Guido Mora Mora, Politólogo y Administrador de Empresas
Costa Rica construyó durante décadas una cultura política en la que las diferencias, por profundas que fueran, debían resolverse mediante el diálogo, el respeto institucional y la convivencia democrática. Por eso duele especialmente contemplar cómo el enfrentamiento, la descalificación y la amenaza comienzan a ocupar espacios que nunca debimos permitirles conquistar.
Si hace unos años nos hubieran dicho que un funcionario público, el de más alta jerarquía, además, se iba a dedicar a amenazar, perseguir, ofender o gritarles a los presidentes de los Supremos Poderes, a diputados, a otros funcionarios públicos o a ciudadanos, NUNCA lo hubiéramos creído.
Lamentablemente, lo que parecía una terrible y temible pesadilla se convirtió en una dolorosa realidad.
El expresidente-ministro se ha encargado de llevar a lo más bajo el estatus de la Presidencia de la República, mediante una práctica que pretende amedrentar e intimidar a quienes se oponen a sus ocurrencias y desvaríos.
Si la presidenta Fernández no abandona estas prácticas y no frena a su ministro-mentor, poco logrará en su gobierno.
Esta situación nos afecta a todos y ya es momento de detener esta práctica, por el bien de nuestro país.
Sin diálogo no lograremos enfrentar los desafíos que tenemos como sociedad, y eso lo debería tener muy claro Laura Fernández.
Costa Rica merece recuperar la serenidad, el respeto y la capacidad de escucharnos aun cuando pensemos distinto. No podemos acostumbrarnos al insulto ni aceptar que la confrontación permanente se convierta en nuestra nueva normalidad política. Hay demasiado de nuestra historia democrática en juego.


