Guillermo Barquero: A propósito del libro El Método de la Conveniencia Nacional y la frustración de las ideologías

Este libro de Walter, es continuidad de su obra anterior “Organizar el país de un modo diferente”...en mi criterio este otro lo que viene a hacer es  darle alma a la forma de hacerlo, y darle contenido o esencia a ese anterior planteamiento.

Guillermo Barquero Chacón, Politólogo.

Don Walter pretende es ser provocador sobre lo que llama el Método de la Conveniencia Nacional y la frustración de las ideologías. Como siempre pone el tema al debate público y en eso también estriba su espíritu libre y abierto; porque con su actitud, quienes le conocemos,  da a entender, que sí lo que propone no gusta, está dispuesto a escuchar opciones para el  diálogo y así poder avanzar.

Creo conocer bastante bien al Doctor Walter Coto, como para asegurar que su propuesta tiene ese elevado contenido de  provocación;  producto a la vez del encuentro de varios factores: de su desarrollo como ser humano, su vocación naturalista, su experiencia política y profesional, su identidad filosófica,  además de una personalidad inquieta y cuestionadora. Todo ello aunado a una dosis de pragmatismo que ronda también en él producto posiblemente de sus raíces campesinas. Walter ha transitado por los campos minados de partidos cuyas ideologías han contribuido a la arteriosclerosis del pensamiento,  de las que hoy desconfía, sin negar por ello ni su existencia, ni el impacto que ellas tienen en virtud de los intereses objetivos que juegan en el campo económico y social. Él ha sido militante partidista, ejerciendo muy significativos roles en su transitar por esos caminos durante muchos años de su pasado, y en el decir de Martí: conoce al monstruo porque ha vivido en sus entrañas…

Su repaso por las ideologías y otras manifestaciones con narrativas que pretenden serlo o ligadas a ellas es muy útil, por cuanto nos conduce a la referencia de la oportuna analogía que hace sobre cómo el hacha (quizás como lo hacen las ideologías) confunde a los árboles, haciéndoles ver que es de los suyos por tener el mango de madera…aunque pienso también, que la respuesta se encuentra en la naturaleza humana, y lo menciono por la referencia que hace a Maquiavelo, aunque más bien en el sentido de que el comportamiento humano es fruto de las circunstancias y no sólo fruto de las ideas que son usadas para procurar cambiar el entorno político y social.

Lo cierto es que Walter pretende  o procura que seamos pragmáticos, pero siempre pensando en la colectividad y no en los intereses que afectan la conciencia, apela a que escapemos al  pensamiento egoísta que niega la esencia de la solidaridad  inherente a la convivencia social. Porque sí hay un propósito en su propuesta, es sin duda alguna el bienestar de la colectividad. El cuestionamiento deriva entonces entonces, de que sí las ideologías a las que nos hemos adherido, nos han conducido más bien a caminos donde debieron,  y sí su  por narrativa en ellas ha sido vaciada de contenido y razón de ser, en virtud de liderazgos falaces y ahora revestidos con nuevas prendas ovejunas. Por qué entonces no atrevernos a enfrentar los problemas y las necesidades de la población de una manera eficaz; o acaso de un modo diferente, auxiliados ahora por la sensatez y el sentido de la urgencia que poseen las mayorías en las maltrechas democracias. Por qué no tender puentes entre nosotros en vez de construir murallas de prejuicios y animosidad.

Conveniencia nacional significa orientarnos por el sentido de urgencia que evidencian los problemas más apremiantes de la sociedad, reconocer que debemos buscar soluciones y respuestas y atrevernos a enfrentarlas sin prejuicios, sin miedo, y con cierta osadía. Porque sí las soluciones y opciones tradicionales no dan resultado, y peor aún, nos conducen a un estado de postración mayor, entonces por qué no atrevernos a discutirlas y enfrentar nuestros propios mitos en diversos campos… y me atrevo a citar dos particularmente sensibles: el social y el ambiental.

Posiblemente hubo un tiempo en que las cosas se valoraban como hechos y no como ideas concebidas a priori. Es decir que al ser sometidos hechos evidentes y propuestas sensatas, a las camisas de fuerza de las ideologías, esos hechos se convirtieron en fetiches de los programadores a cargo de los partidos políticos que las representaban y entonces terminaron siendo juzgados con el criterio maniqueista de las visiones polarizantes que imponen sus dogmas. Es precisamente por eso mismo que han caído en desuso ante las mayorías,  que a fin de cuentas nunca fueron parte del interés central ni de atención en esas visiones limitantes que constituyen las ideologías.

Este libro de Walter, es continuidad de su obra anterior “Organizar el país de un modo diferente”…en mi criterio este otro lo que viene a hacer es  darle alma a la forma de hacerlo, y darle contenido o esencia a ese anterior planteamiento.

Para comprender la importancia de esta nueva obra eso sí, hay que dejar de lado muchas de las cosas aprendidas, y sobretodo de preconcepciones, las cuales hoy en día resultan estériles para enfrentar los tiempos tan difíciles que estamos viviendo, incluído el  aferrarse a esas tenazas ideológicas. Walter subraya el valor y poder que concede al ciudadano, a la organización, a la colmena para construir, para articular y para señalar el rumbo. Esto también es importante, porque su pragmatismo no da cabida al mesianismo, ni al populismo como respuestas, que asumo estima igualmente falaces  y distorsionadoras de la realidad,  aunque ciertamente comprende el por qué se están manifestando.  Ello nos  exige en su criterio, asumir el comportamiento y la responsabilidad colectiva y solidaria sobre nuestros actos. Lo suyo es un camino, una guía, una luz, en momentos sobretodo de muchas calamidades y en donde reina una gran incertidumbre.

A Walter entonces lo resumo en sus propias citas…“Los electores se fijan más en las personas líderes que en las  agrupaciones políticas. Votan por un candidato y lo eligen aunque no sepan el nombre del partido, pero además no votan por una ideología sino que se fijan  más bien en la agenda política o en alguna causa que promueva el líder de turno…Los pueblos no están votando por las ideologías, están mostrando cada vez mayor escepticismo con los partidos políticos y han dejado de sudar las camisetas y colores que antes los enamoraron…”

En su propuesta esencial sobre un  método de conveniencia nacional claramente indica sus condiciones innegociables:  “El estudio previo del problema de la situación o de los hechos, la formulación del planteamiento, el desarrollo de la reflexión, la producción de un resultado, la participación de los actores involucrados,  y la toma de la decisión final y ejecución”.

Todo ello pone en evidencia su elevada dosis de experiencia para sistematizar la realidad propuesta, aunque quizás el  elemento cohesionador más importante de su libro; ese en el que se centra el corazón de su obra, es el carácter ético en el quehacer. Es decir que toda construcción se sustenta y nutre de la ética y sobre ella se construyen los nuevos valores.  Walter nos advierte que “la ética no es una ideología ni tampoco las ideologías tienen el monopolio de la ética. El valor del ser humano y su dignidad es superior a las ideologías De trata de un valor supremo -sostiene- que debe animar siempre las decisiones y las acciones políticas siendo su fundamento ”.

Este aspecto en mi opinión es el mayor de los desafíos que el autor propone, porque sí algo han minado los partidos, las organizaciones y las ideologías por alguna razón o razones,  es el compromiso moral que sustenta toda aspiración humana. Me refiero al sentido de la solidaridad, de la cooperación y ante todo de la compasión humana. También esto ha sido no sólo vaciado de contenido, sino´además sustituido por principios y antivalores, como aquellos promovidos por los grandes carteles de las drogas.  Esta carencia ética real, se constituye sin duda la mayor amenaza existente y que enfrenta asimismo cualquier modelo político de nuevo cuño…por eso no es de extrañar que sea uno de los aspectos esenciales de Walter.

Su planteamiento es sencillo, desprovisto de ostentaciones, es sensato a quienes la vida les ha enseñado a usar el conocimiento y la experiencia como consejeros; complejo posiblemente para quienes no han transitado aún por esos caminos. De ahí que la tarea de generar conciencia, provocar discusión y diálogo es indispensable al método que propone, particularmente para las nuevas generaciones, con las que no nos diferencian necesidades sino perspectivas para retomar el rumbo cierto.

Es por todo esto que celebro este trabajo de mi entrañable amigo, que no deja de producir, ni de pensar siempre teniendo en mente lo mejor para la colectividad y por supuesto también para los suyos y los más jóvenes.

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