Gabriel Macaya Trejos, Catedrático, Ex Rector de la Universidad de Costa Rica y Ex Embajador en Francia

Hace pocos días falleció Ronald Fernández Pinto, mi amigo durante 60 años. Frente a esto, siempre surgen preguntas: ¿qué olvidé decirle?, ¿cuántas conversaciones quedaron inconclusas? Pero no quiero quedarme en lo negativo, en los olvidos, en los remordimientos, sino rescatar una de las grandes virtudes de Ronald. Ya sus otros amigos y alumnos han hablado de su calidad humana, de su excelencia como profesor, de cómo formó e inspiró a muchos alumnos ahora politólogos reconocidos.

Yo me quedo con lo que fue para mí su mayor virtud: ejercía el difícil arte de cultivar amistades.

Desde que lo conocí en mis tiempos de estudiante de secundaria, me atrajo a su círculo de amistades, acompañándome y de algún modo encauzando mis inquietudes. Siempre estuvo cuando se le necesitaba y siempre compartió su conversación, sus lecturas, su música. En los momentos más difíciles de su vida siempre guardó una cercanía inquebrantable, haciéndonos partícipes de su frustraciones, de sus penas y de sus alegrías.

Era un ser humano complejo, exigente y pródigo con sus amigos. Desde los tiempos del grupo “Contrapunto” y sus reuniones semanales, al grupo de apreciación musical “Alejo Dobles” y sus reuniones mensuales, y al final de su vida en el grupo virtual “Reencuentros”, siempre fue inspiración para nosotros, sus compañeros de pasiones. Cuántas veces nos dijo reunámonos, ¡y lo hacíamos!

En este viaje de 60 años espero haber aprendido de él algo en este difícil arte de cultivar amistades y trataré de aplicarlo, en homenaje al siempre amigo.