Fútbol: Epílogo y Cultura

Hay una cultura de violencia manifiesta, nada subliminal, ni cuestión de percepción, sino real y horrorosa que se refleja de mil diversas formas que se ha dejado de ser aquella sociedad pacífica, culta y civilizada de otros tiempos

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Por la forma en que han reaccionado algunos sectores de la prensa en días pasado y muchos ciudadanos, con respecto a la participación de Costa Rica en el mundial de fútbol en Rusia y sin dejar de lado las redes sociales, han quedado al descubierto varias cosas:

Primero, que se es tan irritable en materia futbolística, como se es con respecto a ciertos cánones de convivencia cotidiana, al prevalecer la intolerancia y la irascibilidad. Así con curiosa lógica, se asume por ejemplo que el equipo tico debió haber noqueado a Serbia, Brasil y Suiza bajo la premisa de que el orgullo, la estrategia y los jugadores con que se cuenta es suficiente, y no haberlo logrado por tanto es culpa principalmente del técnico costarricense, por ser defensivo o porque no puso a fulano o a sutano. Lo cierto es que los prejuicios siempre estuvieron ahí y hoy sólo se acentuaron en esa figura. Lo ocurrido en la cancha es entonces suficiente, para proferir improperios a los jugadores e intimidar al entrenador con amenazas. Es evidente, al entender de comentadores y fanáticos en el país, que en este particular campo de la diversión humana, Costa Rica debió ser superior a España, a Argentina y a Portugal. Ante esto, el comportamiento de los panameños, al recibir con júbilo a su vapuleada selección nacional, merece un análisis profundo y sobretodo admiración.

Segundo: pareciera que es mil veces más importante ser campeones de fútbol que acercarse; figuradamente, a cuartos de final en educación, civismo, en salud, ambiente, trabajo digno y más significativo, que tomar decisiones, las cuales garanticen un futuro mínimamente decente a los jóvenes y a las futuras generaciones de costarricenses.

Tercero: admitir sin reparos, que en efecto hay una cultura de violencia manifiesta, nada subliminal, ni cuestión de percepción, sino real y horrorosa que se refleja de mil diversas formas que se ha dejado de ser aquella sociedad pacífica, culta y civilizada de otros tiempos.

Estos son factores de fondo que se encuentran allí y permiten discernir en forma reposada y objetiva, sobre el comportamiento de los costarricenses ante hechos, quizás no tan relevantes, como el comportamiento al conducir, o tratar a los demás por cualquier detalle sin importancia. Falta de cultura dirán los abuelos, pero lo cierto del caso es la evidente crisis de humanismo y respeto. Es hora de cuestionar seriamente esa actitud cada vez más recurrente y de forjar formas de convivencia dignas y necesarias en la relación con los demás.

Es hora de transitar por un camino nuevo, distinto y esperanzador. Bien que Costa Rica no sigue en el mundial de fútbol, porque el campeonato por la decencia y la civilidad continua hoy en casa. A jugar y a competir entonces como realmente corresponde!

 

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