Guillermo Villalobos Solé, Politólogo / Consultor

En días pasados La Revista publicó un artículo de Elliot Coen, “No más PLN”, -en el cual hace una serie de señalamientos sobre la realidad de la información digital, y los vacíos prevalecientes en las dirigencias políticas, de entendimiento y acción-, sobre lo que vale la pena comentar por su actualidad y severidad.

Debo partir reconociendo que tengo coincidencias en la interpretación hecha a partir de los hallazgos mostrados y en general con la idea de que el Partido Liberación Nacional (PLN), como estructura política con larga trayectoria de gobierno y motor del modelo de desarrollo seguido por el país a partir de su creación el 12 de octubre de 1951 en La Paz de San Ramón, es un actor aún vigente en el escenario político nacional.

Sin embargo, deberían ponerse sobre la mesa las causas de la crisis de los partidos tradicionales en Costa Rica y en buena parte del nuestro continente.

Desde los años 90 en CEDAL comenzamos a organizar foros, debates e incluso estudios sobre las implicaciones del nuevo modelo (mundialización o globalización), sobre los colectivos, particularmente partidos políticos y sindicatos. Y advertíamos de los vicios y errores internos de esos colectivos que se sumaban a las causas externas en una suerte de articulación perversa que no solo iría desfigurando las organizaciones en sus concepciones, sino que además, podría tener efectos sobre la democracia misma como modelo de confianza para la ciudadanía respecto a la solución de los principales problemas que se tienen.

A partir de los años 90 el modelo exitoso impulsado por el PLN, inicia una especie de zigzagueo ideológico y programático que a lo largo estos últimos 30 años ha mostrado contradicciones, e incluso desorientaciones que lo están haciendo pasar del líder del modelo de gestión política y pública exitosa, al verdugo y responsable de los viejos y nuevos problemas no resueltos. Justo, injusto, cierto o no, esa parece ser una de las consecuencias que hoy vive el Partido.

Permítanme preguntar, desde cuándo no se tiene una visión sólida y clara de la Costa Rica moderna, basada en principios permanentes de justicia social, de solidaridad, incluyente y simétrica en su desarrollo territorial, comprendiendo que los instrumentos, las políticas y programas son variables y flexibles en un mundo en constante cambio.

Las palabras proféticas de Daniel Oduber, cuando advirtió que el PLN se estaba convirtiendo cada día más en una maquinaria electoral y menos en un Partido Político, se fueron haciendo realidad hasta convertir al Partido en un espacio de disputas electorales, por cierto entre algunos estimables apellidos, que como Monarquías pretenden heredar el poder, sin permitir auténticos espacios de relevo y la emergencia de nuevas generaciones.

Me pregunto ¿desde cuando el Partido no hace un estudio y una interpretación sobre el papel de la juventud, sus aspiraciones, sus necesidades y sus perspectivas? ¿Por qué no hemos sido capaces de hacer un análisis autocrítico de la Costa Rica que hoy tenemos?

Son las Naciones Unidas, los organismos financieros internacionales, algunas universidades y el Estado de la Nación, los que nos recuerdan que la pobreza creció o en el mejor de los casos se estancó; que la distribución del ingreso es más desigual; que el desarrollo territorial es más asimétrico; que algunas estructuras del partido están en manos de grupos lumpen; que corremos el riesgo de la penetración del crimen organizado; que el país ha perdido movilidad social; que la educación pública se ha deteriorado; en fin, una actitud que supere el calendario electoral y mire el presente con responsabilidad.

Termino preguntando cuál es el tipo de partido político que hoy debería existir? Estamos dispuestos a ser disruptivos? Queremos construir ciudadanía que implique fortalecer la democracia y la institucionalidad? Tenemos una propuesta de nueva gobernanza?

Esas son quizás algunas de las preguntas que deberíamos hacernos para entender mejor lo qué pasa y para reformar el PLN como espera una mayoría, según los planteamientos de Elliot Coen, aterrizados en la urgente necesidad de que este partido y creo, otros también, deban de ajustarse a los tiempos actuales en términos doctrinarios, organizativos pero con grado de urgencia en materia de comunicación.

Los agravios contra el sistema democrático son evidentes y se torna inadmisible que algunos políticos no los quieran ver y hagan lo del avestruz ante las claras evidencias.

Es imperioso salirle al camino al populismo descarado y desbocado.