¿Cuánta fluidez existe en la comunicación en su equipo de trabajo? ¿Qué ajustes haría para mejorar tanto los resultados como la calidad del ambiente laboral?

German Retana.

“Si quieres que las cosas no se hagan, envía un mensaje de correo; si quieres que se hagan, sal de tu oficina y ve a hablar con la persona”. Esta es la clara consigna en una empresa que valora la agilidad, la cooperación interna y una excelente experiencia para sus clientes.

La espontaneidad y la inmediatez de las interacciones presenciales facilita diálogos donde no solo se abordan temas, sino que también se interpretan emociones expresadas mediante el lenguaje no verbal. El contacto cara a cara intensifica la fluidez en negociaciones, solución de conflictos, coordinación y retroalimentación inmediata.

Aunque el teletrabajo ofrece ventajas probadas, como calidad de vida, la reducción de costos y la flexibilidad individual, mal gestionado puede afectar el sentido de pertenencia y la integración de los equipos. El aislamiento humano, la descoordinación laboral y el limitado compañerismo son riesgos que no deben ser subestimados.

El intercambio de expectativas de apoyo, la rectificación de conductas y la empatía en las relaciones tienden a reducirse en el trabajo remoto. ¿Cuántas situaciones improductivas en su empresa están a una conversación directa y profunda de distancia para transformarse?

En modo similar, el riesgo de la comunicación escrita excesiva y a veces improductiva es que los equipos pierdan la dinámica del sano debate. Sin embargo, estar físicamente en la oficina no es sinónimo de fluidez, procesos expeditos y cohesión interna.

¿De qué vale atrincherarse en una oficina a enviar mensajes de correo sin interactuar con los colegas para pactar decisiones, tomar un café, compartir y conocerse mejor? Las conversaciones cotidianas y efectivas reducen la cantidad y duración de reuniones.

Los líderes de equipos ágiles, orientados a resultados extraordinarios y crecientes son facilitadores de conversaciones difíciles pero necesarias. Ajustan adecuadamente las modalidades de trabajo al propósito y a los valores de la empresa, catalizando la empatía, la confianza y la comprensión de las particularidades de cada colaborador.

Es recomendable que, al menos una vez al año, los equipos hagan una pausa para evaluar y ajustar su modalidad de interacción, ya sea virtual, presencial o mixta. Este momento es crucial también para equilibrar y convenir el uso de la comunicación escrita y verbal.

La profundidad de la conexión humana fortalece el “ADN” de una organización, su bienestar laboral y el compromiso con los resultados. Vigoriza su cultura, o sea, la “alfombra sobre la que camina la estrategia”.

Cuando el aprendizaje, la innovación y las decisiones cruciales surgen de conversaciones intensas pero gratas, de la inteligencia en el uso de datos y de la fuerza emocional del equipo para trascender, sus miembros ratifican su compromiso: escribir menos y dialogar más.

German Retana

Por German Retana

El autor es Consultor del programas de gerencia con liderazgo, desarrollo organizacional hacia el alto desempeño, coaching a equipos de alta gerencia del INCAE Business School, institución académica de la cual es Profesor Emérito.