Guillermo Villalobos Solé, Politólogo / Consultor

Por varios años he insistido que factores externos propios del modelo globalizado que se ha seguido en el mundo en los últimos 30 años tienen incidencia importante en el devenir de nuestros países y que nadie parece escaparse de esas consecuencias.

Desde luego, que no estoy diciendo que el modelo haya sido el culpable de todos nuestros males ni tampoco desconozco la incidencia de los factores internos de cada país en este escenario, que transita por todo el mundo con algunas variables comunes y transversales y con otras propias de cada realidad.

La globalización ha traído consigo muchos beneficios que son innegables, pero también ha contribuido a agravar varios de los problemas que arrastramos y potenciar otros que no necesariamente estaban presentes en algunas de las llamadas naciones en vías de desarrollo e incluso desarrolladas.

Estamos en un proceso de transición geopolítica de dimensiones planetarias y hacia lo interno de los países muchos de ellos viven una rebelión contra un sistema democrático imperfecto, muchas veces manoseado por una dirigencia política que ha privilegiado sus intereses personales o sectoriales en detrimento de los grandes objetivos de un desarrollo incluyente y con justicia social.

Poderes e instituciones públicas que han sido penetradas por poderes fácticos, el incremento del narcotráfico y el crimen organizado (unos países como productores, otros como espacios de tránsito y otros como grandes consumidores) y una sociedad que está convirtiendo el materialismo en el fin último de la vida; en un proceso acelerado de deshumanización que tiende a reducir al ser humano a una mera mercancía de consumo y de cambio. Esto sin mencionar las implicaciones de nuevos elementos como es el caso de la inteligencia artificial y el cambio climático.

Con un contexto tan singular como el que estamos viviendo hace casi inviable una democracia y sistemas políticos tradicionales que fueron relativamente útiles en tiempos pasados.

Política y desarrollo tienen que darse la mano si queremos evitar esta reacción anti sistema y outsider que nos lleva a experimentos neo populistas autoritarios que al final, terminan siendo el remedio peor que la enfermedad.

El cambio que vivimos es estructural y para algunos es de civilización con lo cual no podemos pretender tener resultados diferentes si seguimos con el librito antiguo como guía de nuestro quehacer.