Gonzalo Rodríguez: La economía de America Latina y el Caribe ante los efectos del COVID-19

Lo que veo es una institucionalidad sin liderazgo. Un Banco Central, con unas ideas, un Ministerio de Hacienda con otras, un Ministerio de Planificación perdido, un Ministerio de Trabajo sin rumbo, un Ministerio de Comercio Exterior que no acaba de entender lo que está sucediendo, un Ministerio de Agricultura que no entiende que esa será la actividad que nos va a salvar del hambre. En serio, preguntémonos, ¿Es eso todo lo que tenemos en Costa Rica?

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Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta,

Las consecuencias y efectos de la pandemia del covid-19 sobre la economía mundial y en particular, lo que concierne a sus efectos sobre las economías de América latina y el Caribe, están bastante lejos de ser dimensionadas en su justa medida. La situación es tan grave que, invita a preguntarse y repreguntarse sobre las posibilidades, de seguir pensando en términos de procesos de globalización y mundialización económica. Todo parece indicar que, volveremos a las condiciones económicas mundiales de mitad del siglo XX, en donde las naciones, reconsiderarán sus posibilidades de fortalecer la economía doméstica, mediante una implementación de procesos industriales internos, con dependencia mínima de la economía externa. Las relaciones comerciales externas tenderían a concentrarse en espacios en que la cercanía geográfica, sería la variable fundamental. En otras palabras, se acerca a la idea de creaciones de bloques comerciales a nivel continental. Para el caso de la región de América Latina sería una gran oportunidad de convertirse en una unión económica, que le fortalezca en cuanto a poder de negociación en relaciones comerciales y financieras con el resto del mundo.

La CEPAL acaba de emitir un segundo informe: Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación, en el cual trata de explicar los efectos de la emergencia sanitaria en la economía de América Latina y el Caribe actualiza sus pronósticos, –por supuesto aún más negativos– dados en un informe anterior.

Las variables económicas de las cuales la CEPAL da cuenta son las siguientes: niveles de deuda pública de los países, comercio de bienes y servicios, nivel de crecimiento económico, envío de remesas del exterior, turismo, flujos de capital financiero e inversión extranjera directa.

Un rasgo que sobresale en la mayoría de los estudios económicos es la insistencia en mencionar que la economía de América Latina venía en franco decrecimiento aún antes de la aparición del covid-19.  Por ejemplo, en el quinquenio 2014—2019 el crecimiento del PIB real de la región fue de 0.4%. Esto en gran medida, debido a las contracciones del comercio internacional, causadas por la guerra comercial entre China y los Estados Unidos y al decrecimiento económico de la Zona Euro.

Luego de una disminución de las tensiones entre China y Estado Unidos, y la renegociación del tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, se previó una leve mejoría en la actividad económica de la región. No obstante, en los inicios del año 2020, entra en escenario la pandemia y da al traste con las predicciones económicas, hechas a finales del 2019.

Niveles de deuda de los países.

Es importante indicar en este apartado, el reducido margen de maniobra fiscal, que tienen la mayoría de los países de la región, debido a que, recurrentes déficits han propiciado niveles de deuda pública, que pone en serio peligro, el desempeño económico de la región.

El cuadro Nº1 muestra como los países ahí mencionados, aumentaron su deuda pública, en promedio de 33.2% a un 44% del PIB, del año 2010 al año 2019. Asimismo, el pago por concepto de intereses de deuda ha pasado de 1.8% del PIB al 2.56%. La gran mayoría de los países de la región han tenido que disminuir sus gastos en salud, gastos de capital, educación y protección social, para poder hacer frente a los servicios de la deuda. Por ejemplo, los gastos en salud de países como El Salvador (2.4%), Guatemala (1.1), Honduras (2.4%), Panamá (1.7%) y Rep. Dominicana (1.7%) todos porcentajes del PIB, son menores a los pagos por intereses de deuda.

Existen otros componentes de deudas que también debilitan el desarrollo económico de la región: 1) deuda de empresas públicas de servicios y 2) alto endeudamiento de los hogares y empresas privadas, estas últimas con el agravante de que, en los últimos años, han visto disminuir su rentabilidad de sus actividades de inversión. Por ejemplo, la deuda privada de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México, paso de 436 millones de dólares a 1.501 millones de dólares, del año 2002 al año 2019. Además, entre un 47% y un 62% de un total de 2.241 empresas de la región en 34 sectores de actividad económica, disminuyeron su rentabilidad, entre el 2010 y 2016.

Comercio de bienes y servicios.

El cuadro Nº 2 muestra, la afectación del covid-19 a los flujos de comercio exportable de la región. Destaca la diferencia en las predicciones en un primer informe de la CEPAL y las nuevas actualizaciones. Es importante indicar que aun cuando la economía china ha normalizado relativamente sus actividades productivas, no podría ver una recuperación de su comercio con el mundo debido a que la mayoría de los países están todavía haciendo frente a la emergencia sanitaria, lo que conlleva la concentración en la adquisición de medicamentos e implementos del cuidado de la salud.

Definitivamente, la producción destinada al comercio exterior de los países de la región, principalmente, de las economías llamadas emergentes de América del Sur: Brasil, Chile, Argentina y México por el lado de América del Norte, sufrirán grandes transformaciones en sus estructuras productivas, que pueden ser transitorias o permanentes, debido a la interrupción de las cadenas de suministros en los procesos productivos. Ya estamos presenciando la relocalización de actividades productivas de Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, los cuales están retirando sus cadenas de producción localizadas en China.

 

El cuadro Nº 3 muestra dramáticamente el doble efecto, que representa la caída de las principales exportaciones de la Región. Observamos como en general, el efecto de la caída de los volúmenes de producción exportable es menor que el efecto de la caída de los precios. Esto tiene sus implicaciones en los términos de intercambio de los diferentes países y en la estabilidad de los tipos de cambio. Para el caso de Costa Rica, por ejemplo, hemos visto una relativa estabilidad del tipo de cambio, esto debido a la caída estrepitosa de los precios del petróleo, pero también, debido a una disminución muy importante de las importaciones. Esto último, no es muy halagüeño, toda vez que nuestros procesos productivos destinados a la exportación, contienen un componente muy importante de insumos importados, lo cual es a grandes rasgos una señal de la contracción en dichas actividades. Esto a la vez es una llamada de atención para nuestras autoridades económicas y políticas, que ponen el acento en los objetivos de política económica en variables nominales y no en las reales. Por ejemplo, el Banco Central de Costa Rica, se preocupa por mantener la inflación cercana a cero, pero no se preocupa por una tasa de desempleo que sobrepasa el 12%.

Crecimiento económico.

El cuadro Nº 4 es altamente revelador sobre la magnitud de la crisis económica, que atraviesa y atravesará por tiempo aun no determinado, el mundo en general y la región en particular. Las implicaciones de este decrecimiento son atroces. Por ejemplo, para el caso de nuestro país, significa: una caída enorme de los ingresos nacionales, aumento del desempleo, aumento de la pobreza general y extrema, contracción de prácticamente todas las actividades empresariales y económicas, disminución de los ingresos del gobierno vía impuestos y lo que esto último implica para la capitalización de instituciones como la CCSS, el gasto de capital, el gasto social, etc. Amén de tener las obligaciones jurídicas de los servicios de la deuda. Es importante anotar que este decrecimiento a nivel de la región significará un aumento de la pobreza de 4 puntos porcentuales, al pasar de un 30.3% en el 2019 a 34.7% solamente en el 2020. Con respecto a la tasa de desempleo de la Región, pasará del 8.1% al 11.5%, lo cual implica un total de 37.7 millones de desempleados en América Latina y el Caribe, 11.6 millones de desempleados más con respecto al año 2019, atribuible a los efectos de la pandemia.

Remesas del exterior.

En este apartado es importante mencionar que varios países, principalmente de Centroamérica y el Caribe tienen una gran dependencia de las remesas enviadas por los familiares que trabajan en los Estados Unidos. Por ejemplo, en Haití, las remesas representan el 33% del PIB. Le siguen en importancia de valor, El Salvador, Honduras, Jamaica, Guatemala y Nicaragua, con 21%, 20%, 16%, 12%, y 11% respectivamente. Generalmente estos trabajadores son empleados en actividades de servicios de restaurantes, construcción, servicios de limpieza, et. todas ellas, actividades que actualmente están amparadas a la cuarentena por causa de la pandemia. De manera que estos ingresos se reducirían prácticamente a cero.

Turismo.

Todos los países de la región se verán fuertemente afectados por la reducción de los flujos turísticos. Se espera que en el 2020 se dé una reducción del turismo de entre un 20% y un 30%. No obstante, la subregión de mayor afectación es el Caribe. Por ejemplo, en Granada, el turismo representa un 46% del PIB y un 47% del empleo. Asimismo, en Bahamas, un 42% del PIB y un 50% del empleo, en Antigua y Barbuda un 40% del PIB y un 88% del empleo, en Santa Lucía un 40% del PIB y un 78% del empleo. Esta actividad sería la última en presentar alguna recuperación, dado que depende de una apertura de fronteras y normalización del transporte aéreo.

Flujos financieros y de capital.

En momentos en que una crisis es generalizada en el mundo, recrudece la competencia por flujos financieros y de capital, así como las posibilidades de financiamiento externo. Por dos razones: en primer lugar, los países necesitan sus recursos para hacer frente a la crisis sanitaria y a sus consecuencias económicas y en segundo lugar, los fondos disponibles, dada su alta demanda, se elevan los costos del financiamiento. Por ejemplo, en lo que llevamos del 2020, la región experimenta una disminución de flujos de capital de alrededor de 80.000 millones de dólares, con respecto al año 2019. Además, se está dando una fuerte salida de fondos que estaban invertidos en inversiones financieras de corto plazo y en bonos.

La consecuencia inmediata de esta situación financiera para las economías emergentes y de todas en general en la región, es un aumento de la prima de riesgo o riego soberano, lo cual se traduce en altísimos costos del financiamiento externo. Es decir, a la tasa de interés internacional, que suele ser la tasa libre de riesgo ofrecida por el Tesoro de los Estado Unidos, se le deben agregar incluso hasta 6 o 7 puntos porcentuales en el costo de financiamiento para los países de la Región.

El anterior análisis está basado en las cifras pronosticadas en un segundo informe preparado por la CEPAL, acerca de los efectos del Covid-19 en la economía de América Latina y el Caribe.

Observando el grave panorama que enfrentamos, y la incertidumbre sobre su espacio temporal, me permito hacer algunas reflexiones al respecto, en lo concerniente a nuestro futuro, el de Costa Rica.

En primer lugar, pase lo pase de aquí en adelante, debemos enfrentarlo juntos, de la manera en que nuestros antepasados decían “a la tica”. Desde esta perspectiva, considero un error del presidente Alvarado, conformar una comisión de economistas de corte ortodoxo, cuyas recomendaciones son harto previsibles. En este momento no necesitamos técnicos matemáticos, que pretenden resolver todo el entramado socioeconómico que sufre nuestro país, con una función lineal. Necesitamos pensadores de la economía política, que ofrezcan soluciones para las mayorías de este pueblo, no para grupos particulares. ¿Por qué es tan difícil para el presidente entender que esto solo lo podemos sobrellevar entre todos? Cuando digo todos, me estoy refiriendo a empresarios, trabajadores, agricultores, sindicatos, educadores, cooperativas, sistema financiero nacional, etc. ¿Es tan difícil hacer esa convocatoria en este momento?

Para concluir debo decir que lo que veo es una institucionalidad sin liderazgo. Un Banco Central, con unas ideas, un Ministerio de Hacienda con otras, un Ministerio de Planificación perdido, un Ministerio de Trabajo sin rumbo, un Ministerio de Comercio Exterior y uno de Turismo que no acaban de sobreponerse y un Ministerio de Agricultura que no entiende que esa será la actividad que nos va a salvar del hambre.

En serio, preguntémonos, ¿Es eso todo lo que tenemos en Costa Rica?

 

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