Fraser Pirie: Las Glorias Nacionales

Si, en España hay una avenida importante en Barcelona, denominada las Glorias Nacionales, en referencia al ejército de tierra, que les otorga un gran orgullo nacional. Pero en la pequeña Costa Rica, las Glorias Nacionales las tenemos en nuestro sistema de justicia pareja para todos. En nuestras instituciones, en la banca y todas las instituciones públicas, que albergan el sentido nacional. ¡Nuestra gran gloria es no tener un ejército! ¡No somos menos, por no tener ejército!

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Fraser Pirie Robson.

Cuando un suramericano llegó a Costa Rica, lo que más le extrañó fue darse cuenta de que el país no tenía un ejército.

—Pero ¿cómo pueden vivir sin ejército? En mi país el ejército es el garante de la nación.

—Si, aquí en Costa Rica es diferente. Nuestras leyes, nuestro voto, y el respeto entre todos es el garante de la vida nacional. Gracias a los grandes líderes de ayer, esas son las glorias nacionales.

El Dr. Rafael Calderon Guardia (1900- 1970).

El Dr. Calderón Guardia conoció a Mario Moreno Cantinflas en una gira en México. De inmediato lo invitó a Costa Rica. Se abrió el gran Teatro Nacional para realizar un espectáculo con del temido Fu Man Chu que asustaba y deleitaba a más de 200 niños. Ahí estuvo el Doctor mirando a los niños de su tiempo y notó que todos andaban descalzos. El 18 de junio de 1941, promovió la nueva ley del calzado escolar. Muchos padres no les gustaron la idea, pero aun así las pequeñas y medianas fábricas de calzado empezaron a producir calzado para todos los niños. Muchos podemos recordar como se volvió casi leyenda, porque para entrar a la escuela se iba con zapatos nuevos. El 14 de agosto de 1942, inició las casas baratas en donde las familias podían optar por una nueva casa. El 15 de setiembre de 1943, el nuevo Código de Trabajo. Grandes ideas y grandes logros que hoy tantos años después siguen vigentes y ya son propias de cada ser costarricense.

Don José Figueres Ferrer (1906-1990)

Don Pepe Figueres también no solo confirmó los avances sociales del Doctor, sino que los reforzó. Abolir el ejército nacional fue un estupendo hito de nuestra Gloria Nacional. Fundar el ICE y darle al país el formato institucional, fue un gran garante. Se fundaría el Tribunal Supremo de Elecciones y muchas instituciones más. Así forjó la institucionalización del país.

 

 

 

 

Otilio Ulate Blanco (1949-1953)

La carta de don Otilio a don Amadeo Quirós Blanco

La Vieja, 8 de mayo de 1955

Señor don Amadeo Quirós Blanco,

Querido Amadeo: Sales hoy de la Contraloría, tan limpiecita la conciencia como siempre, entre tributos y reconocimientos de un pueblo con el cual no habías tenido anteriormente mucho contacto, que ahora te hace justicia y ha aprendido a quererte. Tus caudales morales se han manifestado inagotables, y mi parte en tu victoria es la de haber tenido la fortuna de atraerte a la función pública, a que eras tan negado, no porque te faltara espíritu de servicio público, sino por la razón temperamental de ser muy quitado de ruidos. Acercar a la función pública a los varones ejemplares, pero escondidos en el espeso y tupido bosque de su modestia y de su desamor por la política, me pareció que era tarea de buen gobierno.

Trabajamos juntos, me parece recordar que algo más de un año, y ambos lo hicimos lo mejor que pudimos. Cuando dejaste el Ministerio de Trabajo, porque la Asamblea Legislativa te había electo contralor sin que hubieras sabido antes que ibas a ser electo, fuiste a verme para entregarme giros extendidos por el Tesoro Público a tu favor por la suma de ¢18.000.00. Me referiste, en mucha confidencia, que esos giros correspondían a las dietas que habías devengado por asistencia, en la condición de ministro, a las sesiones de directivas de otros organismos oficiales, y llegabas a entregármelos para que yo dispusiera de ellos, aplicándolos a obras de bien público, con la condición de que no le dijera a nadie de dónde procedían. ¡Confiarme un secreto, con lo cuentero que soy! Sin embargo, me pareció tan respetable tu determinación que me amarré la lengua, apliqué la plata y no le dije nada a nadie hasta hoy, que te vas de la vida pública, me temo que para siempre y para mal de nuestra patria.

Don Amadeo Quirós Blanco

Me diste la siguiente razón para no retener ese dinero:—Si yo, como ministro, recibo un sueldo, debo dedicar todas las horas laborables del día a trabajar para el cargo, y el trabajar fuera de él, pero dentro de la misma función que ejerzo, este otro trabajo también lo realizo en condición de ministro y dentro del tiempo que le debo a mi cargo. Por tanto, la paga que reciba no puede ser mayor que mi sueldo.

Ya no te cocinas con dos hervores y debes pertenecer a la generación de los ochentas o de los noventas. Ahora todo cuenta por generaciones y millones. Los hombres de tu generación están “chapados a la antigua” y en los tiempos que corren se les tiene por pasados de moda. Los ministros de la generación que ahora se ha dado en llamar del 48, muy jóvenes, muy sabios, muy dinámicos, no hacen lo que hicieron sus predecesores en las generaciones, sino que, en vez de devolverle sumas al Estado, le cobran, por concepto de deuda política, del medio millón de colones para arriba. Resulta que el deudor es el Estado y no el ministro, que debe el honor de haber llegado a serlo.

Unos meses después de que me entregaste esa plata, tuviste necesidad de emprestar dinero para ir a curarte a Estados Unidos. ¿No te parece que, a pesar de todo, es mejor que sigamos apegados a la vieja moda?

El dinero lo apliqué, te cuento, a construir una escuelita en Vista de Mar del cantón de Coronado, porque todavía no había suficiente dinero en el Ministerio de Obras Públicas para construirla, y la que estaba de servicio se iba cayendo a pedazos; a mandarle cinco mil pesos a Fray Casiano para la humilde y magnífica escuela de artes y oficios que sostiene en Puntarenas; y el resto, tres mil pesos “tengo que confesártelo- lo entregué para contribuir a que se construyese la iglesita de aquí, La Vieja, ahora Villa Fátima, en donde espero que me casen y me canten el funeral.

Entre catorce y diecisiete galones de gasolina gastaste durante el año y pico que fuiste ministro. Solo cuando tuviste necesidad de salir de San José en trabajos del ministerio ocupaste el automóvil oficial que te estaba destinado. Me contaron después que hasta le prohibiste a tu mujer que fuera a hacer visitas en el carro del gobierno. Saliste tan bien, estuviste tan justiciero y acertado que no hubo conflictos del ministerio con los trabajadores, ni con los patronos, y no se oyeron quejas de los unos ni de los otros.

Como contralores, ya debes estar viendo lo que piensa el país de ti y de Paulino. Y me alegro como si la fiesta fuera conmigo. Me diste mis buenos dolores de cabeza, porque eras intransigentemente severo y meticuloso en el cumplimiento de las leyes cuya ejecución te había sido confiada. A veces me impacientaba, porque eras inflexible en mantener tu criterio, pero en último término, a ese criterio me sometí invariablemente.

En una ocasión, por la falta de requisitos legales, te negaste, con Paulino, a autorizar un pago de planillas a trabajadores de Obras Públicas por trescientos cincuenta mil colones. Me reuní dos veces con ustedes, les propuse varias fórmulas para arreglar el asunto, y a todas me dijeron que no y que no. No podía dejarse de pagar a los trabajadores y no nos estaba permitido tomar el dinero para hacerlo. Carlos Manuel Rojas -tan puntilloso como tú, que para no usar el automóvil del gobierno porque tenía el suyo propio se limitó a ponerle las placas oficiales-, y yo, tuvimos que firmar, uno como deudor y otro como fiador, un pagaré bancario por aquella suma; y al cabo de dos semanas, cuando, satisfechos los requisitos legales, ustedes autorizaron el pago y se canceló el pagaré, Carlos Manuel tuvo que satisfacer con su dinero los intereses, porque no había en el presupuesto partida de la cual tomar para el pago de ellos.

En los episodios que dejo relatados está reflejada la mejor de tus obras y quedó firmemente impreso el sello del más alto y efectivo de los servicios que le prestaste a la República: establecer, fortalecer y consolidar la autoridad de la Contraloría en función probadamente autónoma y no como apéndice del Poder Ejecutivo, bajo la ficción legal de una fementida autonomía. Ha sido una fortuna, una gran fortuna de los costarricenses que tú y Paulino hayan sido los primeros contralores. La virtud de la existencia de la Contraloría no radica en el texto constitucional que le dio el inicial soplo de vida, sino en el material humano con el cual se empezó a modelar la institución.

Me ha venido el antojo de asomarme a los recuerdos que nos conciernen a los dos, mientras miro frente a mí el bello panorama de la naturaleza sobre el que se asienta el soberbio cerro del Arenal y mientras oigo el murmullo adormecedor de la quebrada cuyas aguas corren al pie de la casona de esta finca, que tengo cargada de deudas, porque ya sabes que, si los dos salimos con deudas, en esto sí te aventajo, porque las mías son mucho más grandes que las tuyas. Nuestros padres no quisieron que cogiéramos la maña de hacer dinero sin haberlo trabajado. Los míos ni siquiera sentían que les hiciera gracia cuando afuera me regalaban unos centavos sin haberlos trabajado.

De aquí que no fuimos entrenados en las enseñanzas de la alquimia financiera, según la cual, como ahora se estila, la plata se hace tan fácil como rápidamente.

Tu afectísimo,

Otilio Ulate.

 

Si, en España hay una avenida importante en Barcelona, denominada las Glorias Nacionales, en referencia al ejército de tierra, que les otorga un gran orgullo nacional. Pero en la pequeña Costa Rica, las Glorias Nacionales las tenemos en nuestro sistema de justicia pareja para todos. En nuestras instituciones, en la banca y todas las instituciones públicas, que albergan el sentido nacional. ¡Nuestra gran gloria es no tener un ejército! ¡No somos menos, por no tener ejército!

En el Dr. Calderon Guardia que sembró la justicia social para cada habitante. Fue don José Figueres Ferrer que las reforzó y las convirtió en garantías para los habitantes. Pero fue don Otilio Ulate Blanco que marcó el camino de la honradez y el derrotero al buen vivir.

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