Gonzalo Rodríguez: Universidad de Costa Rica, institución insigne y Benemérita

Valga esta nueva elección de rector, para hacer un examen profundo, encaminado a mantener lo excelente que se ha forjado durante casi ocho décadas, y porque no, enmendar algunas rutas, que pueden haberse desviado.

0

Gonzalo Rodríguez Mejías, Economísta

Con ocasión de la cercanía de la elección de un nuevo rector para la Universidad de Costa Rica y también su cumplimiento del aniversario de fundación número ochenta, en agosto del 2020, valga dichos eventos, para externar algunas ideas y reflexiones en torno a la existencia, misión y desempeño de tan magna casa de estudios.

Abordaré en este artículo, algunos aspectos generales el papel de la universidad en la generación de graduados en las distintas ramas académicas –con especial énfasis en los graduados en ciencias económicas– y su inserción en el mercado laboral. No sin antes hacer una pequeña introducción sobre la idea de universidad.

La UCR tiene como misión la siguiente: “Contribuir en la formación de investigadores, docentes y profesionales con excelencia académica, visión humanista y responsabilidad social, tanto en campos disciplinarios como inter, multi y trans disciplinarios”.

A través de la historia, la idea de universidad ha transitado entre la misión de la cultivación del espíritu, a la formación de profesionales expertos, estos últimos con una marcada finalidad utilitaria.

Desde Kant en adelante la universidad moderna ha vivido rodeada de un discurso de ideas y fines. Ha sido pensada y se ha representado como la institucionalización de una “idea”. El mismo Kant sugirió que la universidad tenía por fundamento una idea racional. O sea, en ser el locus veritatis, el locus rationis de la comunidad nacional.

Es quizá es el alemán Humboldt, quien provee a la idea de universidad, como un término medio entre la cultivación del espíritu, cuya validez se desprende de sí mismo, y la formación de profesionales expertos, que deben demostrar sus capacidades y habilidades en un determinado mercado laboral.

Para Humboldt, la idea de universidad se propone ofrecer una educación académica fundada en principios filosóficos —como unidad entre ciencias y humanidades y de investigación y docencia—, en un ambiente donde maestros y estudiantes trabajan juntos en seminarios, y los jóvenes aprenden a desarrollar sus habilidades de investigar, ha­cer descubrimientos y presentarlos, a cambio de protección, autonomía y financiamiento otorgados por el Estado.

Es posible que actualmente, se conceptualice la universidad simple y llanamente como un vital servicio público, una pieza del Estado de bienestar contemporáneo, entonces se entendería que no requiera más una “idea” fundante, una razón de ser sino, sólo políticas que aseguren el libre acceso al servicio, la distribución más equitativa posible, procesos y medios efectivos, resultados eficientes, transparencia y rendición de cuentas. No obstante, y creo que, así se ha entendido en nuestro medio educativo, social y político, las universidades nuestras mantienen un balance entre el cultivo del espíritu y el emprendimiento profesional y experto. Parafraseando a Hanna Arendt, un balance entre la vita contemplativa y la vita activa.

Valga la pena, recalcar que, de la producción de 5.012 documentos de conocimiento científico, que ha surgido de las universidades públicas y otras entidades estatales; una proporción del 61% han provenido de la Universidad de Costa Rica.

En adelante pretendo hacer un análisis; hasta donde la información pertinente lo permita, de la inclusión laboral de los graduados universitarios.

Para ello recurro a la utilización de la herramienta económica de las perspectivas de la oferta y demanda de dicho mercado.

Lado de la oferta: Es importante de inicio recalcar el estancamiento del establecimiento de universidades públicas en contraposición de una gran explosión de entidades universitarias privadas. Si bien no es necesario, más unidades universitarias públicas, si no tan solo su expansión y extensión físico-geográfica, esto último ha mostrado un preocupante estancamiento en los últimos años. Según un informe del Estado de la Educación, las universidades públicas reciben cada año, – en conjunto- cinco solicitudes por cada cupo disponible para nuevos estudiantes; parte de la demanda insatisfecha, está siendo suplida por el sector privado. Esto por supuesto reduce las oportunidades de acceso a la educación superior de estudiantes de escasos recursos económicos y además de zonas alejadas del Valle Central. Al año 2015 había 5 universidades públicas y 54 universidades privadas, con una matrícula de 102.077 estudiantes, las primeras y 105.931, las segundas.

En cuanto a títulos otorgados, las universidades públicas apenas alcanzan el 47% (13.854) de los 29.393, otorgados por las universidades privadas.

El cuadro 1 muestra como en los quintiles más bajos de ingresos, muy pocas personas de 18 a 24 años, asisten a la educación superior. Me parece un elemento a tener en cuenta por las instituciones estatales

En el gráfico 1 se muestra la importancia relativa de los estudiantes en las ciencias económicas y administrativas, tanto en universidades públicas y privadas como por hombres y mujeres. En las universidades públicas sobrepasa el 20% de la matrícula y alrededor del 27% en universidades privadas. En cuanto a la división entre hombres y mujeres, resalta por ejemplo que en las universidades públicas las mujeres matriculadas en ciencias económicas, sobrepasan en alrededor de 5 puntos porcentuales a los hombres.

Lado de la Demanda: Durante los últimos años, dados los problemas fiscales por los que atraviesa el Estado costarricense ha hecho que el empleo público se reduzca severamente y casi solo se pueda hablar de inclusión de puestos de orden político. Esto deja casi como único demandante de trabajo al sector privado.

En el gráfico 2 podemos observar que un 60% de las empresas privadas son consideradas de ingresos por ventas bajos y emplean apenas el 8% de los trabajadores. El 30% de las empresas obtienen ingresos medios y emplean 17% de los trabajadores y por último el 10% de las empresas de mayores ingresos, emplean el 75% de los trabajadores. Es importante destacar que este último decil correspondiente a las empresas de mayores ingresos por ventas, es el que ha crecido con mayor fuerza en los años comprendidos entre 2005 y 2017. Ha crecido alrededor de un promedio de 23.620 trabajadores anuales, en contraposición a 6.250 trabajadores anuales en el 90% de empresas restantes.

Se puede entonces concluir que este 10% de empresas constituyen el mercado potencial de trabajo para los graduados universitarios.

El gráfico 3 muestra como los profesionales, tienen presencia importante en las tres clasificaciones de empresas según ingresos por ventas, con un 22% en las primeras, 18% en las segundas y 15% en las terceras, no obstante, teniendo siempre en cuenta que en las primeras (10%) está concentrado el 75% del empleo.

Condiciones laborales.

Según informe de Seguimiento de la Condición Laboral del CONARE 2011—2013, los graduados de ciencias económicas tienen un desempleo del 5.6%, por debajo del promedio nacional y solamente está por encima de los profesionales en derecho, educación e ingenierías. También solamente un 8% de los graduados en ciencias económicas, laboran en actividades ajenas a su profesión.

Del cuadro 2 observamos que un porcentaje bastante importante de graduados, tanto en hombres y mujeres en edades de 18 a 35 años, como de 36 a 75 años se mantienen ocupados dentro del mercado laboral. Siempre, con un importante rezago por parte de las mujeres, que en ambos rangos de edades, mantienen un porcentaje mayor de desempleo (o fuera de la fuerza de trabajo) que los hombres. Así mismo se nota dicha diferencia en la ocupación de puestos de jefatura, principalmente en el rango de 36 a 75 años de edad.

Según estudios de CONARE del 2018, el 90.5% de los graduados universitarios tiene trabajo y el 60% de esta población se encuentra satisfecha con el empleo.

Conclusión:

Si bien el país debe sentirse satisfecho con el funcionamiento y misión de las universidades públicas y en particular con los servicios de investigación y extensión social de la Universidad de Costa Rica, aún queda mucho espacio para mejorar y sobre todo aumentar la cobertura nacional de la matrícula, pensando en aquellos costarricenses de muy escasos recursos económicos y que obviamente no pueden, por su condición económica, ingresar a las universidades privadas.

La UCR ha demostrado su capacidad de investigación y desarrollo y lo hecho precisamente en momentos como el que estamos pasando, con la emergencia de la pandemia. Ha puesto a disposición del país no solamente las herramientas técnicas y científicas, sino también, la capacidad del capital humano, que la misma universidad ha formado.

Valga esta nueva elección de rector, para hacer un examen profundo, encaminado a mantener lo excelente que se ha forjado durante casi ocho décadas, y porque no, enmendar algunas rutas, que pueden haberse desviado.

Permítaseme, señalar un punto que me parece debe ser profundamente analizado y es la racionalización del gasto de las universidades. Cuando se llega al momento, en que la mayor parte del presupuesto se gasta en salarios, (lo cual es normal sin abusos), con efectos perniciosos sobre los aumentos de matrícula y las oportunidades de acceso a becas estudiantiles, es señal de que una revisión urgente se hace necesaria. Hay que recordar que las universidades tienen ingresos por pago de matrícula y además la porción presupuestaria proveída por el Estado. Siempre se ha escuchado decir que muchas de las becas se asignan a estudiantes que no la necesitan.

No queda más que esperar del nuevo rector una revisión profunda de estos aspectos, esto sin entrar a justificar las supuestas temidas conspiraciones y revueltas ideológicas que suelen aparecer en contra de las universidades públicas.

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...