Gonzalo Rodríguez: La retórica y psicoanálisis – parientes cercanos

Costarricenses, todavía estamos a tiempo de brindarle a nuestro país, una nueva cultura política, manifestada no solamente en ideas, sino también en acciones, actitudes y aptitudes. Nos sentimos orgullosos de poder celebrar este bicentenario, pero por primera vez, intentemos trascender e ir más allá de nuestra práctica democrática formal, esa que celebramos cada cuatro años, para adentrarnos en una práctica democrática real y participativa. No nos desentendamos de los problemas que sufre nuestra patria.

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Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta.

He dicho en otras ocasiones que, la teoría del psicoanálisis, principalmente el enfoque lacaniano –que practica una especie de retorno a Freud– ha sido poco explorado y explotado en materia de ciencia social y ciencia política. Pocos autores y filósofos, se han dado a esta tarea; Ernesto Laclau y Slavoj Zizek, son talvez, las referencias más conocidas en los últimos tiempos.

Para el psicoanalista Lacan, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, que determina y expresa la identidad del sujeto. Solo que este lenguaje, –contenido manifiesto–, requiere de una elaboración y trabajo interpretativo, debido a que, su contenido latente se presenta en forma encubierta, si se puede utilizar el término, digamos –encriptado–.

La misma situación sucede con el trabajo de la interpretación de los sueños, de lo cual Freud, fue el principal referente y precursor.

¿Por qué en estas instancias, no podemos confiar en el contenido manifiesto de la retórica, materializada en un discurso político, ni en de los sueños, expresados en la simple descripción del soñador?

Freud, nos habla de dos características propias del contenido manifiesto de un sueño, que son: la condensación y el desplazamiento de las ideas, cuya representación se lleva a cabo a través de figuras literarias, tales como la metáfora, la metonimia, hipérbole, sinécdoque, y otras.

¿Como funciona la condensación? Cuando se entra en la elaboración del sueño, con el fin de determinar el contenido latente del mismo y develar el deseo inconsciente, que le subyace, es normal que las ideas latentes superen por mucho, las ideas manifiestas. Es decir, se ha dado una disminución de ideas que han sido principalmente encubiertas y representadas por una metáfora. Tratar de descubrir las ideas condensadas es propiamente el trabajo del interprete.

Sucede de forma similar, con el concepto de desplazamiento, que presenta un cambio de una idea por otra, que generalmente mantiene una relación de contigüidad o parecido con la primera idea. Esto se puede materializar por medio de la metonimia.

¿Por qué se dice que la retórica, la interpretación de los sueños, y el lenguaje del inconsciente elaborado a través de la práctica del psicoanálisis, son parientes?

Porque los tres campos, exhiben en general, las mismas características, anotadas para el trabajo de la interpretación de los diferentes significantes.

Todo este rollo, para entrar a analizar el discurso retórico de un político costarricense líder de un partido tradicional que le propone a otro líder, de otro partido, con el cual ha mantenido una rivalidad aparente por varias décadas, –por lo menos rivalidad electoral– pero que, en realidad, han sido muy consecuentes políticamente, para cogobernar y reproducir muy eficientemente un sistema bipartidista en Costa Rica.

El primer político, dice que hablará con el segundo, para que, en conjunto, luchen en contra de la corrupción, que es, sino el principal problema, uno de los causantes de la debacle social, política y económica de nuestro país.

Tenemos hasta aquí un contenido manifiesto retórico, que cualquier despistado, podría perfectamente aceptarlo, sin parar mientes, en los conceptos de condensación y desplazamiento de significantes en la expresión del lenguaje, que caracteriza al discurso político.

El no despistado, el que porta la duda cartesiana, mira hacia atrás e inmediatamente, se pregunta; ¿Como es posible que quienes, en las últimas décadas, han sido los adalides y actores de los mayores casos de corrupción en el país, se presenten como los mesías de un contexto, sumamente cochino y deteriorado? Esto no solo huele a mesías, sino también a una posible crucifixión.

Definitivamente, este mensaje político está cargado de condensación y desplazamiento.

La interpretación del contenido latente y la develación del deseo inconsciente, queda para los distinguidos lectores. No obstante, yo me arriesgo a brindar la mía.

Nos juntamos los ´´rivales´´ de antaño, para que en conjunto nos comprometamos mutuamente a mover nuestras fichas; ¿Cuáles fichas? –diputados, magistrados, jueces, leguleyos—, para que en caso de que algunos de nuestros allegados más cercanos, se vea involucrado en casos de corrupción, sea inmediatamente liberado de todo castigo penal y civil. ¿Pero cómo llevarlo adelante y lograrlo? Para eso están los procedimientos y procesos amañados y en última instancia, las prescripciones, resultado de los procesos de justicia eternos.

Después de todo, ¿No esto lo que han venido haciendo en las últimas cuatro décadas?

La pregunta del millón: ¿Aceptaría la propuesta, el segundo político? ¿Se pondrían de acuerdo? Vergonzosa y penosamente, yo digo que sí, porque el segundo político, caerá también víctima del contenido manifiesto o por lo menos simulará ser víctima.

Costarricenses, todavía estamos a tiempo de brindarle a nuestro país, una nueva cultura política, manifestada no solamente en ideas, sino también en acciones, actitudes y aptitudes. Nos sentimos orgullosos de poder celebrar este bicentenario, pero por primera vez, intentemos trascender e ir más allá de nuestra práctica democrática formal, esa que celebramos cada cuatro años, para adentrarnos en una práctica democrática real y participativa. No nos desentendamos de los problemas que sufre nuestra patria. No dejemos solamente en manos de funcionarios que elegimos por una administración; los grandes retos y el futuro de nuestra linda tierra.

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