Guillermo Zúñiga: ¡O nos unimos, o nos hundimos!

Mientras la economía crezca robusta, la cobija alcanza para todos. Cuando la economía se empieza a contraer, salta el conflicto. Son los grupos pugnando por apropiarse del excedente económico. Y el conflicto, lamentablemente, también es una realidad. Un país no puede avanzar con este grado de conflictividad.  

Guillermo E. Zúñiga ChavesEconomista.

El título lo extraigo de la homilía que dio Monseñor Salazar el pasado 2 de agosto en Cartago. Sintetiza el mensaje político que dio la Iglesia Católica. Y es que hay que decir que la Iglesia Católica no es nueva en estas contiendasSi alguna religión ha reflexionada sobre la cuestión social, a lo largo de los siglos, es el Catolicismo.  Claro, hoy  están más activos en los asuntos socio políticos bajo el liderazgo del Papa Francisco. Por eso bienvenido el tono de la homilía. Como ellos mismos dicen:  La política es el esfuerzo por construir el Bien Común”.

La situación nacional cada vez se pone más cuesta arriba. Y lo que es más grave, cada vez aumenta la confrontación. Una huelga programada para dos días en la CCSS, ante la imposibilidad de sentarse a negociar, se extiende por el resto de la semana, con los impactos directos en los asegurados.  Los maestros deciden sumarse a las protestas a media semana. Y los miembros del Encuentro Social Multisectorial quieren ver resultados.

El Gobierno ha sido lento frente a estos acontecimientos. No ha mostrado la determinación necesaria para dar salidas prontas a los conflictos. A veces parece que aguarda el desgaste de los actores, pero termina llamándolos a negociar. ¿Para qué calentar más las cosas atrasando los encuentros? Eso crea incertidumbre y enojo.

Grupos piden actuar contra los sindicatos y contra quienes protestan. Incluso, desde la Asamblea Legislativa se pide a la fiscalía que actúe frente a las huelgas. Los grupos desean desconocer la existencia de los otros y pugnan por llevar adelante sus agendas e impulsar sus intereses. Reclamos van en uno y otro sentido. Es un diálogo de sordos.

La partes harían bien en escuchar el consejo del Obispo: “Por eso el gobierno de turno y quienes lo adversan, deben estar siempre dispuestos a escuchar, a negociar y a dialogar. La política es el arte de negociar: a veces ceder para ganar todos. Es mejor un mal arreglo que un buen pleito”.

MÁS QUE PERCEPCIÓN SICOLÓGICA. Los problemas económicos son reales y el desasosiego socio-político los agrava. El desempleo del 11,9% está ahí; el subempleo de 10,3% está ahí; juntos representan 22% de la población, más de la quinta parte, con problemas de empleo y desde luego de ingresos para sus familias. Más que números son personas de carne y hueso, seres humanos que no pueden satisfacer su derecho al trabajo pleno, que les garantice atender sus necesidades esenciales y las de su familia. La gente se siente amenazada, la plata no alcanza y está muy endeudada.

El flojo crecimiento económico de 2,2 % es una realidad. El déficit fiscal más alto, proyectado a 6,3 % del PIB para final de este año, a pesar de la Reforma, es otro dato crudo. La contracción  del sector comercio, la agricultura,  la industria para el mercado local y el sector construcción son realidades duras. ¡Por Dios, todo esto es mucho más que percepciones sicológicas!

La reforma fiscal trajo una leve tranquilidad al sector financiero y tenedores de la deuda del Gobierno; los eurobonos  y el endeudamiento externo pactado dan respiro al mismo sector y de paso ayudan a bajar el tipo de cambio, y quitan presión a los intereses. Pero hasta ahí. Los banqueros saben que si la economía real no camina, tarde o temprano, eso llegará a impactarlos, empezando por la morosidad de las carteras crediticias. ¡Ojo con esto! Los riesgo de morosidad que se están incubando son muy altos y las autoridades debieran tenerlos muy en cuenta.

Mientras la economía crezca robusta, la cobija alcanza para todos. Cuando la economía se empieza a contraer, salta el conflicto. Son los grupos pugnando por apropiarse del excedente económico. Y el conflicto, lamentablemente, también es una realidad. Un país no puede avanzar con este grado de conflictividad.

CONCLUYO. Lleva razón el Obispo cuando señala: “¡Unámonos para sacar adelante este país! ¡O negociamos como hermanos, o estamos sembrando la semilla nefasta de la violencia y de la dictadura!” Y su ya famosa frase:“¡o nos unimos, o nos hundimos!”Por favor, hay que tomarse en serio los esfuerzos de diálogo. La negociación debe dar frutos pronto. ¡Es urgente!

 


Guillermo E. Zúñiga Chaves
El autor es Académico, economista, consultor, Ex Ministro de Hacienda y Ex Diputado
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