Guillermo Villalobos Solé: A 80 años de la fundación de la Universidad de Costa Rica

No tengo dudas, que la Universidad de Costa Rica a través de sus actuales autoridades, los miembros del gobierno, en particular, aquellos del sector educación, así como el capital humano que acumula el país, sabrán liderar los cambios necesarios que requiere la educación superior, sin renunciar a los principios y valores que tantos beneficios y satisfacciones le han dado a los costarricenses.

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Guillermo Villalobos Solé, Politólogo

Antecedentes

El próximo 26 de agosto se cumplen 80 años de la creación de la Universidad de Costa Rica, considerada con la más importante y destacada institución de educación superior del país. Sin embargo, al referirnos a los orígenes de la educación superior costarricense debemos remontarnos a la figura del Dr. Florencio del Castillo, representante de Costa Rica en las Cortes de Cádiz durante la Colonia, quién promovió la enseñanza de niños indígenas en territorios colonizados iniciando el camino que permitiera en el año 1814, la creación de la primera institución de educación superior llamada “Casa de Enseñanza de Santo Tomás”.

Ubicada diagonal al Teatro Nacional en la Avenida Segunda y constituida en la Universidad de Santo Tomás, a partir del decreto de gobierno del 3 de mayo de 1843, esta institución es considerada por los historiadores, como el antecedente directo a la creación de la Universidad de Costa Rica, que se ha ganado con méritos suficientes, durante estos 80 años de existencia, la denominación de Alma Mater de miles de costarricenses.

Los años siguientes a 1814 estuvieron marcados por una serie de disposiciones constitucionales y legislativas que fueron sentando las bases de un Estado comprometido con la educación, a pesar de ser en sus inicios, un derecho que privilegiaba a los hombres en detrimento de las mujeres que solo hasta 1833, alcanzaron una educación formal, aunque restringida a los oficios domésticos.

En ese transitar jurídico se llega a la Constitución de 1844 en la que se establece un capítulo dedicado a la educación pública mediante el cual, se consideraba ésta como un derecho de los costarricenses garantizada por el Estado a través de diversas disposiciones legales.  Una decisión clave para comprender el enfoque de desarrollo que ha marcado la historia del país desde las primeras décadas como República Independiente.

Luego de 45 años de aportes al desarrollo del país, la Universidad de Santo Tomás fue clausurada en alusión a razones de índole político, económico e incluso académico que no impidieron que las facultades de Derecho, Agronomía, Bellas Artes y Farmacia continuaran funcionando, aunque de manera aislada. 

Creación de la Universidad de Costa Rica

Es a partir de estos antecedentes, particularmente de la creación de la Universidad de Santo Tomás, que se constituye formalmente, a través de la ley No.362 del 26 de agosto de 1940, la Universidad de Costa Rica, bajo la administración del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia y de su Secretario de Educación Pública, Luis Demetrio Tinoco quien, además, fungió como primer rector interino de la nueva institución educativa de enseñanza superior.

Siete meses después de su creación, el 7 de marzo de 1941, abre sus puertas la Universidad, a través de una oferta académica que recogía nuevamente las facultades de Derecho, Farmacia, Agricultura y Bellas Artes que habían seguido operando de manera independiente y dispersa por varias partes de la ciudad de San José.  A este primer paso se suma posteriormente, la Escuela Normal y un tiempo más tarde, las facultades de Filosofía y Letras y Ciencias e Ingeniería.

Pensar en la creación de la Universidad de Costa Rica, significa reconocer al menos, dos hechos de profunda relevancia para el devenir histórico del país.  En primer lugar, el pensamiento dominante de aquellos costarricenses que, desde los albores de la independencia, se inclinaron por promover y privilegiar la educación y la cultura entre sus conciudadanos y en segunda instancia, las trascendentes decisiones tomadas por los reformadores sociales de los años cuarenta del siglo pasado.

La Universidad de Costa Rica es hija de un pensamiento visionario que supo entrelazar la aspiración de nuestros próceres que concebían un estado comprometido con la educación, (no olvidemos que el primer jefe de Estado después de la independencia fue un educador), y un grupo de ilustres costarricenses entre los que destacaron el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde y Monseñor Víctor Manuel Sanabria, que a lo largo de una de las décadas, sino la más prolifera de la historia del siglo XX, supo conjugar los ideales sociales reformistas con los anhelos de una camada de nuevos líderes que influidos por las corrientes de pensamiento provenientes de la Europa de pos guerra, promovían el desarrollo de un estado benefactor comprometido con la libertad, la solidaridad, la justicia social y las oportunidades para todos.

Por eso, es meritorio reconocer que la decisión política de volver a tener una institución pública de enseñanza superior debe entenderse en el marco del proyecto reformador del Estado costarricense que alcanza su punto culmen en los años cuarenta, seguido de un modelo de desarrollo promovido desde una decisiva participación del Estado en la vida nacional que auspiciaran tanto, los jóvenes del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales encabezado por Rodrigo Facio, como los líderes políticos que acompañaron al caudillo José Figueres Ferrer a partir de la creación de la Segunda República.

La Universidad de hoy

Ochenta años después de este acontecimiento que ha marcado un antes y un después para la sociedad costarricense, la Universidad de Costa Rica, cuenta con uno de los campos educativos más amplios y diversos. Cuarenta y nueva escuelas adscritas a nueve facultades, cuatro facultades no divididas en escuelas, un sistema de educación general, un sistema de estudios de posgrado, ocho carreras interdisciplinarias, seis sedes regionales, una sede interuniversitaria y seis recintos universitarios, que se complementan con una amplia gama de unidades especiales de investigación, centros e institutos, estaciones experimentales, fincas y reservas, laboratorios, programas, cine, teatro, coro, publicaciones y medios de información,  que hoy atienden a una población que ronda los cuarenta mil estudiantes, los cuatro mil docentes y otro tanto igual de administrativos y que a lo largo de todos estos años, han graduado a cientos de miles  de profesionales en las más diversas áreas del conocimiento, las ciencias básicas, las artes y las letras, las ciencias sociales, las ciencias agroalimentarias, las ingenierías y la salud.

Ser un profesional graduado de la Universidad de Costa Rica, es un honor que se distingue por el reconocimiento nacional e internacional que tiene la institución.  Una de las últimas clasificaciones entre 29,426 Universidades en el mundo, la Universidad de Costa Rica se ubica en el puesto 886, en el lugar 31 en Latinoamérica y como la número 1 en América Central. (Ranking WEB de Universidades, enero 2020).

Con casi 740 Hectáreas, la Ciudad Universitaria “Rodrigo Facio”, nombre que acordara el Consejo Universitario en 1962, es el símbolo más destacado no solo por ser su sede principal, sino porque ahí se encuentran las infraestructuras más importantes entre las que se destacan, los institutos, centros, bibliotecas y oficinas administrativas. Diversos datos cuantitativos e históricos la colocan en una posición de claro liderazgo en Costa Rica y Centroamérica, gracias al fuerte desarrollado de la investigación, lo que ha repercutido directamente en la calidad de su docencia y su acción social.

Quizás uno de sus puntos más relevantes entre sus grandes reconocimientos, está la declaración de Institución Benemérita de la Educación y la Cultura de Costa Rica, que le otorgara la Asamblea Legislativa, mediante el decreto N°8098 del año 2001.

Reconocida por la Constitución Política en su artículo 84 y por su propio Estatuto Orgánico, la Universidad de Costa Rica es una Institución autónoma de educación superior, que goza de independencia en el ejercicio de sus funciones y tiene plena capacidad jurídica para adquirir derechos y contraer obligaciones.  Destacan sus propósitos de estimular la formación de una conciencia creativa y crítica en las personas que integran la comunidad costarricense; la búsqueda permanente y libre de la verdad, la justicia, la belleza, el respeto a las diferencias, la solidaridad, la eficacia y la eficiencia; la formación de profesionales en todos los campos del saber en el que se integra una cultura humanista;  además de su contribución decisiva al progreso de las ciencias, las artes, las humanidades y las tecnologías desarrollando personal idóneo que se dedique a la enseñanza y al desarrollo del sistema de educación del país, que a su vez impulse la docencia, la investigación y la acción social, elevando el nivel cultural de la sociedad y promoviendo el estudio de los problemas de la comunidad.

En este sentido, son incontables los aportes que la Universidad le ha dado al Estado, al desarrollo económico, político, social y cultural del país, a los diferentes gobiernos a través de la formación de  funcionarios públicos que transitan por la institucionalidad de la República, a la empresa privada a partir de la formación de un recurso humano que se distingue en sus diversas expresiones profesionales y productivas, a la formación de un pensamiento y una conciencia crítica que ha permitido fortalecer la institucionalidad democrática y la articulación social que ha promovido el debate libre de las ideas, la paz, la ética y el humanismo.

Hablar de la Universidad de Costa Rica es tener presente a los más ilustres costarricenses. Una larga lista de profesionales que han llegado a ocupar los más altos cargos públicos y de elección popular, que han destacado en la gerencia y dirección de empresas nacionales e internacionales, que han dedicado sus vidas a la investigación y han puesto en alto el nombre del país por su descubrimientos, que nos llenan de orgullo por sus publicaciones científicas en las principales revistas internacionales y que se convierten en los embajadores de una cultura, una idiosincrasia y unas tradiciones de los nobles valores del ser costarricense. 

Perspectiva

A pesar de estas consideraciones positivas que nos llenan de orgullo y satisfacción en un rápido balance entre logros y falencias, es importante mirar hacia adelante y pensar en la Universidad de los tiempos actuales.  El rol de la Universidad en un mundo globalizado, en tiempos de cambios acelerados caracterizados por el conocimiento y los avances de la tecnología. Es tiempo de saber interpretar la sociedad moderna sin olvidar la ética, la filosofía, el humanismo y la naturaleza.

La Universidad de hoy no puede convertirse en una máquina acelerada de producción de profesionales que responden exclusivamente a un modelo de desarrollo consumista, individualizante, asimétrico y amenazante para la sobrevivencia de nuestra especie y en donde el fin último parece ser el valor material de los bienes y servicios, incluyendo el ser humano que se reduce a una simple mercancía.  Necesitamos una institución de educación superior que ciertamente, sea capaz de preparar los mejores profesionales para el mercado, pero con un compromiso con el desarrollo humano, el respeto a los derechos individuales y colectivos, el compromiso ético con la vida, el continuo apoyo a la investigación y la extensión social, la promoción de la ciencia, el arte y la cultura y en concordancia con los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas con los cuales está comprometido el país.

Recientemente una Comisión de la Asamblea Legislativa ha emitido criterios respecto al Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), lo que ha hecho reaccionar a las autoridades universitarias a través de la conformación de una comisión institucional integrada por académicos, representantes de la Federación de Estudiantes (FEUCR) y del Sindicato de Empleados de la UCR (SINDEU) para el estudio y preparación de un documento institucional de análisis y respuesta.

Este 22 de junio, el rector Carlos Araya Leandro, le hizo entrega al Presidente de la Asamblea Legislativa el informe con el análisis y respuesta a los dictámenes de la Comisión y en el cual se destaca una actitud autocrítica al tiempo que se señala que el informe de mayoría es deficiente en su concepción respecto a lo que es una universidad pública, evidencia una visión economicista sobre el desarrollo y el bienestar, reproduce estereotipos sobre las universidades públicas y brinda descripciones sesgadas e incompletas de sus aportes al país.

Al tiempo que se reafirma la importancia de la autonomía universitaria se asegura que las soluciones a las debilidades de la educación superior nacional deben ser el resultado de una visión integral, que abarque a todos los actores del sector, y considere la necesaria heterogeneidad de sus diversos componentes. No existe, en el caso de las universidades públicas, una única “universidad del futuro”, pues cada una de ellas, según lo muestra con toda claridad su historia, ha aportado y sigue aportando al progreso nacional y a la construcción de una mejor calidad de vida para toda la población, según su propia misión y mandatos estatutarios, adoptados en el ejercicio de su autonomía”. (Andrea Marín, Periodista, Oficina de Divulgación e Información)

No cabe duda, que es sano y saludable para el país, el análisis de la educación superior y particularmente, de la Universidad de Costa Rica, sin embargo, este no puede hacerse al margen de los actores principales y de una visión que corresponda a los principios fundamentales que han guiado el Estado costarricense, así como a las políticas públicas de promoción y desarrollo de la educación, cómo vértice de una sociedad más justa, incluyente, democrática y solidaria.

Algunas tendencias a tener presente

La Conferencia Mundial sobre la Educación Superior (1998), convocada por la UNESCO, y las Comisiones de Seguimiento de dicha Conferencia, hicieron sugerencias valiosas de cómo afrontar los desafíos más urgentes entre los que destacan:

  • La actualización permanente de los profesores, de los contenidos y del currículo.
  • La introducción y/o consolidación de redes electrónicas para el aprendizaje.
  • La traducción y adaptación de las principales contribuciones científicas.
  • La modernización de los sistemas de gestión y dirección.
  • Y la integración y complementación de la educación pública y privada, así como de la educación formal, informal y a distancia.

La mejora continua que hoy debe convocar a las autoridades de gobierno y de la propia universidad deben caminar por algunos derroteros que a modo de ejemplo me permito dejar planteados:

  • La masificación de la educación sin disminuir su calidad.
  • El auge de las TIC y su importancia en la sociedad del conocimiento.
  • La relación de la educación pública y la educación privada y la regulación de ésta última.
  • El financiamiento estatal de la educación pública y nuevas formas de auto financiamiento.
  • La auto gestión, evaluación y rendición de cuentas de la educación pública superior.
  • La inequidad en el acceso a la educación pública superior por motivos de género, etnia, religión o clase social.
  • El régimen salarial y los beneficios adicionales en correspondencia con la realidad socio económica del país.
  • La actualización curricular y la flexibilización y/o diversidad de modalidades metodológicas de enseñanza.
  • Una educación que garantiza una adecuada formación del capital humano a partir de una visión de desarrollo compartida por el liderazgo nacional.
  • Liderar el pensamiento crítico en el país.
  • Y plantearse el cambio como una constante oportunidad de mejora y no como una amenaza al status quo que tiende a anquilosar su rol de promotor del desarrollo.

Para liderar el cambio y la innovación, para reinventar la universidad y lograr su auto reforma permanente, es necesario tener voluntad política de cambio, un proyecto institucional sólido, una amplia información sobre la universidad en las distintas regiones del país, y conocimiento acerca de experiencias relevantes de transformación universitaria. (Francisco López Segrera en Tendencias de la educación superior en el mundo y en América Latina y el Caribe)

No tengo dudas, que la Universidad de Costa Rica a través de sus actuales autoridades, los miembros del gobierno, en particular, aquellos del sector educación, así como el capital humano que acumula el país, sabrán liderar los cambios necesarios que requiere la educación superior, sin renunciar a los principios y valores que tantos beneficios y satisfacciones le han dado a los costarricenses.

 

Guillermo Villalobos Solé
Politólogo con estudios de maestría en Administración de Empresas.
Consultor Internacional / Presidente de Servicios de Asesoría Socio Económica S.A. / Asesor del Presidente de la República de Panamá / Consultor de OPS – Panamá y de la CIPV.


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