Gloria Bejarano: La busqueda de la Verdad

Me pregunto, ¿tiene sentido confiar en que la información que se publica en redes es fidedigna tan solo porque muchos la repiten?

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Gloria Bejarano Almada.

 

Mi columna de La Extra. La búsqueda de la Verdad es esencial en tiempos en los que hemos dejado de confiar y estamos prestos hacer señalamientos, comprometernos con la Verdad es una necesidad en tiempos de crisis para poder volver a creer.

Compromiso con la Verdad

A veces me pregunto si la búsqueda de la Verdad ha ido perdiendo terreno, pues hoy muchos se conforman con recibir información y darla por cierta, entiendo que es más fácil reproducirla sin filtro o tamiz que tomarse la molestia de verificar los datos e investigar si lo que repito tiene visos de ser verdad.

Se ha dicho que tener información da poder y hoy, las redes y los medios de comunicación facilitan ese empoderamiento cuando ponen al alcance de los usuarios toda clase de información y dan acceso al conocimiento como nunca en la historia de la humanidad. Ya no hay necesidad de ir a una biblioteca para investigar o informarse sobre un tema con los expertos: Google lo tiene todo y sin embargo, cada vez tenemos una sociedad menos informada y pensante, con personas que replican información que no le consta, a las cuales no le preocupa la veracidad de lo que repiten o el daño que puedan causar, pues recordemos que no todo lo que se publica es confiable.

 

Poseer información, sea cierta o no, puede dar una falsa sensación de poder, que se acrecienta cuando se sabe que al reproducirla puede crear morbo, producir dolor, generar conflicto, admiración … o simplemente servir a los intereses de quien genera la publicación. Y creámoslo o no hay quienes se aprovechan de este recurso y de la ingenuidad de quienes de buena fe dan un “like” o un “re tweet”.

 

El peligro que enfrentamos es que cualquiera, literalmente cualquiera que tenga acceso a las redes puede canalizar sus frustraciones, envidias, fracasos o intereses, haciendo señalamientos y afirmaciones que en muchas oportunidades no pasan de ser rumores, chismes o aseveraciones sin fundamento, que acaban por ser “validados” gracias a que son reproducidos masivamente sin que nadie se detenga a verificar su origen, la fuente o la intención con que fue publicada.

Existe una creciente tendencia a dar más credibilidad a un “post” anónimo que a una prueba, una declaración fundamentada o una investigación científica… y es con esa “información” que se forman criterios sobre la realidad nacional, sobre las actuaciones de los Poderes de la República, sobre el día a día, sobre la pandemia, el Covid, las vacunas y las mascarillas, sobre la economía, la política, la religión, las personas… Las posibilidades para manipular a los usuarios son infinitas y los intereses que se mueven en las redes escapan a nuestra imaginación.

Me pregunto, ¿tiene sentido confiar en que la información que se publica en redes es fidedigna tan solo porque muchos la repiten? Entiendo que estemos cansados de tanta mentira y deseosos de creer en fuentes alternas, pero tengamos cuidado en quien depositamos nuestra confianza y preguntemos antes de reproducir algo ¿a quién le interesa que la “información” que me mandan sea divulgada? ¿A quién le sirve que, con mi nombre, valide determinado post? ¿A quién se puede responsabilizar en caso de una demanda por calumnias e injurias?

Como ciudadanos tenemos el derecho a exigir la Verdad, pero también tenemos el deber de actuar acorde a los mismos principios éticos que demandamos en otros. Cuando por indolencia, comodidad, enojo, ignorancias o cualquier otro tipo de excusa permitimos que la Verdad se vea menoscabada estamos siendo cómplices del deterioro moral de nuestro país.

Independientemente de si existe una manipulación o una conspiración en las redes, lo que importa es saber si en realidad estamos comprometidos con la Verdad; si tenemos el interés y el valor de buscar y aceptar la Verdad, aunque nos sea incomoda o dolorosa. Más importante aún, si creemos que la Verdad sigue siendo uno de los valores fundamentales sobre el cuales se construye una sociedad sana, justa y honesta.


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