El Parlamento Europeo ha respaldado hoy en sesión plenaria que se adopten medidas más estrictas y rigurosas para la protección para las abejas, entre ellas, que en la evaluación se tengan también en consideración las abejas silvestres y no sólo las de la miel y que se analice la exposición crónica a los plaguicidaspropuestas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en 2013.

Esto frustra la intención de la Comisión Europea y los Gobiernos nacionales de mantener criterios obsoletos para la evaluación de los peligros de los plaguicidas para las abejas.

Franziska Achterberg, directora de políticas alimentarias de la UE de Greenpeace, ha señalado que “el nuevo Parlamento demuestra así que se toma en serio la protección de los polinizadores. Ahora la Comisión Europea debe también demostrar que puede hacer lo mismo y proteger a las abejas de los plaguicidas peligrosos”. 

En 2018, la UE prohibió tres plaguicidas neonicotinoides después de realizar una evaluación exhaustiva de sus riesgos para las abejas, utilizando los criterios que la EFSA presentó en 2013 en su documento guía. El Parlamento rechazó hoy la propuesta, presentada por la Comisión, para que solo se aplicara una parte muy pequeña de esa guía en la legislación, lo que no mejoraría la protección general de las abejas.

La nueva comisaria de Salud de la UE, Stella Kyriakides, manifestó el pasado 1 de octubre, ante la Comisión de Medioambiente, que “no se reducirá el listón sobre la protección de las abejas y otros polinizadores” y así lo ha confirmado hoy el Parlamento.

”Llevamos más de seis años esperando que se apruebe el documento guía para la evaluación de los peligros de los plaguicidas para las abejas”, ha afirmado Luís Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España. “Mientras esperamos, las abejas y otros polinizadores siguen muriéndose expuestos a peligrosos plaguicidas que amenazan su supervivencia, vital para nuestra alimentación y para los ecosistemas”, ha concluido Ferreirim..

El pasado martes 22 de octubre, la Comisión Europea y los gobiernos nacionales decidieron prohibir un cuarto neonicotinoide, el tiacloprid, que generaba preocupación por el posible riesgo en la salud de las personas. La EFSA no ha hecho pública aún una evaluación completa de sus riesgos potenciales para las abejas.