Guadalupe Urbina: Revelación de un sueño

Fragmento del libro Al Menudeo, Editorial Horas y Horas. Madrid, España 2003.

Guadalupe Urbina.

Revelación de un sueño

 

El Espíritu de las aguas decidió habitar en las cumbres del Cerro Zurquí. Tal y como el Arco Iris se lo había dicho, desde arriba se pueden capturar todos los secretos de la selva, que es como decir los secretos de cada quien. Desde arriba ella podía colgarse o dejarse venir y tocarlo todo, retocarlo todo, trastocarlo todo. Desde allí comprendió que el jade no es solamente una piedra preciosa sino el corazón apretado de una ceiba o la mirada displicente de los malacagüites. Abajo, oculta, arrullando helechos o barbudos escapaba a los diamantes que empeñados en creerla una sonrisa de luz la perseguían, decididos a destrozarla en mil colores.

Así estaba, oculta y soñando aromas de madreselva cuando conoció a la serpiente; con la que convivió por los siglos de los siglos y tres días después de la eternidad.

Ella, el agua, enamorada, se ahuecó, se enrolló, se deslizó también bajo su vientre y la serpiente loca de agua y de jades hacia relumbrar sus escamas en los destellos que se le escapaban al sol por los bejucos. El sol encantado se ponía rígido, inmóvil, hasta volverse piedra o metal, hasta ponerse oro, ámbar o murmullo de hoja en el viento.

La serpiente no conocía sus orígenes hasta que conoció la causa de su alegría, el agua jugaba. El agua descubrió sus movimientos volando detrás de la serpiente.

En ese Entonces la tierra era una mujer fresca, transparente, vaporosa- evaporada, piel de menta, orquídea abierta, una alcahueta llena de cavernas donde ocultar los amores que el agua serpenteaba.

 

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