Fraser Pirie: ¡Leyendas, fantasmas y sustos!

Cuentan los entendidos, que el fantasma vaga por los pasillos del nosocomio sin poder descansar hasta que un moribundo le acepte el vaso con agua. Nadie lo hace por el terror que la aparición produce, pero quien lo bebe, sana milagrosamente.

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Fraser Pirie Robson.

¡Claro que era cierto! Cuando estaban construyendo la trocha a Limón y posteriormente la carretera formal, los camioneros de madera cargaban las tucas de árboles en la bajura de los llanos de Siquirres. Esperaban a la noche para arrancar y tratar de llegar temprano a los aserraderos de San José. La subida hasta Tres Equis por la carretera vieja a Turrialba era muy parada en partes y los camioneros ascendían despacio. Una noche oscura un chofer vio a una joven que le hacía señales para que la llevara. Con el fin de no viajar solo accedió y siguieron la ruta. La muchacha no hablaba y cuando el chofer en forma imprudente le puso la mano, la muchacha se le lanzó encima como una fiera. El chofer frenó alterado por el terrible susto. Pero ya la muchacha no estaba. Hoy día, los choferes prudentes no paran a recoger a nadie en esos solitarios parajes.

En el Hospital Calderón Guardia las enfermeras conocían las historias de personas que se topaban con doctores y espíritus del más allá. Por ejemplo, en el San Juan de Dios, hay muchas almas que caminan las rondas. Eso, …se sabe. La monja del vaso es el fantasma de una religiosa que vaga por los claustros del Hospital San Juan de Dios en la ciudad de San José. La leyenda narra que la monja desatendió el último deseo de un moribundo (un vaso de agua), dejando que este muriera sin haber bebido. Arrepentida, su alma pena por las noches deambulando por los pasillos del hospital, ofreciendo un vaso de agua a los enfermos. Cuentan los entendidos, que el fantasma vaga por los pasillos del nosocomio sin poder descansar hasta que un moribundo le acepte el vaso con agua. Nadie lo hace por el terror que la aparición produce, pero quien lo bebe, sana milagrosamente.

El Salón de Mujeres del Hospital San Juan de Dios en 1902. A la izquierda se puede observar la figura de una monja, que en esa época hacía las funciones de la enfermera.

Bueno. Si no me creen, les cuento esta verdad. Allá después de Orosi, se sigue el camino que va para las montañas allá por el fondo de Tapantí. Se pasará por una aldea en donde la gente comprobó que los niños pequeños no los podían dejar cerca del monte. Porque en una que otra ocasión llegaron niños que salían del monte. No se sabe a ciencia cierta si harán daño. Pero los vecinos están al tanto y cuidan a los niños. No estoy seguro si existen los duendes o no. Pero por si acaso, otro remedio del tiempo de antes era decretar:

— ¡Si fuerte venís, más fuerte mi dios, la Santísima Trinidad me proteja de vos!

¡Después de eso salga en carrera!

Todo es muy extraño, pero hace unos años, en Agua Caliente de Cartago se estaban metiendo a las casas. Cuando la familia se despertaba por la mañana, la casa había sido saqueada. Nadie entendía como podría haber ocurrido. Cualquiera se despierta. Cuando se consultó con el Padre, después de la misa de las cinco, él aconsejó el remedio. En medio vaso de agua se coloca un limón partido en cruz. Ese vaso se deja en el piso frente a la ventana o la puerta. Santo remedio. No se volvieron a meter. Claro, nunca se supo quienes pudieron hacer el daño. Nadie pudo dar razón. Pero eso sí, no se volvieron a meter con la gente de Agua Caliente.

En una ocasión se metieron a fumigar por debajo de nuestra casa de madera. Esa tarde empezaron sustos especiales. Del tubo del baño de los niños empezaron a salir unas culebritas muy decoradas de rojo y negro. ¡Eran corales! Luego de pronto una culebra levantaba la cabeza y empezaba su gira encima de la alfombra verde buscando la claridad de la puerta. Nos pasaba por la sala, al frente en donde estábamos en familia.

En el pueblo la gente sabía qué hacer. De inmediato a comprar ajos y los fui colocando por diferentes partes, detrás del sofá y de la puerta. Al majarlos, soltaban su fuerte olor. Las culebras no volvieron a salir. Claro, si hasta yo sabía que era cierto. Porque el mismo Drácula no aguantaba el espejo, la cruz, ¡o el agua bendita! Otro santo remedio.

En mi casa antigua de madera y cartón asustaban. Me hacía chiquitico debajo de las cobijas cartaginesas, porque se oía en el cielo raso, donde alguien rascaba y hacía ruidos. Afuera los vientos movían las ramas de los jacarandas. Todos sabíamos que tenía que ser Troyo. Es que Troyo había sido el dueño de la finca hasta 1910, y tenía costumbres no saludables. ¡Mejor dicho, había sido excomulgado! La fortuna que decían, la había enterrado atrás, debajo del piso de una antigua lechería. Ni locos salíamos al jardín de atrás de noche. Porque se sabía que Troyo pasaba con su linterna cuidando la botija.

Cuando después de pasar una noche muy asustado, se subió el jardinero envalentado al cielo raso para ver si había una mala presencia o un aparecido. Pero no. Lo que encontró era un zorro que se pasaba rascando. Santo remedio.

Por ejemplo, Lelo el jardinero me explicó un día lo que era un “bulto”. Si uno esta de frente, y sin mover la cabeza ve de reojo a la derecha o a la izquierda a veces se puede ver un bulto. Dichosamente, no hay que tenerle miedo a un bulto. Por ejemplo, aquí en el campo la gente tiene su conocimiento. ¿Porque en marzo o abril, en un fuerte verano, los árboles se empiezan a vestir con hojas y follajes frescos? Me explicaron que es porque el agua del mar va penetrando el suelo y sube, y así los árboles se refrescan y sacan hojas nuevas en un verano resequido. Mejor no les cuento más de estos conocimientos.

Hay misterios sin resolver. Hay aparecidos y almas en pena. Aparentemente, aquí en la provincia somos un montón de asustados.  Pero eso sí, si van al San Juan de Dios, y si te acordás, dale una rezadita a las almas que todavía no se han ido al lugar de donde todos algún día salimos. La gente de mi provincia de Cartago sabe mucho.

— Para cada veneno, hay un antídoto. Por más grande que sea el susto, hay un remedio.

¿Pero qué hacer con el padre sin cabeza?

 


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