Gloria Bejarano: Sepamos ser libres no siervos menguados, derecho sagrado la Patria nos da…

El ejercicio de la libertad, por su parte, no es una patente de corso para hacer lo que nos viene en gana, es un derecho fundamental que conlleva grandes compromisos y exige de nosotros un comportamiento responsable que no vulnere los derechos de los demás o atente contra la democracia. 

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Gloria Bejarano Almada.

Sabias palabras de los antepasados que con reserva recibieron la noticia sobre la independencia de Costa Rica.  Recordemos que en su momento la independencia de nuestro territorio del Imperio Español llegó en forma inesperada, como una consecuencia de las luchas emprendidas en las naciones del norte y para la cual tal vez no estábamos preparados.
Los habitantes de esta remota provincia tomaron la noticia con cautela esperando que se aclararan los nublados del día y lejos de actuar en forma impulsiva, con celebraciones y fiestas, actuaron con prudencia, algunos pensarán que fue temor, prefiero pensar que quienes gobernaban entendían perfectamente la grave responsabilidad que conllevaría ser libres, decidir el destino de todo un pueblo y gobernar.
Sea cual haya sido la razón, pesó más el amor a la libertad que cualquier otra consideración y lo cierto es que desde entonces los costarricenses eligieron ser libres e independientes y optaron por construir un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Así nació nuestra democracia bicentenaria que, si bien no ha estado exenta de obstáculos, yerros y tropiezos, ha tenido logros importantes que nos ubican como una de las democracias más sólidas y fuertes de América.
A lo largo de estos dos siglos hemos aprendido muchas lecciones, además de ser libres, como ser solidarios, pacíficos y hacer de la justicia social y el bien común los pilares sobre los cuales levantamos una gran nación.  Aprendimos que para ser verdaderamente libres debíamos romper con las cadenas de la ignorancia y por ello declaramos la educación gratuita y obligatoria y años más tarde pusimos la educación superior al alcance de todos.
Las lecciones no llegaron todas de golpe, fuimos aprendiendo a través de los años de la mano de nuestros líderes.  Las enseñanzas aprendidas se concretaron en leyes e instituciones creadas por nuestros gobernantes, hombres y mujeres visionarios que fueron capaces de incorporar un Capítulo de Garantías Sociales sin derramar una sola gota de sangre, de garantizar el derecho al trabajo en condiciones justas con un Código de Trabajo, de eliminar el ejército o hacer del cuido a la naturaleza un compromiso.  Logros alcanzados en el ejercicio libre de la voluntad de un pueblo que ha sabido acoger aquellas iniciativas que los inspiran y los representan.
Hoy, siguiendo la sabia recomendación de nuestros antepasados, tenemos que seguir aprendiendo a ser libres y que nuestras decisiones no serán producto de la presión, la necesidad o la manipulación.  Nuestra decisión de vivir en libertad y en democracia, al igual que en el pasado, tiene que ser una decisión pensada, consciente de la responsabilidad que conlleva ser libre y el compromiso que significa defender nuestra democracia en contra de las amenazas que, desde siempre han existido y que hoy se valen de la desinformación, las teorías de conspiración y la manipulación mediática para minar la fe y confianza del pueblo en sus instituciones y el sistema.
El ejercicio de la libertad, por su parte, no es una patente de corso para hacer lo que nos viene en gana, es un derecho fundamental que conlleva grandes compromisos y exige de nosotros un comportamiento responsable que no vulnere los derechos de los demás o atente contra la democracia.
Por más de dos siglos hemos vivido en libertad y asumimos que este derecho seguirá siendo parte de nuestra forma de vida sin siquiera cuestionarnos la fragilidad sobre la cual descansan la paz, la libertad y la vida en democracia, aquí y el mundo.  Damos por sentado que, así como nos llegó la independencia, así seguiremos disfrutado de sus beneficios, sin percatarnos que estamos viviendo un momento en la historia en la que esa fragilidad ha quedado expuesta y que no hay pueblo que esté exento de amenazas, internas o externas, que nacen de la ambición, de los problemas derivados de la injusticia, de la pobreza o la desigualdad.
En la celebración de nuestra independencia, recordemos que esa democracia en la que ejercemos nuestra libertad se construye todos los días y nosotros somos los constructores.   Que no se trata solo de celebrar, lanzar las banderas al viento y encender faroles, que hoy más que nunca escuchemos las voces de nuestros antepasados y sepamos ser libres ejerciendo nuestra libertad con sabiduría, informándonos mejor para tomar mejores decisiones, respetando nuestra historia y buscando la unidad de los costarricenses para enfrentar juntos y en armonía los retos que conlleva el ejercicio de nuestra libertad.
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