Gerardo Corrales: Don Leiner y la ley de usura

Entonces, sin necesidad de irse a la Madre Patria, Leiner, de nuevo, lea mi artículo del pasado día 12 en La Revista, yo no estoy opuesto a que no se definan límites de usura, pero estos no pueden ser arbitrarios o de un grupo pequeño que se creen iluminados por el Ser Supremo, sino que la metodología debe ser objetiva y definida en función de los costos, gastos, pérdidas y otros, con información transparente y entregada al ente rector del Sistema Financiero, para que sean ellos, quienes definan esos límites por categoría o tipo de producto financiero, pues no es lo mismo usura en hipotecas; prendas; crédito personal fiduciario, tarjetas, micro crédito, etc.

Gerardo Corrales Brenes, Economista.

Estimado Leiner, con todo respeto, Usted es un Profesor Universitario y economista,se supone que si va a hacer una aseveración y en especial, si va a utilizarla como recomendación a la ciudadanía, primero debe investigar a profundidad y no limitarse a copiar lo que un artículo o un período de otro país dice, caso contrario su calificativo de mediocre ahí si aplicaría.

Efectivamente en España existe una ley de Usura desde 1908 que en su artículo 1 define la Usura de esta manera:

“Será nulo todo contrato de préstamo en el que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado a las circunstancias del caso o en condiciones tales que resulte leonino, habiendo motivos para estimar que ha sido aceptado por el prestatario a causa de su situación angustiosa, de su inexperiencia o de lo limitado de sus circunstancias mentales”.

O sea Leiner, España está igual que nosotros, no hay en ese artículo ninguna referencia a un porcentaje, tasa, techo o cualquier otro número, a partir del cual deba considerarse que el préstamo es usurero.

De forma deliberada la ley omite totalmente dar un monto, porcentaje o forma de cálculo, simplemente refiere a un interés notablemente superior al normal o manifiestamente desproporcionado de tipo leonino.

También, Usted tiende a confundir para sus intereses a sus lectores, al decir que supuestamente la tasa de usura es 2.5 veces el interés legal del dinero, cuando esto se aplica en España solamente a los intereses moratorios de un crédito, según el artículo 20 de la Ley 16/2011 de Contratos y Créditos al Consumo.

Ni las tarjetas de crédito, ni los créditos personales o de consumo tienen una tasa de interés máxima a partir de la cual, el crédito puede considerarse de usura.

La única excepción es una ley 1/2013, para préstamos hipotecarios, según la cual un contrato hipotecario puede considerarse nulo, si la tasa de interés excede tres veces el tipo de interés legal vigente a la firma del contrato.

A lo que el artículo que Usted hace referencia son a sentencias particulares, pero así como ha habido unas favorables a los clientes, también hay otras en contra y que han declarado normales y no abusivos intereses del 20% o 25% en euros para ciertos créditos personales o de tarjetas.

Entonces, sin necesidad de irse a la Madre Patria, Leiner, de nuevo, lea mi artículo del pasado día 12 en La Revista, yo no estoy opuesto a que no se definan límites de usura, pero estos no pueden ser arbitrarios o de un grupo pequeño que se creen iluminados por el Ser Supremo, sino que la metodología debe ser objetiva y definida en función de los costos, gastos, pérdidas y otros, con información transparente y entregada al ente rector del Sistema Financiero, para que sean ellos, quienes definan esos límites por categoría o tipo de producto financiero, pues no es lo mismo usura en hipotecas; prendas; crédito personal fiduciario, tarjetas, micro crédito, etc.

Espero que con esto, sus seguidores en Facebook no coman cuento, pues si nos acogemos a su forma de plantear las cosas, Santo Tomás de Aquino sería hoy el gurú de la banca, cuando en la Edad Media propiciaba que el dinero no pedía tener crías (intereses) y áquellos que lo hiciesen irían directo al infierno. Hasta que gente más racional y analítica, consideró que aquellas unidades superavitarias que habían sabido cuidar bien sus denarios y administrarlos de forma prudente y conservadora, tenían derecho en competencia cobrar lo que el mercado así permitiese, a las unidades deficitarias que gastaron sus denarios impestivamente y deben recurrir a los recursos de terceros, según Martín Lutero y Agustín Calvino.

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