: La calle en muy malas condiciones, subía desde el Comisariato de Florencia doscientos metros hasta su casa y ahí terminaba. Entonces tratamos de accesar la finca y fue muy incómodo. ¡Porque ya como jóvenes no éramos de a caballo, sino de jeep Toyota! ¡Era la nueva generación! Como cada generación que compra una finca vieja, se convierte en la “nueva finca”, no queríamos que nadie nos diera consejos, sino hacerlo todo en forma moderna y…a nuestra manera. ¡Lo que es la juventud…!

Entonces subimos un tractor D-4 a empezar a cortar un camino y con los días llegó hasta las partes occidentales o sea arriba en las nubes cerca de San Juan Sur. Toda esa finca de arriba tenía sus nombres.

Por ejemplo don Beto, le puso a un lote de café El Roberto. Por Roberto Federspiel su nieto. Una propiedad de más de quince hectáreas se llama todavía El Gladys. En recuerdo de doña Gladys Pinto. Diferentes lotes que llegaban por ejemplo desde la calle hasta la zanja tenían un nombre así. De la zanja para allá cambiaba a otro nombre. Bueno, que se va a hacer, sino respetar lo que la misma gente de ahí llamaba también a cada parcela.

Una vez que la calle fue conformada decidimos hacer entrega de la calle a la Municipalidad de Turrialba y hacer la calle pública. O sea un solo camino público desde la entrada en La Central hasta muy arriba en los altos de San Juan Sur. Entonces se empezó a coordinar esa entrega y por ahí alguien mencionó un discurso de entrega. Un discurso sin un aperitivo, como que le faltaba algo. ¡Al final del día se estaba planeando una fiesta gigantesca!

 

Vista a los llanos sembrados de caña de azúcar de La Central, Florencia. Turrialba

Los fogoneros

Técnicos alemanes de visita al Ingenio Florencia 1963 con el personal

Ingenio

 

La Fiesta Campesina: El día de la inauguración de la nueva carretera a San Juan Sur, fue un día sábado de 1971. Como yo era un jovencito de 20 años, tenía muchos nervios de hablar en público. Todo el personal de las fincas, vecinos, allegados y aparecidos llenaron la calle allá en Florencia arriba. ¡También otros curiosos y todos quienes les gustan una buena fiesta campesina! ¡Donde da su vuelta la calle frente a la línea de tren, me pongo de pie para hacer la entrega simbólica y cortar la cinta con los colores republicanos de nuestro pequeño gran país! Llegó el mandador, don Piquín a saludarme y darme ánimo. Un buen fresco de agua ardiente. De la buena, hecha por él mismo. Garantizado ser 100% puro. Tomé por respeto y obediencia, y casi me quemo la garganta. El litro lo guardé y la use después para curarme la espalda de una picazón. ¡Parece que venía garantizado para quemar las verrugas, los ojos de pájaro, y demás plagas de la piel!

Despuesito del corte de la cinta procedimos al Comisariato Florencia para seguirla. Lo único que me pedí una botella de leche Dos Pinos y me la tomé entera con el fin de neutralizar el veneno de serpiente, con ácido de batería, que me había recetado don Piquín.

A las 3:00 de la tarde ya en la plazoleta frente a El Comisariato, los cocineros estaban todavía calentando el fogón. Eran los famosos fogoneros de las calderas del Ingenio Florencia. Conocedores a fondo de su oficio. Llegó la marimba y empezaron sus aires mezclados que solo una buena marimba sabe lucir. Unos rápidos y altos, combinados con bajos sonoros dan una música esencialmente alegre y festiva. No era para más. Cuando los marimberos empiezan tocando fueron llegando las parejas a bailar.

Los piratas: Confieso que sólo en Florencia he visto los jóvenes bailar lo que llamaban “pirata”. Con unos pasos tan complicados y zigzagueantes, con mezclas torturantes los pies apenas si tocaban el piso lustrado. Con la rapidez de la juventud los piratas invadieron la pista para conquistar el trofeo del mejor bailarín de Florencia. De Florencia Arriba.  Cuando descansaba la marimba y salían a refrescarse en el Comisariato, empezaban el grupo guitarrista, ¡“Los Corazones Solitarios de Florencia”! La tristeza de sus aullidos a la luna venidera provocaba un gran desorden, hasta que nuevamente refrescados volvían los marimberos a dar tono y vida a los esperanzados concursantes. Los Corazones Solitarios de Florencia salían a  descansar de nuevo allá por el Comisariato. No se sabía a ciencia cierta si los llamarían de nuevo.

En ese atardecer feliz en Florencia, Paco el cocinero y encargado de la bodega, traía los grandes cortes de la res entera que se pretendía cocinar. A Paco le dieron la tarea de adobar y guardar bien los grandes cortes, para que nadie se adelantara al festín. A la media res la pusieron a la barbacoa en un enjambre de varilla de construcción, especialmente construido para la ocasión. La gran parrilla medía casi dos metros de largo. Bueno es que en Florencia todo era en grande. Algo así como Texas.

El delicioso y aromático olor se esparcía y empezaron llegando los invitados olvidadizos desde Turrialba. Los Rojas de Atirro y muchas personas más se congregaron. ¡Gente desconocida del Norte, de Nochebuena, de Pavas, de los San Juanes, y otros que dicen por ahí, que se dieron cuenta y se bajaron del tren!

El autor, Fraser Pirie, en sus años mozos

Bueno, lo que si me consta, es que hubo para todos. Nunca supe quien ganó el meritorio premio del Mejor Bailarín de Florencia. Las señoras les fueron sirviendo a tortilla entera a todos.

Ya los que por estar mucho rato en el Comisariato les costaba caminar, quedaron botados frente al cafetal. No darían más señales hasta el día siguiente. Algún samaritano los iba colocando en hileras, para que no se majaran, al salir del cafetal, que les quedaba de cobija natural.

Todos los demás empezamos a comer esa deliciosa parrillada hasta quedar  tan llenos. Me recuerdo haber conocido al chapulinista independiente Lasel Lonis, que por su hijo, le reparó  muchas glorias al Team Turrialba. Ya la noche había llegado y los últimos comensales comían con alegría. Muchas personas llegaron a pasar contentos y divertirse sanamente. La marimba ya hacía rato había terminado todas las piezas conocidas y otras inventadas. El fuego de los cocineros bajaba ya y quizás era ya la hora de ir a descansar.

Que buena fiesta campesina se dio en Florencia. Esa tarde hice muchos amigos nuevos, que durante unos meses me pedían repetir la fiesta de toda Florencia. Pero una fiesta campesina a todo dar es una hazaña difícil de repetir.

Ya van a ser los cincuenta años de esa parrillada. Más importante la entrega de ese camino de Florencia a San Juan Sur. Años desde que me curé de la espalda con el fuego de don Piquín. Solo falta un gran saludo a todas las familias de la antigua Florencia y a sus generaciones.  Que Dios se los pague.

 

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