Freddy Pacheco León: Industria turística o desastre petrolero

Lo que han venido pujando algunos individuos nacionales "dispuestos a sacrificarse", ocultan que, detrás de esas iniciativas se esconde algo realmente tenebroso para Costa Rica, al obligarnos a escoger, entre un desarrollo turístico sustentado en nuestra riqueza ambiental, o un amenazante e imprevisible, "desarrollo" a partir de un supuesto "oro negro", que, reiteramos, NADIE podría afirmar con certeza, existe en nuestro pequeño y vulnerable país.

Freddy Pacheco LeónPhD en Ciencias Biológicas 

El proyecto de “Ley para declarar Costa Rica como país libre de exploración y explotación de petróleo y gas” (expediente N° 23.579), conlleva un dilema que habría que resolver, entre la industria turística, que tantos beneficios tangibles trae consigo para Costa Rica, o el desastre petrolero que, en caso de encontrarse petróleo en nuestro muy pequeño país, no se podría garantizar beneficio alguno. Por ello, dicho proyecto, por prudencia y razonabilidad, habría de ser aprobado urgentemente, para cortar de raíz la grave amenaza que hoy se cierne sobre nuestra Patria.

Y es que no es cuento, el peligro está latente, mientras, sin dicho proyecto, se puedan otorgar “PERMISOS y CONCESIONES”, para que el mismo Estado (vía permisos) o empresas privadas, presumiblemente extranjeras, con o sin testaferros (vía concesiones), pudiesen lanzarse a diestra y siniestra, a buscar hidrocarburos en el subsuelo costarricense. Así pues, cabe resaltar el detallazo de prohibir el otorgamiento de “permisos”, pues con ello se evita que el Poder Ejecutivo, con el impulso de un presidente de la República, un ministro cualquiera de Obras Públicas y Transportes, o un jerarca paradójicamente de Ambiente, ¡como sucediera!, se impusieran como tarea medular, la tan destructiva tarea de buscar yacimientos, con la ocurrencia de hacerlo, con ayuda noruega, por medio del ICE que, según ellos, se encargaría de las perforaciones, como lo propuso el expresidente ejecutivo de Recope, ahora a cargo del abastecimiento del agua potable. Recordemos que, cuando se prohibió la explotación minera a cielo abierto, solo se incluyó la prohibición de otorgar concesiones (obviamente a privados), pero no el otorgamiento de permisos, por lo que el Estado, dichosamente, no tiene impedimento legal para, por ejemplo, explotar el oro de la mina en Crucitas, para aprovecharlo en el marco de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Gracias a esa redacción, tenemos la feliz oportunidad de dedicar más de US$120 millones anuales, para la atención médica de la creciente población de adultos mayores, en lo que hemos propuesto, sería un hermoso sistema hospitalario que hemos denominado “Hospital del Oro”. Pero bueno, volvamos al petróleo.

Reconocemos, que, algunas personas, gobernantes o no, después de estar escuchando por años a ciertos personajes, afirmar sin sonrojarse siquiera, que nuestro país esconde en el subsuelo gigantescas reservas de petróleo y gas metano, que nos permitirían saltar al grupo selecto de riquísimas naciones petroleras, se han creído ese cuento. Y ha sido así, pues, los voceros con intereses, se han atrevido incluso, a dar cifras en centenares de miles de millones de dólares, que como sobrarían en Costa Rica, se podrían ofrecer en Wall Street…, por lo que no faltan quienes se han frotado las manos, viéndose como ciudadanos del país más rico del continente.

Ello, sobra decir, sin poder mostrar ni un barril de ese supuesto petróleo, que haría ricos a los promotores nacionales, gracias a las jugosas comisiones que, ellos esperan, pagarían los consorcios extranjeros, a los que, brindando “asesorías”, logren eliminar de la legislación tica, las moratorias y otros conocidos requerimientos. Así, de lograrlo gracias a sus “contactos” a los más altos niveles gubernamentales y empresariales, las empresas petroleras tendrían abiertas, de par en par, las puertas que les permitan formalizar con el Estado costarricense, los respectivos contratos de exploración y contratación, sin tener que hacer sustanciosas inversiones financieras. Y todo bajo la sombrilla de una entreguista Ley de Hidrocarburos, que determina beneficios económicos extraordinarios a favor de las petroleras extranjeras.

Lo que han venido pujando algunos individuos nacionales “dispuestos a sacrificarse”, ocultan que, detrás de esas iniciativas se esconde algo realmente tenebroso para Costa Rica, al obligarnos a escoger, entre un desarrollo turístico sustentado en nuestra riqueza ambiental, o un amenazante e imprevisible, “desarrollo” a partir de un supuesto “oro negro”, que, reiteramos, NADIE podría afirmar con certeza, existe en nuestro pequeño y vulnerable país. Lo que sí se puede afirmar, con ejemplos de sobra, es que, pese a la “tecnología de última generación”, que siempre ofrecen, múltiples ejemplos tenemos de desastres ambientales, intrínsecos a la industria petrolera.

Por ello, el solo anuncio de esa posibilidad, acabaría inmediatamente, con potenciales inversiones en infraestructura turística, y provocaría comprensible desazón, entre los que hoy luchan por sacar adelante sus, mayoritariamente, pequeños proyectos hoteleros. La degradación instantánea del prestigio ambiental de Costa Rica, además de la vergüenza que nos provocaría como Estado, no es algo menor. Asimismo, los compromisos adquiridos formalmente, ante la comunidad de las naciones, en pro de mitigar los efectos del cambio climático, comprometiéndonos con los principios planetarios del desarrollo sostenible, se irían al carajo. Y todo para que, como es muy posible, sean vanos los intentos, por encontrar cantidades comerciales de petróleo de calidad, que pudiesen llenar las expectativas, de los amantes de los hidrocarburos causantes del desastre climático que ya el planeta está sufriendo.

Finalmente, invitamos a reflexionar a los amigos lectores, sobre lo que piensan sería el modelo de desarrollo de la Costa Rica actual, si en los años 80, durante el gobierno de don Luis Alberto Monge, se hubiese aprobado y construido un gigantesco oleoducto interoceánico, desde Limón a Guanacaste. Recordamos, que la terminal en la costa del Pacífico, infraestructura para la recepción de inmensos petroleros, con su correspondientes muelles y gigantescos tanques de almacenamiento, que les permitiría bombear 1.200.000 barriles de petróleo diarios de costa a costa, se habría ubicado donde hoy, en tierras del Estado, se levanta el proyecto turístico Golfo de Papagayo, motor indiscutible del desarrollo turístico de Costa Rica, o sea, en la península de Nacascolo y sus magníficas playas, así como en playa Panamá y en bahía Culebra. Preguntamos: ¿Se habría constituido el turismo en la principal fuente de empleo y divisas extranjeras, de haberse levantado ese complejo petrolero en ese vital polo turístico? ¿Cuánto habríamos perdido, como nación, si tal fuente constante de contaminación, hubiera evitado el empuje turístico que hoy conocemos?

Pues amigos, es conveniente que esa lucha realizada hace 40 años, fuertemente criticada entonces por los que soñaban con falsos beneficios económicos, sirva de ejemplo para reflexionar, repetimos, acerca de la trascendencia del proyecto de ley que hoy apoyamos con entusiasmo, pues, sin duda, es de especial importancia para la Patria.

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