Gonzalo Rodríguez: Reflexiones sobre el estado actual de la economía de Costa Rica

No me imagino de donde esperaría el gobierno, obtener más recursos en momentos en que el ingreso nacional va de caída.

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Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta,

¿Por qué es posible afirmar que ha llegado el momento de una intervención más directa del Estado en la economía? Algo así como un “Keynes time”.

La mención de algunos elementos, servirán de trasfondo para la discusión

  • Aprobación de una reforma fiscal que supuestamente vendría a paliar el problema del déficit fiscal, en aumento recurrente.
  • Un proceso de amnistía tributaria, en materia de impuesto de renta, que provocaría desahogo en la mayor parte del empresariado nacional.
  • La continuación de un profuso gasto tributario, como producto de exenciones, condonaciones y otras, tales como las facilidades aplicadas a regímenes productivos como los de Zona Franca.
  • La aceptación sin más, de procedimientos contables dudosos, por parte de hacienda de conglomerados de empresas presentando en sus estados financieros; cero utilidades o pérdidas contables.
  • Adicionalmente, el trabajo del Banco Central en su misión de contener la inflación, mediante sus políticas monetarias ha sido desde la perspectiva del Banco, sumamente exitosa.

Preguntémonos ahora, ¿por qué si el país ha llevado a cabo todos estos esfuerzos, en materia de finanzas públicas y tributarias, los resultados no se materializan en una disminución del déficit, tampoco en un manejo prudente de la deuda pública y mucho menos en una senda de recuperación del crecimiento económico?

Enumeremos algunas posibles causas del problema:

  • Un agresivo proceso de financiarización de las economías.
  • El importante surgimiento y fortaleza del sector servicios de la economía.
  • El abandono por parte del Estado, de su correspondiente cuota en la preparación de la fuerza de trabajo acorde con la tercerización de la economía.
  • Un progresivo, e inconveniente proceso de despolitización de la economía, lo cual ha llevado a una desregulación del funcionamiento del mercado. En otras palabras, una casi desvinculación total de las decisiones políticas con las decisiones técnico-económicas.

Tratemos de desmenuzar cada una de estas posibles causas.

Los grandes problemas financieros que atraviesan los estados y sus necesidades recurrentes de apalancamientos y consecuentes endeudamientos, ha propiciado una tendencia a trasladar los capitales del sector real de la economía, hacia la rentabilidad financiera. Obviamente el riego de las inversiones es menor. También hay que mencionar que, en el negocio financiero, se buscan, los mercados en que las rentabilidades sean mayores y la imposición sea menor. De ahí que sea muy conveniente trasladar los capitales a bancas off shore y paraísos fiscales, cuando la segunda condición, no favorece la inversión.

El cambio de la composición de los sistemas productivos, que privilegia al sector servicios por sobre la producción agrícola y la industrial, también requiere de los mercados y especialmente del Estado, la formulación de estrategias, con el fin, no solo de ordenar y capacitar los diferentes factores de la producción, en concordancias con dichos cambios, sino también, formular políticas públicas que incidan en los sistemas productivos de acuerdo a las prioridades socio-económicas del país. Es en estas instancias en donde se debe decidir, de si es necesario proteger económicamente a sectores agrícolas, con el fin de tener seguridad y soberanía alimentaria.

Acabamos de escuchar a la ministra de trabajo, dándonos algunos argumentos y justificaciones sobre el desempleo. Si sus argumentos son ciertos y la gran masa de desempleados que tenemos actualmente, se trata de gente que interrumpió sus estudios y preparación en los años ochenta y noventa del siglo pasado y actualmente el mercado no puede absorber esa mano de obra, por no corresponder a las necesidades propias de la producción; con mucha más razón es necesaria una intervención estatal de emergencia para la solución del problema del desempleo. Yo no creo que la ministra de trabajo esté pensando en proponer cono solución, que personas que en este momento tienen entre cuarenta y cincuenta años de edad, terminen de prepararse técnica y académicamente, para estar listos y ser absorbidos por el mercado.

Como último punto, el Estado no puede abandonar su responsabilidad, como ente coordinador de todo el entramado social. Es bien sabido que el mercado tiene fallas y es incapaz, no solo de regularse así mismo, sino también de sobreponerse a las crisis financiero-económicas. Basta con dar el vistazo atrás, a la crisis mundial del 2008.

Todo esto para indicar que, ante la espeluznante atrofia económica que estamos viviendo, es necesario y urgente, la intervención del estado –gobierno de turno–, mediante el impulso a la demanda agregada. Se ha sabido desde siempre que la acción macroeconómica está compuesta de una mezcla de política monetaria y política fiscal. En los últimos años, nos han recetado solo política monetaria y de raigambre monetarista. ¿A la luz de lo que estamos sufriendo, es necesario advertir que esta última ha sido un fracaso?

Aquí es importante hacer un paréntesis para describir el funcionamiento del Banco Central de Costa Rica. Esta institución tiene como objetivo fundamental, la estabilidad interna y externa de   la moneda nacional. Como objetivo subsidiario, tiene entre otros; promover el ordenado desarrollo de la economía costarricense. Aquí es donde yo encuentro una inversión de racionalidad, una total mala interpretación de lo que son fines y medios.

Veámoslo en la realidad. El Banco ha sido muy exitoso en el manejo de la inflación. Según sus proyecciones la inflación se maneja entre 3% anual más – menos un punto porcentual. De hecho el 2019 cerró con inflación del 2%. Pero, qué hacemos con esas inflaciones, si tenemos tasa de desempleo de 12.4% y tasas de crecimiento de la economía que no son suficientes para sobrellevar la economía nacional por la senda requerida. Además, el índice de pobreza extrema está aumentando.

Recordemos que hace poco más de un año, hacienda requirió de unas letras de crédito del Banco Central por creo que fue  491 mil millones de colones para hacer frente a una parte del hueco fiscal, dejado por el gobierno Solís. Estos dineros se necesitaban urgentemente para redimir bonos y títulos del gobierno que llegaban a su vencimiento. Partiendo del hecho de que, la deuda pública en ese periodo era de cerca de 80% deuda interna y el resto de deuda externa, era esperable que gran parte de esos fondos quedaron en el país. No obstante, no se visualizaron problemas de brotes inflacionarios. De ahí que lanzo la siguiente iniciativa.

Por qué el gobierno de la república, en lugar de colocar eurobonos que en este momento reclaman altas tasas de interés, pide al banco central monetizar, digamos para empezar 1000 millones de dólares en colones y los utiliza directamente en inversión pública. Esta última, dinamizaría en primera instancia el empleo y luego el consumo con cierto rezago. Las necesidades no hace falta mencionarlas: carreteras, puentes, reparación de escuelas y colegios y un largo etcétera de ellas. Yo le aseguro a la ministra de trabajo que, muchísimas de esas personas que interrumpieron sus estudios y preparación en los años ochenta y noventa del siglo pasado, podrían perfectamente ser empleados en estas actividades de inversión, que sobre todo consiste en una solución en el corto plazo. Las soluciones de largo plazo se verán después.

De esta forma, cuando la economía muestre señales de recuperación, el gobierno puede retirar y esterilizar, vía política tributaria, esos fondos y además podría esperar una cierta progresividad en sus preocupaciones, acerca del cierre del déficit fiscal. Es la única forma de conseguir encaminar la economía por la senda de la recuperación y al mismo tiempo propiciar mayores ingresos para el fisco. No me imagino de donde esperaría el gobierno, obtener más recursos en momentos en que el ingreso nacional va de caída.

 

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