German Retana.

¡«¡Pasamos por momentos difíciles: nadie creía en nosotros!», aseguran los jugadores. «¡Hubo mucho sacrificio, pero nos convertirnos en una familia y por eso en campeones!», agrega su capitán. Expresiones afines se escuchan de los miembros del equipo ganador de un campeonato. ¿Qué sucede dentro de estos conjuntos?, ¿cuál es su fórmula?, ¿cómo es que llegan a sus metas?

Tengo fresca mi experiencia de formar parte del cuerpo técnico de equipos de fútbol ganadores: de campeones nacionales, centroamericanos y de Concacaf, así como de selecciones mayores y olímpica. Revisemos lecciones que pueden ser replicables en las empresas.

Creer en el estratega. Los jugadores, en especial los líderes, valoran a los técnicos que enseñan a ganar, a los que, de manera creciente, contribuyen a elevar su nivel de desempeño. Eso sí, es clave la confianza que depositen en la capacidad de su director para analizar y plantear estrategias, para convertir los errores y los resultados fallidos en experiencias de aprendizaje. Si el error no enseña, es un error.

Aprendizaje. «Es iluso esperar resultados diferentes haciendo siempre lo mismo», reza la conocida frase. El espíritu autocrítico es conducente a la mejora. Así, cuando «perdíamos», dolía tanto que invertíamos horas en procesar lo sucedido y en replantear lo necesario: ¡crecimiento!

ADN ganador. Toma tiempo e implica un arduo trabajo psicológico, pero el desarrollo de una mentalidad resiliente, positiva y cimentada en los valores del colectivo marca una diferencia. Ponerse la camiseta es una cosa, sentirla y «tatuársela» en el alma es otra. Los salarios e incentivos no crean brechas entre sus jugadores: el poder del ADN es superior a sus discordancias.

Ser equipo. Honrar el código de camerino, nutrir la cohesión, disfrutar el camino y un alto sentido de pertenencia trasciende el discurso. Especialmente si hay «famosos» y novatos en el camerino: cuando unos son «más iguales» que otros, la «unión» no sería por soldadura, sino por alfileres.

Alineamiento. Cada jugador es una «marca», es normal que se esmeren en sacarle brillo. Pero se necesita un equipo para hacer un campeón. En estos, si bien las metas individuales y colectivas concuerdan, se prioriza en las segundas. Eso diferencia a los «grupos» de los verdaderos equipos.

Trabajo duro. He colaborado con más de doce técnicos. Los más exitosos han sido los que más horas de entrenamiento inteligente, minucioso y productivo han invertido en mejorar. Ahora bien, este nivel de exigencia no siempre es bien recibido por jugadores «líderes», acostumbrados a residir en sus zonas de confort junto a unos técnicos que no «sufren» las derrotas: ¡pequeñez!

Cuerpo técnico consecuente. El riesgo de contar con unos asistentes «amigos» e incondicionales es que se diluya la crítica mutua, la objetividad al evaluar y el aprendizaje «doloroso». Disimular o crear historias plenas de excusas impide corregir, por ejemplo, las atribuidas a unos resultados adversos. Por fortuna, la mayoría de esos doce técnicos eran exigentes, humildes, receptivos…

¿Cuáles de estas lecciones son aplicables a usted como líder o a su equipo en la empresa?

German Retana

Por German Retana

El autor es Consultor del programas de gerencia con liderazgo, desarrollo organizacional hacia el alto desempeño, coaching a equipos de alta gerencia del INCAE Business School, institución académica de la cual es Profesor Emérito.