Gabriela Giusti. Daniel Salas: infundiendo autoridad con 10 trajes

Ante un tema tan delicado como las decisiones que se están tomando para salir de una crisis mundial que nadie sabe cómo solucionar, es un privilegio vivir en un país donde las autoridades se presentan seguras, modernas y preparadas para enrumbarnos a un mejor futuro. Más allá de si nos queremos acostar con ellas o no.

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Gabriela Giusti Roa.

Son las 12:45 m.d., se encienden todos los televisores de Costa Rica al unísono. En la pantalla aparece el Ministro de Salud de Costa Rica, Daniel Salas. Su semblante: serio. Su discurso: elocuente. Su imagen: prolija.

Personas encerradas en sus casas, con los libidos subidos hasta el techo comentan que están enamorados y enamoradas del doctor. Algunos buenos memes proponen la tesis de atribuir estos enamoramientos a un pequeño Síndrome de Estocolmo causado por el encierro no tan voluntario. Pero, ¿De dónde viene tanto sex appeal?

La forma en la que Salas construye su imagen lo ayuda a tener más legitimidad cuando se presenta como una figura de autoridad en televisión. El pelo siempre bien recortado y peinado, y bien vestido, los ciudadanos lo perciben como un hombre inteligente y que tiene las cosas bajo su control. En un artículo de opinión de un medio cubano, Gamboa hace una comparación física entre su Ministro de Salud y el nuestro y comenta que: “es más, si Daniel me pide que me lave las manos me las lavo al instante, si lo pide Durán lo hago a regañadientes” (2020, párr. 6)

 

Según Rosholm, “La apariencia física es un una forma de expresión no verbal importante para los funcionarios públicos, ya que a menudo están en el ojo público. Como resultado, su moda y estilo pueden afectar su viabilidad política.” (2009, p.2)

“‘El ‘tico’ se percibe a sí mismo como más blanco, culto, pacífico, piadoso que el resto de los habitantes de Centroamérica.” (Güendel, 2009, p.31) A eso le sumamos ser un hombre heterosexual, bien vestido y que además salga todos los días en la tele y nos da como resultado: admiración.

Matonti (2019) agrega también, que la ropa que usan los funcionarios públicos está cargada de presión para representar la política que ejercerán bajo sus cargos. Matonti da el ejemplo de Cécile Duflot, ex Ministra francesa de izquierda, joven y mujer. Invalidan su discurso a través de su imagen y su cuerpo, ya que se la ve ejercer su cargo utilizando ropa de diseñador, lo cual “va en contra de sus ideales políticos”.

Lo vemos en Costa Rica también desde hace algunos años, cuando las televisoras del país hacen close-ups a las sandalias de las diputadas de izquierda cada primero de mayo. Como que la prensa insiste en recordarnos que está mal aprobar leyes en chanclas, porque las chanclas pertenecen a la playa y los barrios populares pero no en la Asamblea.

Manin (1995) citado por Matonti (2019) explica esta tendencia cuando dice que los políticos y funcionarios públicos se visten de manera formal, a pesar de que los ciudadanos no lo hacen, ya que siguen “la intención inicial de la representación política, que era crear una distinción social, incluso moral, con lo representado”.

De esta manera, con 10 trajes algunos incluso de colores llamativos, varias corbatas divertidas y algunas camisas polo, Daniel Salas se aseguró de poner una barrera entre él y “los de a pie”. Desde el día uno nos hizo entender que él era el nuevo Sheriff y nosotros su pueblo a cargo.

La imagen de un político actual

Desde que comenzó la pandemia estamos acostumbrados a ver a funcionarios públicos diariamente en las conferencias de prensa. Ellos, en su mayoría hombres, vestidos de trajes enteros y camisas polo. Son hombres que se visten por el compromiso de su cargo, no les interesa la moda porque la moda es de mujeres o playos. Visten de trajes negros y grises, camisas pálidas y todos los matices del aburrimiento.

“El vestido masculino convencional es aburrido, ciertamente en contraste con el vestido de mujer con su elaboración de estilos, colores, telas, pero es un aburrimiento que libera a los hombres.” (Twigg, 2018, p.109) Es decir, esta uniformidad de la indumentaria masculina suma en su privilegio de alejar la atención del aspecto físico del hombre.

Esto puede llegar a ser contraproducente para la imagen de un político que dice abogar por el progresismo. Luis Guillermo Solís por ejemplo, dijo en campaña electoral que solo tenía dos trajes enteros y lo decía en serio. Así simplemente se volvió uno más, un viejo con alopecia vestido de gris, por el que votaron los jóvenes del país para modernizarlo. Tal vez con una mejor imagen Emma Stone le hubiera dado pelota, quién sabe.

Pero el punto es que Salas se sale de la heteronormativa cuando usa trajes de colores y cuadros. ¿Pero por qué nadie cuestiona su hombría? Y por el contrario, es la figura más popular del momento.

La teoría de la performatividad del género Judith Butler propone que la noción de género se construye a través de rituales sociales que moldean a los individuos en casillas binarias que terminan representándoles. La ropa, es uno de esos rituales, y las vías para explorarnos como individuos más allá de los roles que nos imponen, son pequeñas e insignificantes lentejuelas, o una estúpida corbata verde limón.

Salas desafía la heteronormativa, pero al mismo se favorece de ella. Él, en su condición de ministro hombre blanco, tiene el suficiente poder para tomar riesgos y no ser juzgado por ello. Para Barry y Weiner, “los hombres blancos de clase media a menudo se consideran cool y progresivos cuando cooptan las masculinidades marginadas y, de esta manera, se benefician de las desigualdades de género y sexualidad.” (2019, p.170)

A pesar de la problemática anterior, al tomar estos rasgos de la indumentaria femenina y reapropiarse de ellos para construir su plataforma, el Ministro da la imagen de un gobierno que no está dispuesto a estancarse en el pasado anticuado. Por el contrario, se mueve hacia adelante siguiendo las tendencias de los países más desarrollados.

Michelle Obama lo comenta en su documental de Netflix “Become”. Ella habla del gran poder que tiene la ropa para la representación pública de la figura política y que en ambos mandatos de su esposo se dio cuenta que a través de la ropa que se ponía podía explotar la imagen inclusiva y progresiva que querían dar como gobierno. Y ahí la vimos, con botas escarchadas hasta la rodilla, muchos colores y trajes de diseñadores innovadores y alternativos.

Ante un tema tan delicado como las decisiones que se están tomando para salir de una crisis mundial que nadie sabe cómo solucionar, es un privilegio vivir en un país donde las autoridades se presentan seguras, modernas y preparadas para enrumbarnos a un mejor futuro. Más allá de si nos queremos acostar con ellas o no.

 

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