Gonzalo Rodríguez: De las estructuras partidiarias a las personas idóneas

¿Quién es el responsable de que todas estas garantías y derechos se materialicen? No es otro que un Estado fuerte, eficiente, efectivo, administrado responsablemente y regulador del mercado. ¿Como lleva a cabo el Estado esta tarea? Mediante las políticas públicas, tales como la política tributaria, fiscal, educativa, etc. Un Estado equilibrado, que no defienda intereses particulares y apunte hacia el bienestar de las mayorías.

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Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta.

En estas épocas de agitación electoral, y dada la corrupción implícita que exhiben los partidos políticos — en su totalidad –, las frases más escuchadas, suelen ser, acerca de la necesidad de formación de nuevos partidos, que logren aglutinar, la gran masa de descontento electoral, la cual, se dice que ronda el 80% del padrón electoral.

Menuda preocupación para una democracia bicentenaria, cuyos gobiernos sean electos tan solo por el 20% del electorado. De más está añadir que esta condición, es un caldo de cultivo para el establecimiento de dictaduras y extremismos tanto de derecha como de izquierda.

No obstante, hay una pregunta que es menester hacerse: ¿De dónde provendrían tanto los líderes en la formación de nuevos partidos, como la estructura base de los mismos? La respuesta no puede ser otra que, de los partidos políticos que han existido tradicionalmente.

Lo anterior, nos lleva a otra pregunta inevitable: ¿Qué diferencia, sentido y lógica política, hace y tiene la formación de nuevos movimientos políticos? Ninguna.

¿Cuál es entonces, la verdadera preocupación de una ciudadanía patriota y preocupada por los destinos de su país? Escoger a los mejores hombres y mujeres, ya sea en nuevos partidos o en los mismos existentes. ¿Como debemos escoger? o Qué criterios debemos sopesar para una de decisión acertada? 1) Lo primero es la calidad de la persona, su probidad, sus valores, sus actitudes y comportamiento a través de su vida. 2) Quien se postula a regir y presidir los destinos de una nación, debe exhibir algunas capacidades profesionales e intelectuales que medianamente lo califique para tal investidura. 3) Su pensamiento político ideológico. Este último sin ambages y ambigüedades. Lo primero que hay que entender es que todos estamos sujetos a la interpelación ideológica. Es una condición ineludible de la identidad del sujeto. Quienes dicen estar fuera de ella, son los que más adentro están.

¿Qué debemos hacer acerca del pensamiento ideológico?  Tomar partido, no quedarse viendo los toros desde la barrera, ni tampoco, estar hoy aquí y mañana allá, buscando el árbol que mejor sombra nos dé. Ser consecuentes.

Y, como debo predicar con el ejemplo. Voy a tomar partido. No creo en las actividades económicas que propician la concentración de la riqueza en pocas manos. Creo que tanto el empresario, dueño de los medios de producción como los trabajadores, crean el valor económico y por lo tanto, la distribución del producto debe ser lo más justa posible. No albergo la pretensión de que absolutamente todos sean propietarios, lo que, no es obstáculo para que los trabajadores gocen de un salario justo, seguro de salud, educación, ocio y por que no; oportunidades de movilidad y progreso socio-económico.

¿Quién es el responsable de que todas estas garantías y derechos se materialicen? No es otro que un Estado fuerte, eficiente, efectivo, administrado responsablemente y regulador del mercado. ¿Como lleva a cabo el Estado esta tarea? Mediante las políticas públicas, tales como la política tributaria, fiscal, educativa, etc. Un Estado equilibrado, que no defienda intereses particulares y apunte hacia el bienestar de las mayorías.

De ahí que no se justifica que las actividades productivas más rentables, sean permisivamente, quienes no quieren hacer su aporte con el pago de impuestos de renta. Es totalmente inaceptable que las grandes corporaciones que producen en este país, declaren cero utilidades o pérdidas contables con tal de no hacer su contribución al fisco.

¿De donde salen los fondos para construir carreteras, puertos, aeropuertos, universidades, hospitales, servicios públicos, etc.? ¿No son estas obras y sus externalidades positivas para toda la sociedad, el fin último de una nación?

A mi juicio, cuando se hace la pregunta: ¿Desde cuándo nos jodimos los costarricenses? Desde la década de los ochenta del siglo pasado, con las pésimas negociaciones de los tratados de comercio, con el regalo de nuestros recursos a inversionistas extranjeros que lo único que piden es, buenos servicios públicos, mano de obra capacitada y calificada, seguridad jurídica, etc. Y nosotros le regalamos hasta la abuela. Nos jodimos cuando malinterpretamos el crecimiento económico y lo tomamos como sinónimo de desarrollo socio-económico. ´

Volvamos a un modelo de desarrollo criollo, en donde, el sector privado, el sector público y sobre todo el sector externo, sean medios y no fines en sí mismos.

En febrero del 2022, escojamos lo que, a partir de nuestra conciencia, consideramos mejor para Costa Rica. Repito, entre las personas que se presentan al escrutinio del electorado.

Todo esto, mientras a algunos ilustrados que tenemos en este país, se les ocurre proponer una reforma a nuestro sistema electoral, que permita la inscripción de candidaturas para todo tipo de puesto político, sin la necesidad ineludible de pertenecer o formar un partido político. Y talvez, algún día tendremos un poder judicial probo e independiente y un congreso, que sea verdaderamente el representante de los ciudadanos.


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