German Retana: Peldaños hacia el objetivo

Estoy de cumpleaños. Seguramente, en una ocasión así, usted también suele reflexionar sobre sus propósitos y anhelos, asimismo, sobre los peldaños que debe subir y la energía que requiere para no cesar en su empeño.

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German Retana.

Tener anhelos es sencillo, conseguirlos no lo es tanto, y el afán de lograr un anhelo puede ser tan o más importante que el resultado mismo. Así, hay cuatro ineludibles escalones en el camino hacia la consecución de una gran meta: querer, creer, darse, recibir. Veamos qué implican…

Querer. «Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con qué pasará, otras hacen que suceda», asegura Michael Jordan. La potencia de una aspiración hace que los desafíos para alcanzarla parezcan pequeños, superables. La fuerza de un genuino deseo sobrepasa cualquier tipo de barreras, une las voluntades de quienes comparten una visión y un propósito común.

Cuando se quiere a medias, también se trabaja a medias. La toma de decisiones infundadas contradice el discurso y boicotea el objetivo; ineludiblemente, la desviación del camino debilita los argumentos. Los intereses personales menos relevantes, hasta ahora maquillados, palidecen.

Creer. Tanto si crees que puedes como si crees que no, tienes razón, advirtió Henry Ford. Es determinante la confianza en las capacidades propias y en las del equipo, basarse en evidencias, no en suposiciones. «Es difícil vencer a rivales que se la creen», decimos en el deporte competitivo. «No hay que ver para creer, sino creer para ver», nos recuerdan los inclaudicables.

Las personas que creen en sí mismas, poco a poco, cautivan la confianza de otras. En un equipo, deponen los celos y cualquier otra conducta que merme la confianza en el talento propio y en el de sus compañeros. Son leales, hablan de frente: esclarecen las dudas con diálogo trasparente.

Darse. No basta con dar. Compartir un fin elevado implica aportar esfuerzos varios y creatividad para superar los obstáculos, para soltar lo que impida volar alto: la misión es perdurar. Si solo damos, visualizamos los resultados; en cambio, si «nos damos», transformamos entornos, derribamos el muro de la mediocridad, descubrimos otra cosa que el constante repetir de lo igual.

Darse solo es posible si aquietamos nuestro ego, que reclama reconocimientos, visibilidad y poder. Darse es sinónimo de tener humildad para ceder y adaptarse, para levantarse cuando ha dolido caer. Es una cualidad de los que lo intentan sin rendirse, de los que se dieron una vez más…

Recibir. Según Thomas A. Edison, «Muchos de los fracasos de vida son de gente que no se dio cuenta de lo cerca que estaba del éxito cuando se rindió». ¿Cómo espera cosechar quien no ha sembrado? Querer y tener fe no garantizan la ausencia de obstáculos, pero sí el éxito… si es que perseveramos. La perseverancia premia, no traiciona; pone a prueba la paciencia, no la agota.

Las injusticias existen, los boicoteadores también. Las malas intenciones se dejan ver por doquier. Puede que a alguien lo confunda un poco ese «no recibir» pese al querer, al creer y al darse. Es decir, lo recibido no siempre es lo justo, pero eso no condiciona ni apaga la llama de la esperanza.

Si bien una caída suele ser antesala de un éxito mayor, Gandhi instruía que «Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo, no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa».

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