Gerardo Corrales: La salud del sistema financiero en la crisis del COVID-19

La conclusión de todo este artículo es que el sistema financiero costarricense antes del Covid-19 se encontraba en una posición sólida y con la suficiente liquidez para hacerle frente a la pandemia y que con el apoyo de las autoridades del sector, se podrá lidiar con la crisis, pudiéndose ver la luz al final del túnel.

Gerardo Corrales Brenes, Economista, Economía Hoy.

06/05/2020. A principios de marzo cuando la pandemia empezaba a tener sus efectos económicos, varios ¨dis¨ que economistas y profesores universitarios, salieron a la opinión pública de forma irresponsable a presagiar la quiebra del sistema financiero costarricense.

Sinceramente nunca antes había visto como, de forma alocada y sin sustento técnico, personas sin ningún tipo de experiencia previa en materia bancaria, emitían juicios de valor poniendo en riesgo los ahorros de cientos de familias que han confiado sus esfuerzos de toda una vida en el sistema financiero.

Dada tanta ignorancia y deseos de destruir lo que tanto ha costado a la institucionalidad financiera de este país, así como la actuación responsable y transparente de los más destacados funcionarios que han estado al frente de los organismos reguladores, he decidido escribir estas líneas para explicar cómo técnicamente desde el año 2000, la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) y el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASSIF), han desarrollado una metodología con base en estándares internacionales, para juzgar objetivamente la situación económica financiera de las entidades fiscalizadas.

Dicha normativa se establece a través de un Reglamento, el cual está disponible al público en el sitio web de la SUGEF, conocido como el Acuerdo SUGEF 24-00 y que debería haber sido materia de lectura obligatoria para todo aquel que se atreva a emitir juicios u opiniones sobre la solvencia del sistema financiero.

Primero que todo, se entiende por el sistema financiero fiscalizado, el conjunto de entidades conformadas por dos bancos del Estado; once bancos privados; dos entidades especiales definidas por ley (Banhvi y Banco Popular); cinco empresas financieras no bancarias; quince cooperativas de ahorro y crédito y adicionalmente, dos mutuales y la Caja del Ande.

La metodología utilizada tiene como propósito calificar a los intermediarios y divulgar al público dicha evaluación por categorías o sectores, a fin de velar por la estabilidad, solvencia y eficiencia del sistema financiero.

Con dicho objetivo, se utiliza un método cuantitativo conocido como el CAMELS el cual pondera un 80% en la calificación total y el restante 20%, se distribuye en aspectos de evaluación cualitativa.

La idea es tener mediciones de los distintos niveles de riesgo a los que se exponen los intermediarios en su gestión, entre ellos:

  • Riesgo de Solvencia: medir el capital mínimo necesario para hacer frente a las pérdidas no cubiertas por las reservas o estimaciones que se hacen con dicho fin, para no dañar la base de los recursos que han sido aportados por los socios de la entidad
  • Riesgo de Liquidez: se cuantifica los activos fácilmente convertibles en efectivo para hacerle frente a los vencimientos de las obligaciones con el público y acreedores en el corto plazo
  • Riesgo de Crédito: se refiere a la exposición que se tienen a pérdidas por incumplimiento de los deudores de sus obligaciones con la entidad, básicamente por préstamos desembolsados
  • Riesgo Operacional: mide el riesgo de pérdidas por eventos relacionados con problemas de control; fraude; legales y de tecnologías de la información.

En el caso de la calificación cuantitativa o CAMELS, se utilizan razones financieras en distintos temas, como razones de CAPITAL; CALIDAD DE ACTIVOS; ADMINISTRACIÓN O GESTIÓN; UTILIDADES O RENDIMIENTOS; LIQUIDEZ Y SENSIBILIDAD.

Anteriormente, estos indicadores se publicaban en la página de la SUGEF de forma bimensual, pero a partir de febrero, el regulador con buen tino, decidió hacer públicos los indicadores mensualmente.

Para no detallar demasiado, procedo a realizar una selección de algunas de estas razones más relevantes.

En el caso del factor capital, aquí se usan dos indicadores que se muestran en el cuadro # 1, antes de la crisis del Covid en diciembre del 2019 y a marzo del 2020, cuando ya el Covid había iniciado.

La suficiencia patrimonial se refiere al nivel de capital o patrimonio mínimo de la entidad financiera para hacerle frente a los distintos activos o recursos sujetos a riesgo de incumplimiento de pago, donde se han colocado los fondos captados del público y el aporte de los socios. Este indicador debe ser al menos de un 10%.

Al analizar objetivamente el indicador de suficiencia, se observa que el sistema financiero, no importa el tipo de intermediario que sea, se encuentra en esas fechas, con una posición patrimonial sólida y aceptada internacionalmente.

El segundo indicador de capital, se refiere a la diferencia entre las pérdidas esperadas por cartera de crédito respecto a las estimaciones o reservas que se han hecho premeditadamente para mitigar las mismas, comparada esta diferencia con el patrimonio de la entidad. De esa manera, entre más negativo sea este indicador, mejor, pues se muestra una holgura de las reservas sobre las pérdidas esperadas.

Se concluye también, siendo que el mínimo regulatorio es menor a cero, que la mayoría de las categorías de intermediarios a marzo, no solo satisfacen dicho límite, sino que más bien comparado con diciembre, los intermediarios han incrementado sus reservas para incobrables, como debe ser en una gestión prudente, ante una crisis generalizada.

En lo referente a los indicadores de calidad de los activos, ver el cuadro # 2, se utiliza la morosidad de la cartera de crédito de más de 90 días incluyendo cobro judicial respecto al total de la cartera. De igual forma, se agregan dos indicadores más de morosidad, para aquellos que tienen más del 60% en cartera de crédito a empresas y aquellos que tienen más de 60% en cartera retail, detalle o para personas.

En la primera categoría califican entre otros,Citibank, BCT, Cathay, Improsa, Prival y Desyfin. En la segunda categoría, se incorporan algunos como Banco Popular, BAC, Scotiabank, Caja del Ande. El resto de entidades, caen en la categoría de cartera diversificada, entre ellos, Banco de Costa Rica, Nacional, General, Davivienda, Lafise y Promérica.

Cualquiera que sea el indicador de morosidad utilizado, se observa que se cumple con los niveles máximos permitidos y que no hay cambios fundamentales del mes de diciembre a marzo de este año.

La siguiente categoría es el indicador de eficiencia o gestión, donde se destaca en este artículo la razón de gastos administrativos por cada colón de utilidad bruta. Todos los intermediarios se encuentran lejos del máximo admitido y no hay cambios significativos en el primer trimestre de este año, según el cuadro # 3.

 

En cuanto a la categoría de rentabilidad sobre el patrimonio, ver cuadro # 4,se mide como la utilidad o pérdida trimestral respecto al mismo. Todos los intermediarios superan el mínimo requerido y se observa más bien una mejora en el trimestre. Lo anterior tranquiliza, pues quiere decir que hay margen para poder atender los gastos incrementales que se vienen con la crisis del Covid.

Uno de los elementos críticos en esta crisis, es la situación de liquidez, ver cuadro # 5 y para ello se presentan las razones de cobertura que miden la capacidad de atender el vencimiento de obligaciones de corto plazo, incluyendo la volatilidad de los saldos en cuentas corrientes o de ahorro, con las recuperaciones de cartera o vencimientos de inversiones. Ya sea en colones o en dólares, midiendo la liquidez a un mes plazo, se observa que hay holgura en todos los intermediarios y que las desmejoras del trimestre se mantienen dentro de los rangos aceptados.

En cuanto a los factores de sensibilidad, se mide entre otros, el riesgo de tasas de interés en colones y en dólares, que lo que hacen es comparar la relación de activos de la entidad respecto a los pasivos, ambos sensibles a cambios en las tasas de interés, ante un cambio máximo en las tasas de interés de referencia, que son la tasa básica pasiva en colones y la tasa libor a tres meses en dólares.

Lo que busca este indicador, es medir el grado de exposición ante cambios máximos en las tasas de interés.

El cuadro # 6 demuestra que en ambas fechas, hay bastante holgura en cuanto al nivel de sensibilidad a variaciones en las tasas de interés en colones y dólares, y el índice se encuentra holgado respecto al límite de volatilidad máximo del 5%.

Las razones indicadas y sus resultados se ponderan con diferentes pesos, para sacar un indicador de calificación cuantitativa, cuyo escala fluctúa entre 1, siendo la mejor nota y 4, la peor nota.

En el rango de calificación de 1 a 1.75, la entidad se encuentra en nivel de riesgo normal; de 1.76 a 2.50 se ubica en grado de irregularidad 1; de 2.51 a 3.25 en grado de irregularidad 2 y en nivel 3, grado de irregularidad 3.

Para cada uno de estos rangos de irregularidad, hay diferentes acciones de la Superintendencia, hasta llegar incluso a la intervención de la entidad financiera.

Como se puede observar del cuadro # 7, tanto en diciembre 2019 como en marzo 2020, ninguna categoría de intermediarios se encuentra en niveles de irregularidad.

En cuanto a la calificación cualitativa, periódicamente la SUGEF aplica cuestionarios a los intermediarios para medir factores de Planificación Estratégica (pesa 15%); Políticas y Procedimientos (pesa 15%); Administración de Personal (pesa 10%); Sistemas de Control (pesa 30%); Sistemas de Información Gerencial (pesa 15%) y Tecnología (pesa 15%).

La nota mínima para superar estas pruebas en cada categoría es del 85% y la escala de medición de la nota cualitativa es la misma que en el caso de la calificación cuantitativa. Véase el Cuadro # 8.

Al ponderar las calificaciones cualitativas y cuantitativas, se puede observar en el Cuadro # 9 que todas las categorías de intermediarios mantienen su calificación de riesgo normal prácticamente inalterada en las dos fechas de análisis.

Evidentemente en la incertidumbre e impacto de la crisis el Covid, estos indicadores hay que estarlos analizando mensualmente para determinar cómo está cambiando la situación financiera del sistema, pero también es cierto que las autoridades han estado flexibilizando las normas y permitiendo reestructuraciones y ajustes para los clientes personales y empresariales afectados por la pandemia, siempre con el objetivo de proteger la estabilidad del sistema.

La conclusión de todo este artículo es que el sistema financiero costarricense antes del Covid-19 se encontraba en una posición sólida y con la suficiente liquidez para hacerle frente a la pandemia y que con el apoyo de las autoridades del sector, se podrá lidiar con la crisis, pudiéndose ver la luz al final del túnel.

Los que de manera arbitraria e irresponsable salieron a anunciar el fin del mundo, deben recordar la frase de Harvey Mackay: ¨ cuando te despiertas cada día, tienes dos opciones. Puedes ser positivo o negativo; optimista o pesimista. Yo decido ser optimista. Es todo una cuestión de perspectiva.¨ Y yo le agregaría, en esta pandemia, de este tipo de gente pesimista, ALÉJAME SEÑOR.

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