Guillermo Barquero: «Relatos cortos» de Julio Revollo Acosta

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Guillermo Barquero Chacón, Politólogo.

Del prólogo que escribí para el libro «Relatos cortos» de Julio Revollo Acosta.

“Relatos cortos” es el obsequio al conocimiento y la cultura de un autor cuya obra es exquisita, curiosa y fascinante, sobre aspectos poco explorados de la historia social y política relacionados con la diplomacia costarricense en distintas etapas de nuestro desarrollo como nación. Y si bien es cierto, el autor de esta magnífica obra, nos advierte que no son trabajos históricos sino más bien relatos sobre personajes y acontecimientos del pasado, en realidad nos permiten dar una mirada muy diferente a esos hechos que en su momento posiblemente fueron noticiosos. Es necesario subrayar que su gran valor reside, en que son absolutamente desconocidos para la mayoría de nosotros y de una riqueza impresionante.

El autor Don Julio Ernesto Revollo Acosta está más que calificado para una obra de esta magnitud. Su propia biografía es el testimonio de una vivencia excepcional y de una cercanía a la historia y por afinidad diplomática a los acontecimientos tan diversos que aquí se reflejan, en una forma sistematizada y ordenada para mejor comprensión del lector.

Afortunadamente La Revista como proyecto de comunicación nacional, ha servido para que Don Julio Revollo Acosta, nieto de aquel gran Presidente de la República, Julio Acosta García, desempolvara sus escritos y fotografías y las compartiera con un público atento e  interesado en conocer parte de los entretelones de las historias aquí narradas. Con lenguaje claro, citas indispensables y fotografías enmarcadas en el relato, Don Julio Revollo nos deleita con pasajes de los cuales que quizá nunca hubiéramos conocido, ya que en los archivos, salvo los de su propiedad, jamás habríamos tenido acceso.

Y es que no solo se trata de recopilar información durante años, sino que el arte en esto está en saber organizar los datos, darle sentido coherencia, ilustrar y solventar todo responsabilizándose por la autenticidad. En Don Julio encontramos  una coincidencia de factores que permiten hacer esta encomiable  tarea. Él es genealogista por muchas décadas, investigador nato y buscador de lo real, es decir no dejando espacios para la duda. También es un asiduo recolector de documentos de todo tipo: cartas de las más curiosas, recortes de periódicos, fotografías, libros, vídeos y archivos de audio en diferentes formatos.

Sabemos que es amante de la lectura y la música, y que encontró en Santo Domingo de Heredia el escenario ideal para escribir. Su gran experiencia en diversos cargos diplomáticos y como Director de Protocolo del Gobierno en repetidas ocasiones, lo llevó a la primera fila de los acontecimientos. Lo importante en todo esto, es que el autor no se lo guarda para él, más bien lo comparte con los lectores con gran generosidad y con buena pluma. Así, transitar por las páginas del libro que presentamos es entretenido, variado, ilustrativo, informativo y sobre todo educativo para las generaciones actuales y futuras, que gracias a su ingenio, buen humor entretienen y despiertan la curiosidad. Quienes le conocen nunca le han visto enojarse, y eso nos hace disfrutar aún más y con mucho agrado, este congruente conjunto de relatos, un tanto inéditos de la vida nacional.

Nos acerca a personajes muy queridos de nuestro pasado quienes influyeron en moldear la sociedad costarricense del Siglo XIX y el Siglo XX, como  Don Braulio Carrillo, Don Julio Acosta y su papel como Embajador en El Salvador, pero también de otros no tan conocidos; de otras latitudes, pero que de alguna forma incidieron en nuestros acontecimientos como la del General Mariano Melgarejo de Bolivia, Adolfo Díaz Recinos Presidente de Nicaragua,  o eventos sociales de importancia como  la ceremonia nupcial en el Teatro Nacional, de Clarita, la hija de Doña Clara Moreno Cañas, con el diplomático salvadoreño Francisco Martínez Suárez.  Acontecimientos novedosos como la inauguración del servicio de autocamiones a Heredia, la visita a Costa Rica del Director General de la Unión Panamericana Leo Stanton Rowe y su secretario particular William Manger, quienes desembarcan en Puerto Limón en Enero de 1925 y son atendidos por  las altas autoridades del Gobierno de la República, o la visita del Buque Escuela de la Armada Chilena. Un aporte significativo de alto valor lo constituyen las imágenes que  ilustran los importantes relatos históricos, como factor invaluable a la obra de Revollo.

En esta importante travesía el autor nos relata con detalles la visita del primer Presidente norteamericano a nuestro país Herbert Clark Hoover en el acorazado Maryland, con una hermosa descripción del día miércoles 28 de noviembre a las 6 y 30 de la mañana “ el mar estaba tranquilo y el Maryland a marcha lenta, deslizándose suavemente sobre las mansas aguas del golfo, entra en puerto, fondeando a cuatro millas de la boca del río Barranca…”

Muchos costarricenses no sabrán tampoco que el Presidente Franklin D. Roosevelt estuvo al menos en tres oportunidades en la Isla del Coco, realizando pesca deportiva; una de sus pasiones favoritas.  No menos significativa la Conferencia de Paz en San Francisco con la idea de sustituir la Sociedad de las Naciones que  dará paso a la creación de las Naciones Unidas, o bien, el  interesante relato sobre el embajador soviético que nunca llegó a Costa Rica, a presentar credenciales, debido a un accidente aeronáutico en México. Asimismo,  la revuelta que provoca la presencia del poeta y dramaturgo español Eduardo Marquina Angulo, la cual evidencia las posiciones ideológicas revestidas con gran pasión durante la década de los cuarenta. Un encontronazo entre comunistas y fascistas es como de alguna manera se describe la situación vivida en el Teatro Nacional y sus alrededores aquel 13 de Agosto de 1946.

Era una época donde con frecuencia desfilaban importantes personalidades  de la política,  de la realeza, de la iglesia católica y  de la cultura, distinguidos profesionales o personajes,  fuese que llegaran por vía marítima o  a través del aeropuerto internacional de La Sabana, y posteriormente del Juan Santamaría; puertos de ingreso de tantos acontecimientos significativos, que tuvieron lugar en esta pequeña nación. Presidentes, diplomáticos, artistas, científicos, prelados y destacados profesionales;  todos aquellos quienes por una u otra razón sentían la obligación o la necesidad de visitar Costa Rica, que para entonces guardaba, como todavía hoy,  un sitial de privilegio en el ámbito internacional. Esta nación fue el sitio preferido o inevitable para el exilio, de aquellos que no encontraron la paz en sus propios territorios y ello es también fruto de estas narraciones, no sólo Presidentes como Villeda Morales o Lemus López, sino tantos diplomáticos y ciudadanos que se acogieron al derecho de asilo de la entonces considerada Suiza Centroamericana.

Particular mención merece la visita de Nicolae Ceausescu y su esposa Elena que fortaleció las relaciones con la República de Rumania, sobre todo al evocar el final trágico de este líder comunista en las postrimerías de la Unión Soviética, quien terminó siendo odiado y ejecutados ambos el 25 de diciembre de 1989, en manos de su propio pueblo. Tampoco pasa inadvertida la conferencia centroamericana de Presidentes con presencia del Presidente John F. Kennedy en Marzo de 1963, quien sería asesinado en Dallas, Texas en noviembre de ese mismo año.

Destaca dentro de las anécdotas fascinantes ligadas a la Iglesia Católica el caso del culto  Arzobispo que no llego a consagrarse el Pbro. Carlos María Ulloa Pérez, cuya obra social en Costa Rica en favor de los necesitados y fundador del Hogar de Ancianos que hoy lleva su nombre. El Pbro. Ulloa Pérez había sido nombrado para suceder al monseñor Bernardo Augusto Thiel Hoffman quien había fallecido a los cincuenta y un años de edad.

Giovanni Cagliero Cardenal de San Juan Bosco quien fungió como nuncio en Costa Rica, es otra de esas personalidades de la Iglesia Católica que no podía pasar inadvertida, por la obra inmensa de Don Bosco quien en 1859 funda la congregación de los Salesianos y entre los jóvenes a quienes propone la idea se encuentra Cagliero. Es el quien consagra como Obispo a Mons. Antonio del Carmen Monestel Zamora. Como obispo titular de Sora y coadjutor de Comayagua, Honduras. Posteriormente Monseñor Monestel sería Obispo de Alajuela.

Al referirse al capítulo de Héroes y Maestros, encontramos un tesoro de anécdotas relacionadas con la visita y estadía del  Ingeniero Trevithick, un hombre visionario quien procura realizar en Costa Rica varios de sus sueños entre los cuales estaba la explotación de la minería en Costa Rica, además de que se reconoce en él,  la primera personalidad a ese nivel,  en visualizar la importancia del ferrocarril interoceánico. Un hombre, quizás un  incomprendido genio de su época,  quien muere en la miseria y sin embargo su reconocimiento está plasmado en uno de los vitrales de la Abadía de Westminster en  su país natal Inglaterra.

La instalación formal de la masonería a Costa Rica a finales del Siglo XIX representa otro capítulo novedoso en la historia patria, lo mismo con respecto a la Sociedad Teosófica, en ambas el papel del artista  don Tomás Povedano, de Sevilla, España, quien llega a Costa Rica en 1896 es fundamental, un connotado personaje, cuya huella en el campo de la pintura ha sido extraordinaria.

Capítulo no menos notable, el de la presencia del jamaiquino Marcus Mozaiah Garvey en Costa Rica, un autodidacta  luchador en favor de los afroamericanos, fundador de la línea naviera Black Star Line, en aras del panafricanismo para repatriar a todos los afroamericanos explotados y que logra en el Madison Square Garden la primera Convención internacional de la Universal Negro   Improvement  Association (UNIA) que concluye con una Declaración de los Derechos de los Pueblos Negros del Mundo.  Actos tan hermosos como la primera vez que se canta en el Templo de la Música el Himno al Árbol con letra del poeta peruano José Santos Chocano y música del profesor Roberto Campabadal Gorro.

Un detalle interesante lo complementa la presencia de George C. Price Escalante Primer Ministro Beliceño en 1964,  a quien se le confiere la paternidad de la independencia de Belice, su carácter y determinación constituyeron un factor determinante en la tarea que posteriormente habrá de incorporar a Belice en el concierto de las naciones centroamericanas.  Admirador de Costa Rica se inspira en nuestra institucionalidad para seguir soñando con una nación con características muy sui generis. El cierre genealógico de la obra de Revollo es la cereza del pastel, que nos permite conocer en detalle sobre la vida y parentescos de algunos de los protagonistas

En fin,  esperamos que estas palabras introductorias, sirvan para interesar al lector a conocer a profundidad estas anotaciones y otras tantas de Don Julio. Es una obra realmente maravillosa de recuerdos especiales a lo largo de la historia diplomática del país, y sólo un protagonista que de alguna forma las ha vivido,  es quien puede expresarlas en forma tan exquisita.


 

El libro lo pueden adquirir directamente en la librería virtual de Amazon, ya sea para leerlo en dispositivos electrónicos, como también solicitarlo impreso.

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