Gerardo Corrales: La importancia de la eficiencia operativa en la banca – I semestre 2019

Creo que en general, la búsqueda de la eficiencia operativa no ha sido una de las prioridades de nuestras entidades del sector público, pero en una condición crítica de las finanzas públicas y en especial, para el caso de la banca, una competencia feroz y con márgenes decrecientes, de no mejorar en el corto plazo, la productividad y eficiencia, sin duda son entidades destinadas a desaparecer.

gerardo Corrales Brenes, Economista.

En un mundo cada vez más globalizado y competitivo, los márgenes de intermediación financiera, es decir, la diferencia entre la tasa promedio de los activos productivos del banco y su costo de fondos, se estrecha cada vez más y si a eso se agrega, el deterioro de la calidad crediticia explicado por la desaceleración e incluso recesión económica que se vislumbra en algunos sectores de actividad, obliga a tomar varias alternativas de defensa, entre ellas, la promoción de la innovación a lo interno de las organizaciones, como parte de la cultura empresarial motivando a todos los colaboradores a pensar en nuevas ideas y su implementación y paralelamente, ejecutar un plan agresivo y apasionado de lucha contra los gastos operativos del negocio, ya sea rediseñando los procesos; eliminando duplicidades; midiendo y mejorando la productividad por colaborador o bien, incorporando las nuevas tecnologías de información para digitalizar la empresa.

Por experiencia propia, poner en práctica estas medidas se ve recompensado no solo por la mejora significativa en el servicio al cliente, y por la atracción de las nuevas generaciones digitales, millennials o centennials; sino especialmente por la reducción en los costos operativos de brindar los servicios.

El cuadro # 1 presenta las utilidades acumuladas para el I semestre del 2019, en millones de dólares, antes de diferencial cambiario, impuestos y participaciones, pues es un mejor indicador de los resultados y ejecutoria del negocio.

Destaca sin duda la gran ventaja que BAC logra obtener por encima de todos sus competidores, incluyendo los bancos estatales que lo superan en tamaño de activos casi por el doble.

Se puede observar también en dicho gráfico, la importancia relativa que han tomado algunas Cooperativas de Ahorro y Crédito, que ya superaban a varios bancos privados en la generación de utilidades y que son definitivamente un competidor abierto más, muy diferente al concepto original de una organización cooperativa cerrada que solo brindaba sus servicios a mercados cautivos de sus afiliados en gremios específicos.

Si se trata de establecer una correlación entre los resultados obtenidos el primer semestre, con indicadores de eficiencia operativa, puede utilizarse el indicador clásico de eficiencia, que es comparar los gastos administrativos anualizados respecto al tamaño del activo promedio administrado por el Banco.

Este indicador suministra información relativa a qué porcentaje del activo total o recursos totales invertidos en el Banco, son dedicados a cubrir todos los gastos operativos por salarios, cargas sociales, alquileres, mercadeo, legales y todos los demás rubros de operación para gestionar el negocio.

Se concluye aparentemente que los bancos más ineficientes, según este indicador, son el Banco Popular, Scotiabank, Promérica y BAC en ese orden y por el contrario, los más eficientes, Citibank, Improsa, General y Davivienda.

Sin embargo, de acuerdo con mi experiencia, este indicador es engañoso pues no toma en cuenta la capacidad de generar ingresos, con dicha cantidad de activos, lo cual mide la eficacia de la organización en términos de rotación de sus inversiones.

Por eso, internacionalmente hoy hay consenso que el mejor índice de eficiencia operativa es el que relacionada los gastos operativos pero no con los activos, sino con los ingresos netos una vez que se han cubierto los gastos financieros, es decir, la suma del margen financiero bruto (ingresos financieros menos gastos financieros) más los ingresos por comisiones de servicios más otros ingresos de la actividad.

Si ese es el enfoque que se toma, para el I semestre del 2019, la eficiencia operativa del sistema financiero costarricense se presenta en el gráfico # 3, con la observación que en el caso de BAC, no se presentan las cifras del Banco sino del Conglomerado financiero, para evitar distorsiones que causan ingresos entre compañías registrados en el Banco:

En el caso de Citibank, los resultados no son comparativos con el resto de intermediarios pues su operativa no es de un banco comercial, sino que ahora se dedican más a actividades de intermediación bursátil, comprando y vendiendo títulos valores del gobierno, con lo cual sus gastos administrativos son mínimos.

En el caso de Coopecaja, sorprende con un indicador tan excelente, lo cual podría explicarse por dirigirse a un mercado de clientes cautivo y por tener retención automática de las cuotas de crédito en la fuente de salarios de sus deudores.

En el caso de BAC, muestra un excelente resultado al igual que Davivienda. No por casualidad, la primera entidad presenta la mejor rentabilidad sobre activos y patrimonio del sistema financiero, con la salvedad ya indicada de Citibank.

Si ahora se busca un benchmark internacional, para ambos indicadores de eficiencia, tanto gastos administrativos a activos o bien relacionados a los ingresos netos, se usa como referencia los gráficos # 4 y # 5.

A nivel de gastos administrativos a activos promedio, el Banco Popular se sigue viendo mal con el benchmark internacional. No así el BCR y el Banco Nacional que mejoran su posición de forma importante.

Los líderes en este indicador, son el HSBC a nivel global así como Banco Santander de España, ambos por el tamaño; presencia en varios países y el liderazgo en automatización y simplificación de procesos

Ahora bien, si la medición se hace con el indicador preciso que relaciona gastos e ingresos, llama la atención que los tres bancos públicos, tanto el BCR, Nacional y Popular, muestra la peor ejecutoria, con razones muy inferiores a los bancos colombianos; a la banca española o incluso al Banco Agrícola de El Salvador y Banco General de Panamá que lideran esta medición.

Creo que en general, la búsqueda de la eficiencia operativa no ha sido una de las prioridades de nuestras entidades del sector público, pero en una condición crítica de las finanzas públicas y en especial, para el caso de la banca, una competencia feroz y con márgenes decrecientes, de no mejorar en el corto plazo, la productividad y eficiencia, sin duda son entidades destinadas a desaparecer.

Además, si se realiza un análisis comparativo con la banca colombiana; española y los dos mejores bancos de América Central en este indicador, la diferencia en exceso de gasto administrativo anualizado en nuestros bancos del Estado, para el nivel de ingreso que generan, fluctúa entre $ 185 millones a $ 350 millones anuales, es decir, un ahorro potencial entre 0.3% al 0.5% del Producto Interno Bruto, cifra nada despreciable dentro de la necesidad de la ejecutoria de nuestras entidades del sector público.

Las tendencias hacia la digitalización; virtualización; automatización y simplificación de procesos; servicios cada vez más disponibles en la nube dada la proliferación de dispositivos móviles así como la creciente importancia de las generación millennials y centennials, hace imperativo que las Juntas Directivas de los Bancos del Estado así como el Poder Ejecutivo, estén apasionadamente exigiendo mejoras periódicas, en el indicador que se ha presentado en este artículo para medir la eficiencia en la operación de nuestras entidades bancarias del Estado.

 

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