Fraser Pirie: No preguntes que pasó…

Mi propio padre hubiera sido una persona más feliz si me hubiera compartido sus dolorosas experiencias de la guerra.

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Fraser Pirie Robson.

En los años 50s, cuando era yo solo un niño, un día le pregunté a mi padre que me contara un cuento de la guerra. De sus aventuras como soldado en el ejército canadiense en la Segunda Guerra Mundial. Su respuesta fue únicamente el silencio. De alguna manera, para un niño que adoraba, como todo niño a su padre, su silencio fue inquietante. No volví a preguntarle de nuevo, pero durante el resto de mi vida me he preocupado por averiguar lo sucedido en aquella terrible guerra que nos marcó para siempre.

La pregunta incómoda: En otro momento en que a una guía turística en España le hice una pregunta sobre de Guerra Civil Española, tan incómoda fue la pregunta, que la señora volvió a ver para el otro lado y me evitó todo lo posible durante el rato del tour. Esa pregunta no se hacía, no era posible hablar de eso. En otra oportunidad, en el aeropuerto compré el libro, “Franco, el caudillo de España”. ¿Y para qué? La cajera me regaño por interesarme. ¡No preguntes que pasó! Curiosamente hoy en el Reino, el Partido Socialista al ingresar a un comunista como vicepresidente, hizo surgir a la derecha intransigente de Vox. Aun hoy, o sos de un lado o sos del otro. El rencor prevalece, y menos el sentido del compañerismo.

Bueno, en Costa Rica, en los últimos setenta años, desde nuestra Guerra del 48, no ha habido más golpes de estado, revoluciones o actos despiadados en donde primos luchan contra primos y hermanos contra hermanos.  Algunas personas hablan de nuestra guerra, pero la mayoría de los que participaron en ella prefieren guardar silencio.  El legado político que heredó mi generación fue al fin y al cabo bastante apropiado y esa lucha fue olvidándose con el tiempo. Los años siguientes, en los tiempos de la juventud, fueron formativos y buenos. Quizás con altos y bajos, con equivocaciones, con metas escasamente alcanzadas. Pero con una cierta inocencia y buena fe.

Un joven holandés, me contaba que su abuela sufrió una hambruna inmediatamente después de haber sido liberados del yugo del eje. (Te das cuenta de que no digo de quienes fueron liberados). Porque para las nuevas generaciones, ¡eso ya no tiene importancia! Lo que los abuelos y bisabuelos sufrieron y el odio que se generó, hoy en día es prácticamente desconocido y ajeno para ellos. El amigo holandés ahora viaja de vacaciones al país agresor de antes. Ya todo pasó. Ya nadie se pregunta, ni escarba demasiado en ese lejano pasado. Es de muy malos modales preguntar. No es culpa de las nuevas generaciones lo que sucedió en aquel entonces. Sin embargo, es importante recordar aquello que dice, que la historia tiende a repetirse a sí misma….

De hecho, hay que preguntar. Hay que saber que fue lo que pasó, para que cada generación pueda valorar, aprender y no repetir los mismos errores de antes.

Niños holandeses descalzos, pero con su valiosa hoya de comida. 1944.

El viento del olvido: Para el nuevo libro “Costarricenses”, consulté con varios descendientes de los valerosos sobrevivientes del holocausto o Shoah. La verdad, era que no querían contar ni recordar al detalle las experiencias de sus padres o abuelos. Eso permanece tapado, oculto. Algo espantoso, cruel e inhumano les había pasado, pero no fue una historia para ser contada.  Salvo doña Magda Egri quien me indicó que ¡ella amaba más a Costa Rica que nosotros!  Y efectivamente doña Magda tenía razón, porque en su país natal la querían eliminar por ser judía, pero en la pequeña y a la vez grande Costa Rica, gente que ni la conocía la trataron con dignidad y cariño. Su familia es costarricense. Sus hijos y nietos se hicieron profesionales de prestigio en este país y su gratitud pertenece a su amada Costa Rica… Pareciera que el viento del olvido se ha apoderado de muchas personas, hijas e hijos de las guerras.

En otro episodio en que le pregunté a familias costarricenses cuyos parientes posiblemente habían sido gobiernistas en la Guerra Civil de 1948, también encontré una respuesta parcialmente silenciada. Prefieren no contar. Que las cosas no se sepan porque el recuerdo tal vez trae un mal augurio o una mala suerte para las futuras generaciones.  Sobre las guerras, es mejor, ¡cien veces mejor!, que no se sepan los sombríos detalles del sufrimiento causado.  Muchos perdieron la batalla quedando con el equipo perdedor y pareciera que la consigna era: cállese y mejor no diga nada…   Algunos hasta destruyeron las fotos de aquella época para no tener algo que les devolviera la memoria injusta e incriminante.

Cómo serían el hambre, el frío y el dolor, me preguntaba. Pasaban escenas por mi mente como de película de terror, que prefiero no presenciar, y solo saber cómo termina.  Por encimita que me la han contado.

Los Cuatro Jinetes de la Apocalipsis: Ellos han cruzado la faz de la tierra en muchas ocasiones, pero quienes los han visto pasar, nunca quieren vivir de nuevo ese calvario.  Por estas memorias reprimidas en que muchos soldados han sufrido lo que antes se denominaba psicosis de guerra y ahora se conoce como Síndrome de Estrés Postraumático. Es bueno aprender a desahogarse cuando se ha sufrido el terror que implica participar en una guerra.

Los cuatro jinetes: símbolo de la guerra, el hambre, el dolor y la pestilencia

Los soldados norteamericanos que volvieron traumatizados de la guerra de Vietnam en los años 70s callaron para siempre y muchos se ahogaron en el mar de la drogadicción y el alcoholismo.  Claro, la procesión iba por dentro y de alguna forma debía manifestarse.  Los jóvenes guerreros que volvieron de Iraq y la Guerra del Golfo, tuvieron un pico muy alto de suicidios. Ganaron la guerra, pero la culpa y el horror los destruyó por dentro.

Ni pensar en los civiles vietnameses que también fueron azotados por los militares norteamericanos y otros. ¿Que les habrá pasado en su vida? ¿Qué pasó, como fue su desenlace?  Eso vive en el silencio de sus descendientes que no desean ver las tremendas historias contadas y menos…repetirse.

Enver Secic

El terror serbio: En 1995, hace muy poco, Enver Secic, no puedo olvidar fácilmente el terror y la ansiedad huyendo de las masacres de los Serbios contra su pueblo en Bosnia. A los 21 años, va huyendo por el camino del bosque para llegar a Tuzla, una ciudad segura. No sabía si el camino del bosque lo llevaría a la vida o a la muerte. Era huir de los serbios asesinos. Mataron a toda su familia. ¿Como se puede conciliar la memoria?

Kim Phuc: La Niña Napalm es recordada porque su pueblo fue bombardeado con unos explosivos incendiarios que le arrancaron su ropita a vista y paciencia de los periodistas que cubrían la escena. Fue tal el horror, que Kim vivió muchos años con una enorme vergüenza por lo sucedido, para eventualmente darse cuenta de que más bien esa terrible imagen proyectada hacia el mundo exterior, le ayudó al pueblo norteamericano a ceder, … para encontrar la paz.

Kim Phuc

Kim Phuc hoy de 52 años vive en las afueras de Toronto, Canadá. ¡Es madre con hijos y su misión es ayudar a otros niños sobrevivientes de la guerra!

Los norteamericanos aplastaron al ejército Iraquí, pero claramente identificaron el síndrome de la Guerra del Golfo, para los miembros de las tropas que volvieron vencedoras de la guerra en el desierto totalmente afectadas a nivel psicológico por las horribles experiencias vividas.  Años después siguen con sus recuerdos. Cada día viven con ellos y a pesar de los tratamientos nunca logran olvidar lo sucedido.  Y lo más triste de todo es que algunos de sus hijos también son los mudos sobrevivientes de la sombría Guerra del Golfo. Solamente se aprende a convivir con el recuerdo que nunca van a desaparecer. Hoy, ya no se tilda el Síndrome de Estrés Postraumático como una debilidad o un defecto. Más bien, gracias a los psicólogos y los psiquiatras, los sobrevivientes logran sobrellevar esas imágenes que producen ataques de pánico recurrentes. La mejor medicina es hablar, compartir las experiencias y contar lo que pasó.

Es cierto que llevarán una pesada cruz por el resto de sus vidas. Pero es importante seguir el ejemplo de la Niña Napalm, quien huía de las bombas y la destrucción y aprendió a convivir con su terrible vivencia, logrando hablar y compartir lo inexpresable.

Durante los últimos 75 años Willemien Reiken ha cuidado las tumbas de los soldados canadienses en Holanda. Nunca se olvidó de llevar flores a los caídos. Parte del recuerdo histórico de los holandeses, se renueve cada 8 de mayo cuando los niños de las todas las escuelas del país visitan las tumbas de los soldados fallecidos.

Mi propio padre hubiera sido una persona más feliz si me hubiera compartido sus dolorosas experiencias de la guerra.

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