Gloria Bejarano: Culpar al pasado como estrategia

Cuando se insiste en culpar al pasado de los errores del presente y se menosprecia el trabajo que un presidente debe realizar subestimando las capacidades, la preparación y la experiencia que se requieren para gobernar, se hace un flaco favor a la democracia y nos condena a seguir cometiendo los mismos errores.

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Gloria Bejarano Almada.

Desde hace ya varios años el populismo ha logrado instalarse con fuerza en nuestra región, con idéntico discurso desacreditan a sus adversarios, se alzan como impolutos y como estrategia invitan a desconocer el legado histórico y los logros del pasado.
Una vez en el poder han hecho gala de su ineptitud y de su menosprecio por la experiencia, logrando con ello que la pobreza crezca, que la economía sucumba, que la corrupción llegue a niveles nunca vistos. Con habilidad han logrado que, en la mente de los pueblos, la capacidad política y la trayectoria sean sinónimo de corrupción e impericia.

Insisten en afirmar que lo hecho en pasado y quienes lo construyeron están mal y hay que remplazarlos, no importa con qué, por qué o por quién, simplemente hay que borrar el pasado y con ello la memoria de un pueblo, su orgullo, sus luchas, sus logros y su unidad. Una buena estrategia para minar la credibilidad de cualquiera que se les oponga y, bajo la consigna de que “todos son iguales”, pueden seguir excusando sus errores o postulando improvisados e inexpertos, que pueden ser buenas personas, incluso populares, algunos hasta con buenas intenciones, pero sin capacidad real para llevar a cabo la tarea más difícil y demandante: gobernar un país.

Llamemos las cosas por su nombre, la función pública no es sencilla, no es una empresa, aunque se pueden aplicar algunos principios, no es una ONG, aunque puedan compartir ideales, no es una iglesia, aunque sus valores se asemejen, no es un aula donde la teoría no pasa de ser teoría, ni un banco, ni un negocio. El gobierno es una entidad administrativa esencialmente de orden político donde se necesitan persona con capacidad política para poder gobernar, personas con experiencia en el manejo de la cosa pública, que entiendan la relación entre poderes, que conozcan el funcionamiento de las distintas entidades que conforman el Estado y cómo estas inciden en el sector privado, la producción, la educación, la sociedad y su desarrollo en general. Para llegar a gobernar es necesario contar con el respaldo y la confianza del pueblo en las elecciones, pero para gobernar con éxito es fundamental estar preparado y contar con un equipo de trabajo que aporte experiencia, conocimiento y que además tengan la estatura moral para aconsejar, guiar y hasta corregir el camino emprendido por un gobierno.

En estos doscientos años nuestros gobernantes, políticos versados, han cometido errores, unos más que otros, como también unos más que otros han dejado una huella indeleble en la historia patria. Reconocer su legado no es disculpar u obviar sus errores, como algunos pretenden hacer creer, por el contrario, es poder aprender de su experiencia, de sus yerros como también de sus aciertos. Si somos capaces de poner en una balanza lo que hemos logrado avanzar y lo que nos falta por hacer, tenemos un punto de partida para seguir construyendo un mejor país.

Es responsabilidad de cada ciudadano informarse correctamente, analizar la actual coyuntura y exigir de los aspirantes a cargos públicos liderazgo, capacidad, conocimiento, experiencia y honestidad desde el momento de presentar sus credenciales y atestados ante un electorado que se encuentra desilusionado, escéptico y confundido por una estrategia que lo lleva a desconfiar y dudar sobre el legado mismo que ha nos ha permitido gozar de libertad, de derechos fundamentales, de salud, de vivienda, de educación, de trabajo, independencia y democracia.

Buscar culpables en el pasado para justificar los errores del presente, así como generalizar los señalamientos en un intento de “empatar” o justificar las propias faltas solo contribuye a crear una mayor apatía, división y una pérdida de fe y confianza en nuestra democracia. La pregunta que debemos hacernos es, ¿quién gana con esta estrategia?

 

Publicado en Extra


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