Gerardo Corrales Brenes, Economista, Economía Hoy.

Procedo a realizar un análisis comparativo y crítico de las justificaciones recientes de la Junta Directiva del Banco Central, para realizar un nuevo ajuste a la baja en la tasa de política monetaria (TPM) del 8.5% al 7.5%.

 

Cierto que con una inflación baja y estable se resguarda el poder adquisitivo de la población, se reducen costos de transacción e información y se facilita el cálculo económico, favoreciendo la eficiente asignación de los recursos de la economía y la estabilidad macroeconómica, incidiendo positivamente en la actividad económica, en la generación de empleo y en el bienestar de la población”. 

Observación: La contraparte de este argumento es que para lograr ese objetivo el Banco Central ha estado utilizado una política monetaria restrictiva en exceso que hizo incrementar la TPM más que proporcionalmente pasándola de un 0.75% a un 9% en un período relativamente corto, aumentado el premio por invertir en colones, atrayendo capitales financieros especulativos que aumentaron la oferta de dólares en exceso y que han causado una apreciación abrupta de un 23% en los últimos 10 meses, reduciendo el tipo de cambio de compra de 692 colones en junio 2022 a 532 en abril 2023, lo cual reduce el equivalente en colones de los ingresos en dólares, en 160 colones menos por cada $ y a su vez, incrementa en la misma proporción los costos o gastos en moneda local a la hora de convertirlos a dólares, de las empresas que tienen dicha estructura de ingresos y gastos. Esto está provocando una pérdida severa de competitividad de la producción nacional respecto a los productos competidores o importados, además de afectar los flujos de caja y la capacidad de pago de las empresas del país del sector exportador, turístico, dirigidas al mercado local y en favor desproporcionado a los importadores.

Está apreciación abrupta de la moneda local genera incertidumbre, dificulta el cálculo económico, distorsiona los precios relativos de los bienes transables con el resto del mundo, reduce el tipo de cambio real multilateral del país, produciendo una asignación ineficiente de recursos, afecta negativamente la capacidad y estabilidad del aparato productivo del país y conduce a riesgos de cierre de empresas y despidos de mano de obra, especialmente, no calificada en zonas rurales del país, desmejorando el bienestar colectivo y aumentando los problemas de seguridad, narcotráfico, delincuencia y estabilidad social y política del país.

El costo de oportunidad de lograr regresar al rango de metas de inflación en forma acelerada, resulta excesivamente alto con incidencia en el corto y mediano plazo en la estructura productiva del país.

Cierto que el Banco Central conduce su política monetaria de manera prospectiva bajo un esquema de metas de inflación donde la Tasa de Política Monetaria es usada como el principal instrumento para controlar presiones de demanda agregada y de esa forma, influir sobre la inflación. Para fijar dicha tasa, la Junta Directiva del Banco Central, evalúa el comportamiento reciente de la inflación, la trayectoria de los pronósticos de inflación y de sus determinantes macroeconómicos, así como el entorno macroeconómico actual. Parte del análisis comprende la identificación de los riesgos cuya materialización puede desviar la inflación de la trayectoria prevista”. 

Observación: Es evidente que dentro de dicho análisis de fijación de la TPM el Banco Central está subestimado o dejando de lado las implicaciones que el nivel de la misma está provocando sobre la situación del tipo de cambio y la competitividad del sector productivo del país, así como la incidencia en la capacidad de pago de cerca de 400 mil personas con deudas en colones en el sistema financiero nacional por más de $ 20 mil millones. 

Por tanto, la consideración en su reducción del 8.5% al 7.5%, no es integral y deja de lado los efectos negativos en la capacidad de pago de las empresas y personas con deudas en colones, así como en la competitividad de las empresas del país.

Cierto que los bancos centrales del mundo, especialmente la Reserva Federal de los Estados Unidos, a pesar de la fragilidad del sistema financiero ante los súbitos y significativos retiros de fondos de los depositantes de algunas entidades financieras de dicho país, mantienen el ajuste al alza en sus tasas de interés, pues estiman que la estabilidad de precios es el objetivo prioritario de la banca central, lo cual a su vez apoya la estabilidad financiera”.

Observación: Cabe   recordar que la Reserva Federal de los Estados Unidos mantiene al mismo nivel de prioridad la estabilidad interna de precios junto con la búsqueda del pleno empleo de los recursos. Al día de hoy, la inflación de este país es mayor que la nuestra (5% vrs. 4.42%) pero con una diferencia radical, la tasa de desempleo de dicho país es significativamente menor que la nuestra, es más, se encuentran técnicamente en condición de pleno empleo (3.4% vrs. 11%), por lo que no es de recibo comparar el mantener el ajuste al alza de las tasas de interés de ese país como justificante de reducciones menores al nivel que debería tener actualmente nuestra tasa de política monetaria poniendo en riesgo la competitividad del aparato productivo, su capacidad de pago y el desempleo del país, lo que a su vez pone en riesgo la estabilidad financiera del país ante eventual mayor morosidad personal y jurídica.

“Cierto que, según el IMAE, en febrero del 2023, la producción creció 5.2% interanual, lo cual es coherente con un dinamismo económico que no induce a presiones inflacionarias”.

Observación:  que el Banco Central no dice, a pesar de tener los cálculos en sus registros, que ese supuesto dinamismo de nuestra economía se encuentra totalmente focalizado en las 400 empresas del régimen de zonas francas que muestran una tasa interanual de crecimiento a febrero del 2023 del 25.8%, quince veces superior a la tasa interanual de crecimiento de las 69600 empresas activas en el régimen definitivo, que apenas crecen al 1.7%.

Cierto que este esquema dual de crecimiento económico del país no induce a presiones inflacionarias, pero también de nuevo el Banco Central no analiza integralmente el contexto macroeconómico para concluir que su política monetaria y cambiaria, está afectando aún más la recuperación y generando efectos recesivos en su mayoría sobre el régimen definitivo pero incluso ya hasta las mismas empresa de zonas francas se quejan que los costos de operación en Costa Rica se han visto incrementados de forma desproporcionada perdiendo el atractivo el país, respecto a otros competidores, para continuar manteniendo el crecimiento de la inversión extranjera directa.

“Cierto que la inflación general y el promedio de indicadores de inflación subyacente han mostrado un comportamiento sostenido a la baja desde setiembre pasado hasta alcanzar tasas interanuales en marzo de este año de 4.4% y 4.3% en ese orden. Esto demuestra que la convergencia al rango meta de inflación (3% +-1%) ha sido más rápida de lo previsto en las reuniones de política monetaria de enero y marzo pasados”.

Observación: el Banco Central reconoce su aceleración en la búsqueda del rango meta de inflación al no haber reducido en proporciones equivalentes a la reducción de la misma, su tasa de política monetaria, lo cual está generando un costo de oportunidad muy alto en términos de pérdida de competitividad, flujos de caja personales y empresariales y eventual aumento del desempleo y cierre de empresas, especialmente mipymes.

Cierto y el mismo Banco Central lo reconoce que prospectivamente el proceso desinflacionario continúa reflejándose en menores expectativas de inflación de los agentes económicos, así como en reducciones de esta variable según sus modelos de proyección. Incluso, destacan que el Índice de Precios al Productor de la Manufactura (IPP), indicador de inflación por costos de producción en las empresas, se ha desacelerado pasando su variación interanual de un 17,6% en junio del 2022 a un 2.1% en marzo de este año”.

Observación: a  pesar de este reconocimiento de la desaceleración de la inflación, que se ha reducido de un 12.13% en agosto del 2022 a un 4.42% en marzo del 2023, es decir, una caída del 64%, la Tasa de Política Monetaria apenas la han reducido en un 6%, del 9% al 8.5%. Esto refleja que no hay proporcionalmente y relación entre la aceleración de la reducción de la inflación y el ajuste a la baja de la TPM por parte de la Junta Directiva del Banco Central.

“Dado los anteriores considerandos el Banco Central considera que existe espacio para propiciar que la postura de política monetaria sea menos restrictiva y toman la decisión de reducir la tasa de política monetaria un 12%, reduciéndola del 8.5% al 7.5%”.

Observación:  considero que de nuevo, el Banco Central está siendo demasiado conservador y retrasa los ajustes en la TPM al ritmo que deberían tener a la fecha, con lo cual, las expectativas de los agentes económicos en cuanto a posibilidades de obtener ganancias especulando con inversiones en colones para aprovechar el premio que sigue habiendo por invertir en esa moneda y los diferencial de tasas de interés que se mantienen entre las locales y las vigentes en USA, prolongarán más de lo necesario la apreciación cambiaria y los efectos adversos de las aún altas tasas de interés sobre la inversión y el consumo, afectando innecesariamente más allá de lo debido, los efectos recesivos sobre la producción y el empleo y la pérdida de competitividad del país.

De nuevo, el Banco Central nos viene a mostrar que sus políticas no son simétricas, las subidas en las tasas de interés para contener la inflación se dan en plazos más cortos y con mayor proporción, que los plazos y rangos de reducción de las tasas de interés, cuando la inflación cae significativamente, pasando el costo de dicha simetría al sector productivo y al nivel de empleo del país.

 

Por Gerardo Corrales

Economista