Gonzalo Rodríguez: El efecto bola de nieve de la deuda publica

Todo parece indicar que el nivel de deuda sobrepasará el 60% del PIB, a finales del 2020. Si bien, ya se está hablando de la posible venta de activos del estado para la contención de la misma, tal iniciativa no parece ser una alternativa de mucho optimismo

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Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta,
Para comenzar una frase lapidaria: el objetivo de reducción de la deuda pública es prácticamente inalcanzable, en un escenario de bajo crecimiento económico y de altas tasas de interés.

¿Cuáles son los conceptos centrales que se deben tener en cuenta, en un análisis de la sostenibilidad de la deuda pública?

  • El nivel de deuda en un momento dado
  • La tasa de interés que se paga por el endeudamiento.
  • El comportamiento del déficit primario.
  • El crecimiento de la economía — PIB anual –.

Sobre el nivel de deuda, como proporción del PIB, se considera en el ambiente académico que un indicador del 60%, es económicamente manejable. Indicadores de un 70% o 80%, compromete el crecimiento de las economías y la estabilidad de las mismas. No obstante, es importante, analizar muy detalladamente el concepto de manejable o sostenible, dado que ello implica, el contar con las condiciones de crecimiento económico adecuadas, para hacer frente a la deuda en el mediano y largo plazo.

Sobre la tasa de interés relevante es este análisis, se refiere a la tasa de interés real implícita, que se calcula como el monto de intereses pagados como proporción de total de la deuda en el periodo anterior al del análisis.

El concepto de saldo primario, déficit primario o superávit primario como quiera denominársele es el resultado de la diferencia entre ingresos y gastos del gobierno central, dejando al margen, los intereses de la deuda pública.

Por último, la tasa de crecimiento del PIB anual, o comúnmente llamada tasa crecimiento económico, la cual suele presentarse en términos reales, es decir, el crecimiento de los bienes y servicios tasados a los precios de un año base, en otras palabras, aislando los posibles cambios de precios de los diferentes bienes y servicios en el tiempo. Es importante recalcar, que un alto y sostenido crecimiento económico, si bien es una condición necesaria para el sostenimiento de los niveles de deuda, no resulta suficiente, en el sentido, de que es necesario un adecuado y racional comportamiento del gasto público.

Bajo la premisa hipotética, de que haya la firme intención de no contratar mayores niveles de deuda y además, suponiendo la estabilidad de la moneda interna y tipos de cambio, esto último consolidado en lo que se denomina, en la dinámica del análisis de la deuda;  saldo-flujo, nos queda determinar los movimientos de nivel de deuda proveniente de lo que se conoce como,  efecto “ bola de nieve ” que registra el comportamiento de la relación sostenida entre los intereses de la deuda, el  crecimiento de la economía y los déficits primarios.

Utilizando una sencilla fórmula matemática: SPt   =   Dt – 1  *  ( r – n / 1 + n),  podemos decir que ésta nos dará como resultado un indicador, que nos muestra, qué nivel de saldo primario se requiere, para anular el efecto bola de nieve estabilizar el nivel de deuda, en un momento determinado.

SPt  es el saldo primario del año corriente sobre el PIB (producto interno bruto), Dt-1 es el nivel de deuda sobre el PIB del año anterior, r es la tasa de interés implícita pagada sobre la deuda del año anterior y n es la tasa de crecimiento económico. Precisamente ( r- n / 1 + n ), será el termómetro que nos muestra el efecto bola de nieve.

Utilizando datos de finanzas públicas del año 2019 de la página del Banco Central y datos de deuda pública total, del gobierno central al 31 de diciembre del 2018, tomados de la página de Hacienda, podemos estimar un aproximado del superávit primario que necesitaría el gobierno para estabilizar la deuda pública.

Calculamos el valor de r de la siguiente manera: r = 1.52/18.6 =  0.082 (tasa de interés implícita) Una vez que tenemos todos los valores, se procede a sustituirlos, en la fórmula:

SPt = D1-t * ( r – n / 1 + n)   SPt = 54.22%  *  [( 0.082 –  0.022 )/ ( 1+ 0.022)] = 3.18%

¿Cómo se interpreta este resultado? Decimos entonces que, en ausencia de aumentos de deuda directos por medio de nuevos préstamos, colocación de eurobonos — para fines específicos — o movimientos de diferenciales cambiarios, choques externos y otros; para que el gobierno pueda mantener estable y sostenible el nivel de deuda pública – del 2018-, requeriría generar un superávit primario de un 3.18 puntos porcentuales, como proporción del PIB en 2019; indicador que anularía el efecto bola de nieve.  Podemos ver el asunto desde la perspectiva de los resultados del 2019. Obviamente no se obtuvo dicho superávit, sino más bien, un déficit primario de -2.75% del PIB, que se sumaría a dicho efecto. Aquí es, propiamente donde deben proponerse medidas extraordinarias en cuanto a la reactivación económica y racionalización del gasto, de manera que podamos tener, no solo una disminución en los factores desencadenantes del efecto bola de nieve, sino también la posibilidad de que la existencia de superávits primarios pueda anular dicho efecto.

Entre mayor sea el monto de intereses pagados sobre el nivel de deuda del año anterior ( r ) y menor sea el crecimiento económico ( n ), ese cociente, arriba mostrado tenderá a aumentar.  Por el contrario, si los intereses disminuyen y aumenta el crecimiento económico, de manera que tengamos una disminución de dicho cociente y a la vez menores déficits primarios, la deuda tiende a estabilizarse. En el mejor de los casos si la tasa de interés llega a ser menor que la tasa de crecimiento de la economía, tendríamos condiciones favorables para una posible reducción del nivel de deuda.

Como un recordatorio, los niveles de deuda son calculados sobre la base del PIB (producto interno bruto). Por lo que es necesario, separar los dos efectos que pueden ocurrir en el nivel mismo. Es decir, el nivel de deuda como proporción del PIB, puede mostrarse constante, si ambos indicadores en términos absolutos crecen en la misma proporción. Igualmente, un nivel deuda puede aumentar, aun cuando la deuda no haya tenido cambios en términos absolutos. Esto último se daría en casos excepcionales en que el crecimiento de la economía resulte en tasas negativas. Refiriéndonos al caso específico de Costa rica, la preocupación es doble por cuanto, la deuda ha venido aumentando, en tanto que el crecimiento económico ha tenido una tendencia a la baja en los últimos tres años.

Si revisamos y comparamos el indicador deuda/PIB del año 2018 con el del año 2019 tenemos lo siguiente:

De ahí que resulte sumamente urgente, intervenir en dos elementos centrales: 1) reactivar la economía, de manera que podamos con el tiempo tener tasas de crecimiento para arriba del 4% o 5% y 2) al mismo tiempo, racionalizar el gasto público corriente, de manera que disminuyamos el déficit primario y consecuentemente, ayude a anular el posible efecto “bola de nieve“. El otro elemento relevante lo constituyen, los esfuerzos por reducir la deuda por medio de amortizaciones, cuya procedencia y fuente de fondos, vendría dada por la venta de activos del estado o por readecuaciones de deuda, por ejemplo, el cambio de deuda cara por deuda de un costo menor.Esto representa una diferencia de 4.2 puntos porcentuales del PIB, de lo cual podría asegurarse que gran parte de este crecimiento proviene de la acumulación de la bola de nieve. Indicador al que se le suman los recurrentes déficits primarios que engrosan la deuda total, y consecuentemente, el pago de intereses, aun cuando, posiblemente no se haya incurrido en aumentos directos de deuda, vía más préstamos o colocaciones adicionales de bonos y títulos valores, como proyectos con fines específicos.

Según datos del estudio de sostenibilidad de la deuda de la Revista La CEPAL N° 84 de diciembre del 2004, elaborado por esta organización para los países de América Latina, con datos del periodo 1990 – 2002, Costa Rica tuvo un máximo de efecto bola de nieve de 4.4 puntos porcentuales del PIB, en el año 1996. El mismo estudio apunta que nuestro país acumuló 10.5 puntos porcentuales de la deuda pública por este efecto, durante el periodo 1998 – 2002.

Todo parece indicar que el nivel de deuda sobrepasará el 60% del PIB, a finales del 2020. Si bien, ya se está hablando de la posible venta de activos del estado para la contención de la misma, tal iniciativa no parece ser una alternativa de mucho optimismo. Además, es sumamente importante reflexionar, sobre este sombrío escenario en el contexto de la regla fiscal, de la nueva ley de fortalecimiento de las finanzas públicas, en lo que se refiere al inciso d del artículo 11 del capítulo II, Título IV de la ley. Igualmente, el artículo 13, nos habla de las medidas de emergencia, que tomará el Poder Ejecutivo en caso de que nos posicionemos en el inciso d, mencionado anteriormente.

 

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