Gonzalo Rodríguez: Calificaciones de riesgo de la deuda de Costa Rica

Nuestras autoridades de gobierno en materia económica, son a veces más papistas que el Papa.

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Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta,

Es un hecho que las condiciones paupérrimas de las finanzas públicas del país, da pie a que las calificadoras internacionales de riesgo, bajen el nivel de calificación de Costa Rica. No obstante, es importante que los costarricenses reflexionemos, sobre nuestro futuro, al margen de calificaciones de riesgo. Probablemente, de no presentarse la emergencia sanitaria, los resultados del plan fiscal, altamente injusto con las mayorías más vulnerables de este país, habría permitido al país gozar de calificaciones BB- o de BB, en grado de inversión no especulativa.

Obviamente el objetivo fundamental de nuestras autoridades de gobierno debe ser buscar el bienestar de las mayorías y no tener como fin, calificaciones de deuda de país de primer mundo.

Las calificadoras de riesgo, analizan los resultados de las finanzas de un país y no entran a detallar como se consiguió dicho resultado, ni tampoco, tal cosa se constituye en parámetro o variable que intervenga en el análisis. Es decir, a Moody’s le interesa cerciorarse de que el déficit fiscal tuvo una disminución, lo cual favorece el cumplimiento del país, con el servicio de la deuda y hasta ahí. Poco les importa saber si tal resultado positivo se logró, a base de condenar y enrumbar a las clases más desprotegidas a la miseria y el hambre. Por ejemplo, es un hecho que la mayoría de países que en este momento enfrentan la emergencia sanitaria, van a experimentar déficits financieros, o en el mejor de los casos no los experimentan, pero tendrán que destinar sumas enormes para ayuda médica y social. Estos son elementos que una calificación de riesgo debería sopesar.

Así las cosas, en nada se diferencia lo que sucede internamente con las tasas de usura, a lo que sucede externamente con las primas de riesgo, en las obligaciones de deuda. Se realiza una vergonzosa transferencia de fondos de las clases más desposeídas a los agentes económicos de gran poder y riqueza. En el ámbito internacional, los países desarrollados gozan de financiamiento a tasas sumamente favorables, gracias a los altos costos del financiamiento de los países pobres. Se trata de un círculo vicioso que nunca acabará, porque es un hecho que los países pobres tendrán generalmente déficits públicos recurrentes y en más de una ocasión, se verán en problemas, para cumplir con sus obligaciones financieras.

Tan solo hay que observar cuales países están con calificaciones de deuda a partir de BBB para arriba. En general, se trata de economías desarrolladas y algunas llamadas emergentes y la mayoría de países pobres, tendrán para toda su vida calificaciones de BB- para abajo, con muy contadas excepciones.

En lugar de estar preocupándonos por calificaciones de riesgo, debiéramos hacer valientemente esfuerzos por darle solución a una serie de problemas estructurales que nos aquejan desde hace décadas. Una reforma al Sector Público y una verdadera reforma tributaria, cuyo principio rector sea la justicia distributiva.

La misma racionalidad debemos otorgar a esa pretensión de pertenecer a la OCDE. Dicha pretensión, la comparo con el deseo de un costarricense de escasos recursos, que hace un préstamo para afiliarse y hacerse socio del Club Unión. Que nos importa la OCDE. Arreglemos nuestras grandes y viejas debilidades estructurales y luego veremos si conviene o no pertenecer a esa organización. Que gran cosa, estar vociferando que somos el primer país de Centro América en formar parte de la OCDE. ¿A quién queremos impresionar? Seguramente a nosotros mismos.

Estas calificaciones de deuda (bajas) nos presenta la posibilidad y oportunidad de ser creativos e innovadores. Por qué en lugar de contratar préstamos, no utilizamos responsablemente una porción de las reservas internaciones del país, custodiadas por el Banco Central. Actualmente hay un monto de 8.530 millones de dólares. Con la mitad de esa cantidad se cubren tres meses de importaciones. Se prefiere pagar caprichosas tasas internacionales de interés a solicitarle a modo de préstamo esos fondos al Banco Central. Hay que abandonar esa arrogancia intelectual que exhiben algunos economistas monetaristas, que se sienten orgullosísimos de tener al país con inflaciones del 2%, pero se desentienden de una tasa de desempleo del 13% y caídas estrepitosas del crecimiento económico. Ahora en el contexto de la pandemia y con las proyecciones de aumento del desempleo, de la pobreza y de la pobreza extrema que ya ha estimado la CEPAL para este año 2020, solo me pregunto: Qué decisiones van tomar estos sabios que tenemos en el Banco Central, ministerio de hacienda, ministerio de economía y planificación? Mi predicción es que van a salir corriendo a esconderse.

Concuerdo con lo expresado por el ministro de la presidencia, el Lic. Prieto, en el sentido de que las calificadoras de riesgo, no les van a dar de comer a la gente. No obstante, es necesario completar la frase: busquemos alternativas para dar de comer a la gente.

La participación activa y comprometida del Banco Central, así como una iniciativa que busque disminuir las tasas de interés en colones que se pagan los bonos de deuda interna, aliviaría, la presión del gobierno por mayores ingresos para su financiamiento. Estas tasas se mantuvieron en un promedio de 7.7% en el 2019 y se mantienen igualmente altas en los primeros meses de 2020.

Aquí también es importante reflexionar sobre una transferencia de ingresos de las clases más pobres, hacia clases más pudientes. Pensemos sobre quienes pueden comprar bonos del gobierno, se trata de gente de ingresos medios y altos. Para que el gobierno pueda cumplir con estas obligaciones, necesita aumentar impuestos como el IVA o aumentar la base tributaria, etc. Aun cuando los compradores de bonos deben pagar un impuesto a la renta financiera y también el IVA, siempre hay un elemento de desigualdad que juega en contra de las clases de ingresos más bajos.  Los impuestos que pagan esas clases pobres, están de alguna forma, ayudando al gobierno a pagar esas altas tasas.

Nuestras autoridades de gobierno en materia económica, son a veces más papistas que el Papa. Recordemos la crisis del 2008. Ante la quiebra de importantes bancos, financieras, aseguradoras, empresas, etc. no hubo problema para que los Estados Unidos desembolsaran alrededor de 800.000 millones de dólares, par salvar a estas entidades y al mismo tiempo evitar una posible depresión económica. Los Estados Unidos siguió teniendo inflaciones bajas, a pesar de esta monetización. Ahí murieron todos los monetaristas y se dio la consecuente resurrección de Keynes.

Por último, un comentario acerca de lo que opinaba un reconocido economista que ha trabajado toda su vida en la banca (privada). Se refería al hecho de que, hace un tiempo, un banco internacional le recomendaba a sus clientes, vender títulos de deuda soberana de Costa Rica y comprar títulos de El Salvador, esto aun cuando Costa Rica tenía una mejor calificación de deuda, BB- y el Salvador CCC+. Según el economista, esto podría ser un indicio de que ya algunos inversionistas internacionales no creen en la calificación actual de nuestro país y estén anticipando un downgrade que se llama o reclasificación severa, de casi tres niveles.

Para algún despistado, esto podría ser indicio, también de que los inversionistas toman en cuenta otras consideraciones adicionales para decidir sobre sus inversiones. En todo esto juegan muchos y muy poderosos intereses económicos y financieros. De otra forma, habría suficientes razones para desconfiar de las calificadoras de riesgo.

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