Fraser Pirie: Objetos del Estado

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Fraser Pirie Robson.

Kramatorsk, una ciudad al este de Ucrania fue objeto de un ataque terrorista por parte del Ejército Rojo de Vladimir Putin. Mujeres y niños estaban a la espera del tren que las conduciría hacia el Oeste, hacia los lugares en paz.

Al lanzar un misil guiado, inteligente, se sobrentiende que sabían exactamente a donde dirigían el misil. La sala de espera de la estación fue bombardeada con municiones diseñadas para matar a la gente indiscriminadamente.

Este tipo de acción militar en donde no les importa las consecuencias sobre la población son típicas de estados totalitarios, de estados donde la persona no tiene validez personal, ya que es vista meramente como un objeto que le pertenece al estado.

Al final no importa sí miles mueren en un ataque porque son dispensables, son objetos, son cosas, que cada 20 años se renuevan. En la mente criminal política esas personas son seres reemplazables.  Esta fue la mentalidad que prevaleció detrás del lanzamiento de ese misil contra seres desconocidos, donde la justificación pareciera ser:  no es gente de mi pueblo, no es de mi familia, no los conozco. No importan. Se vuelven objetos.

Esta es la mente del psicópata. El psicópata ve un objeto de su deseo y empieza trabajando su mente para ver de qué manera puede poseerlo para saciar ese deseo enfermizo que tiene sobre la víctima. Pareciera que ese es el mismo pensamiento que invade a cualquier líder mundial que lanza un ataque injustificado sobre las personas inocentes de otro país, de otro pueblo, donde el deseo de conquista está por encima de todo lo demás.

Costa Rica dio mucho apoyo a los rebeldes sandinistas que luchaban para derrocar a Somoza. Porque en Nicaragua, el problema no era Anastasio Somoza Debayle, sino el somocismo. En ese caso la corrupción en cada pueblo, en cada localidad era abismal y a los ciudadanos también se les trataba como objetos reemplazables.

En los años ochenta, Centroamérica fue invadida con miles de armas enviadas por la Unión Soviética hacia América Central pasando por Cuba. La Unión Soviética y Cuba vieron la posibilidad de extender su revolución hasta las fronteras de los Estados Unidos. Empezaron enviando armamentos a El Salvador y a Guatemala. Al final esa estrategia nefasta fracasó y finalmente llegó la paz a nuestros suelos. En marzo de 1982, los salvadoreños se fueron a las urnas y votaron masivamente por un nuevo gobierno que les traería paz y tranquilidad. Fue un duro golpe a la guerrilla que quería tomarse el país a la fuerza, pero la población ejerció su rechazo en las urnas.

Miles de personas murieron en las luchas guerrilleras propiciadas por Fidel Castro y sus secuaces.  Las guerrillas nunca le dieron importancia a las miles de familias y generaciones destrozadas. Era la teología de la liberación donde las personas se convirtieron en un objeto para llegar a un propósito. Liberaban a los pueblos para luego imponer el yugo totalitario y convertirlos a la fuerza a su ideología.

Cuando estos guerrilleros analizaban la cantidad de personas que morirían, utilizaban la palabra, bajas. Para este tipo de personas las bajas no tienen ninguna importancia, porque son parte de la estrategia a cumplir. En el caso del Ejército rojo, las tropas que trajeron para la primera invasión a Ucrania venían del lejano este, desde Siberia. Así supuestamente se garantizaban una lucha descarnada porque estas personas no tenían arraigo alguno en Ukrania, no tenían familia ni conocidos en tan lejanas tierras.

Esto es parte del misil que explotó en la estación de trenes en Kramatorsk. El letrero en ruso dice: “Para los niños”. El misil está diseñado para lanzar pellets con el fin de matar personas y en especial a los niños. Otros los llaman bombas de racimo y su uso constituye en un delito de lesa humanidad.
La estación de trenes en Kramatorsk. Ya han dado de bajas a cincuenta personas con más de cien heridos.

La Avenida de los Francotiradores:

En la ciudad olímpica de Sarajevo, durante la guerra de Bosnia de 1992 a 1995, los francotiradores serbios le disparaban a cualquier persona que pasara. Los avisos de «Pazi – Snajper!» ¡Cuidado – Francotiradores! eran comunes en el sector.  Los seres humanos no contaban, eran objetos a destruir.

La única manera de cruzar la calle era esperar por los blindados de las Naciones Unidas y caminar tras ellos usándolos como escudos; o atravesar la vía en automóviles a altísimas velocidades esquivando los obstáculos. El asedio de Sarajevo fue uno de los más terribles, crueles y recordados episodios de la guerra de Bosnia.  Duró 1425 días, 630 días más que el de Leningrado, y sus consecuencias fueron devastadoras. Se estima que, durante los más de tres años que duraron los enfrentamientos de la hoy capital de Bosnia, casi 12.000 personas perdieron la vida y 50.000 resultaron heridas, el 85% de las bajas fueron civiles y su población se redujo más de un tercio.  La estrategia era matar.

El sangriento Slobodan Milosevic de Serbia se enfrentó a la Corte Internacional en La Haya.

En todas las sangrientas guerras que ha sufrido la humanidad, hay muchos ejemplos de la forma en que los seres humanos son tratados como objetos destinados a la muerte.  Pero en estas tres guerras que he mencionado, especialmente en la de Ukrania, se ha visto más claramente ese fenómeno donde a vista y paciencia de todos, han atacado indiscriminadamente y sin ninguna razón concreta a personas totalmente inocentes con el  funesto y terrible propósito de apoderarse de su país, de sus riquezas y su cultura.  Ante esta siniestra estrategia, las personas no cuentan, son seres invisibles.

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