Gustavo Arroyo: Ciudades modernas, desafíos y peligros en el contexto actual

El ciudadano debe ser un componente activo de su ciudad, de la cual crea una relación de interdependencia y de amistad. El arribo o ingreso a esta, lo hace útil para la ciudad y se reencuentra a sí mismo en los espacios públicos y privados, identificándose con el entorno y con los demás miembros.

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Gustavo Arroyo González. Abogado

La gran área metropolitana, cuenta con una población de 2,3 millones de habitantes, y según las proyecciones para el 2050, se estima que estarán viviendo en esta zona geográfica, 10 millones de personas hacinadas, con edificios que crecen desproporcionadamente y con gente cada vez más estresada, soportando niveles de criminalidad que alcanzan los 380 homicidios durante el año 2019, derivados principalmente del problema del tráfico de droga, siendo San José el cantón, con los mayores niveles de inseguridad ciudadana.

La flotilla nacional, supera los dos millones de vehículos, según datos oficiales de Tributación Directa. De esa cantidad de vehículos registrados que operan con combustibles fósil, ingresan al perímetro de San José, más de un millón diarios. En consecuencia, la alta circulación de vehículos, hace que se concentre el 60% de gases de efecto invernadero en la Gran Área Metropolitana, con ello las enfermedades de carácter respiratorio, y las alergias, van en aumento.

La cantidad de autos particulares creció en un 60% en los últimos diez años, según el Estado de la Nación del 2018, agudizando los problemas de movilidad urbana en la GAM y generando un mayor impacto para el ambiente.

La ineficiencia en el transporte público favoreció un uso comparativamente alto de automóviles que complica y encarece la movilización”, indicó el informe.

Otra de las amenazas que deben enfrentar diariamente los habitantes de las ciudades, como San José, es la producción de 4.000 toneladas de basura recolectada por día, de la cual 522 toneladas son plástico, que se recicla y 340 toneladas llegan a los vertederos de basura.

Aspiramos a que las megalópolis como se denominan a las mega-ciudades modernas, sean sitios inteligentes, con espacios multifuncionales, de optimización de rutas, con el uso de medios de transporte ecológico y al manejo efectivo de las amenazas producto de factores externos del clima, sociales, y del propio desorden interno que crea un caos que se va haciendo inmanejable y generalizado a toda la población.

Recordemos que el principal indicador de la efectividad de una ciudad es el tráfico bien regulado, según indican los expertos Es necesario afianzar las carreteras de circunvalación para reducir el paso de vehículos por nuestra capital y diseñar un plan maestro que sea práctico, para aflojar y desentrabar el tráfico vehicular.

La tendencia actual es que la gente se movilice en vehículos eléctricos y con capacidad para pocos pasajeros, así como el transporte colectivo de medios inter-urbanos no contaminantes como los trenes eléctricos.

Con ese enfoque integral, la idea es potenciar las zonas públicas, mediante el rescate de las tradiciones artísticas y estéticas, para crear un ambiente cultural con el fin de enriquecer la ciudad. De ahí que los espacios públicos puedan ser polifacéticos y multifuncionales, y no sólo lugares de ocio o entretenimiento, por ello dichos espacios deben ser lugares que despierten en los habitantes de la ciudad recuerdos, emociones y sentimientos, con el objetivo de encontrar identificaciones sociales y culturales para integrar a la gente  en ciudades amigables e inclusivas, con sistemas ecológicos y de participación ciudadana, en la medida que el habitantes asuma responsabilidad compartidas con el Estado y los entes municipales. Además de lo anterior, deben ser ciudades que garanticen las zonas peatonales para todos los habitantes de formas segura, de tal forma que no pongan en riesgo la vida y la salud, especialmente para las personas con discapacidades. Es decir. debe existir una garantía que los valores de la igualdad y la participación se respeten y cumplan para todos en idénticas condiciones

Por otra parte, nuestra matriz energética, es también una de las causas principales que inciden en el cambio climático del país, por el uso frecuente de aparatos que agotan excesivamente la cuota energética a costos altos, y otros como los aparatos que contribuyen a contaminar el ambiente como los aires acondicionados y los que generan gas metano. En ese mismo sentido, los malos hábitos alimenticios crean un deterioro en la calidad de vida de las personas, que se ven afectadas por la aparición de nuevas enfermedades como los padecimientos del corazón y la diabetes tipo 2, así como la aparición de virus y plagas como el Dengue o el Zika, que se adaptan a las nuevas condiciones del ambiente.

Asimismo, el factor ambiental también nos pasa la factura, el consumo del agua embotellada en Costa Rica, es otro de los factores que afecta al ambiente y por consiguiente a la salud pública, debido a que el 90% del agua embazada contiene partículas de plástico. Es decir, una ciudad que ofrece servicios como la venta de agua potable para el consumo humano, debe garantizar que los embaces sean reciclables, para no afectar la salud de las personas y de los visitantes, de lo contrario, la ciudad se expone una alta contaminación por los desechos de plástico y los residuos contaminantes en la salud humana.

Otro dato importante a destacar, es que en la Gran Área Metropolitana, se registran 35,429 empresas y en estas trabajan unas 729,713, personas, que deben desplazarse a estos lugares diariamente. Para la población trabajadora, los costos económicos derivados del congestionamiento vial en la GAM, representan alrededor de un 3,8% del PIB al año, y los empleados públicos por otro lado, que registran más de 330 mil funcionarios, en su mayoría trabajan en la Meseta Central.

Una encuesta de la Contraloría General de la República reveló que el 25% de los costarricenses de la Gran Área Metropolitana tardan hasta dos horas al día para llegar a sus destinos.

Este es el panorama que compartimos diariamente todos los costarricenses que vivimos en la Gran Área metropolitana.

Paradójicamente las carreteras se hicieron para facilitar la movilidad de las personas y para impulsar el desarrollo del comercio y hacer fluido el tráfico de bienes y servicios en general, sin embargo, las calles se han convertido en un obstáculo para la vida de las personas y el progreso del país.

A raíz de estos nudos urbanos, el ciudadano se ve obligado a vivir cada vez más cerca de los sitios de trabajo, para ahorrar tiempo, dinero y combustible por el tráfico vehicular, sin embargo, el costo de la vida está alto y las opciones de vivienda se facilitan a precios exorbitantes, para que los usuarios sigan alquilando, sin más remedio que pagar altos precios, por pequeñas soluciones habitacionales.

En resumen, cada persona que se traslada a su lugar de trabajo deberá en estos tiempos de las grandes urbes aceleradas, enfrentar múltiples situaciones concurrentes, entre ellas: experimentar altos niveles de tensión, crece el estrés y soportar un deterioro en la calidad de vida, al someter a presión los órganos vitales, y como resultado un aumento en las estadísticas de las instituciones de salud pública . Una “ciudad enferma, es una ciudad improductiva” que no tiene aspiraciones a mejorar el nivel de vida de sus pobladores, agudizando los niveles de violencia, alterando con frecuencia el estado emocional y la frustración de pertenecer a una ciudad que no contribuye a frenar o combatir las patologías sociales y físicas, y  no fomenta ningún tipo de vínculo o nivel de pertenencia.

El mismo estudio de la Contraloría General de la República, se estima que el país pierde anualmente 2% del Producto Interno Bruto por el congestionamiento vial en las ciudades costarricenses.

El diseño de la infraestructura, así como las carreteras y las rutas nacionales, fue pensada con una visión cortoplacista, no se imaginaron la vertiginosa explosión demográfica después de los grandes acontecimientos como la Segunda Guerra Mundial y la preeminencia de los derechos humanos. Este fenómeno del crecimiento poblacional, dio inicio a un proceso de debilitamiento sobre los servicios públicos y las demandas de la población, basada en servicios múltiples inspirado en el modelo de consumo multifactorial. Las grandes ciudades y centros urbanos crecieron para atender básicamente necesidades de mayores servicios y en ofertas para los consumidores, pero ello no implica una dieta saludable y compatible o conexa con una nivel de vida espiritual, social y emocional que haga cada vez más viable el deseo de los administrados a vivir en los centros urbanos de población con cero contaminación ambiental, sónica, respiratoria, visual y la superación de la frialdad de una relación que se da entre el factor tecnológico y urbano y lo individual tremendamente marcado.

Perspectivas y oportunidades

Es indispensable reducir las distancias mediante formas de transporte modernos intermodales, para potenciar la competitividad de los bienes y servicios y la atención de las necesidades básicas. El tren inter-urbano interconectado con otras formas de transporte constituye  en el área metropolitana, una solución para el mejoramiento social, en el marco de una política de ordenamiento territorial, a efectos de contar con servicios de transporte de esta naturaleza, que reduzcan las distancias, y el flujo vehicular, y disminuyan las emisiones de gases contaminantes, en el marco de un proceso de transición de medios de transporte contaminantes, a medios factibles a base de energías limpias y alternativas..

Las ciudades como las nuestras en proceso de modernización y replanteamiento urbano, deben aspirar a un reordenamiento territorial y a un rediseño de sus estructuras urbanas, a partir de infraestructura y construcciones inteligentes y materiales compatibles con el ambiente, así como de espacios públicos comunitarios con entornos saludables y resilientes. La idea es que las ciudades, sean espacios geográficos seguros, confortables, libres de contaminación sónica, de contaminación visual, de desechos sólidos y de polución en general. Es fundamental iniciar una cultura de compromiso y acompañamiento entre las instituciones públicas y la sociedad civil, a partir de la proyección de las ciudades como “espacios vitales.

Se requieren planes de ordenamiento territorial en todos los cantones del país, con el objeto de que los pobladores se sientan identificados al ser parte de una comunidad inclusiva, que opera como centro de actividades diversas, donde coexista el intercambio de bienes y servicios, el arte, la música, la gastronomía y el esparcimiento entre otros.

El ciudadano debe ser un componente activo de su ciudad, de la cual crea una relación de interdependencia y de amistad. El arribo o ingreso a esta, lo hace útil para la ciudad y se reencuentra a sí mismo en los espacios públicos y privados, identificándose con el entorno y con los demás miembros.

La identificación pasa por la simbiosis con el entono, y ello significa, la protección, el cuido, la conservación de áreas públicas, limpias y seguras, donde concurra la fusión de múltiples identidades cuya pertenencia a un modelo de sostenibilidad, contemple un conjunto de variables, desde el esparcimiento y la salud mental, pasando por la protección de los bienes públicos y la recuperación del aire y la conservación integral del paisaje.

Las ciudades lejos de ser lugares seguros, amigables o inclusivos, se han convertido en sitios de amenaza o riesgo para las personas. La idea es que se construyan espacios aptas para el descanso, la habitualidad, la residencia, el desarrollo comercial, el crecimiento personal, la conservación ambiental, espacial y habitacional, como elementos esenciales para la concreción de un modelo o estilo de vida que descansa en ciudades terapéuticas.

Los espacios públicos son “líneas geográficas para el pleno  esparcimiento”. Estos se han transformado en lugares o ciudades de alto riesgo” como ocurre en las sitios actuales y grandes urbes. Las amenazas están a la orden del día, los índices de violencia, la contaminación por la flota vehicular que creció en un 60% en los últimos 10 años.

Deberían existir estándares mínimos sobre el diseño de construcciones, como parte de la aspiración de un modelo integral de ciudad, donde se desarrolle una relación simbiótica entre los ciudadanos y las edificaciones. Las ciudades son el reflejo de las políticas de planificación y ordenamiento de un Gobierno, gracias a un activismo público enfocado en el diseñado del entorno, comprometido con el bienestar de la gente.

En el marco de modernización de las ciudades, partiendo de un enfoque integral, las sociedades democráticas deben cerrar o reducir las brechas sociales, para que los espacios entre lo público y lo privado sean formas no de separación sino de encuentro, la interrelación debe ser un compromiso de cada uno de los actores en el mejoramiento de ordenamiento urbano, con la participación y acompañamiento de la empresa privada, el ciudadano y el Gobierno.

Sobre los servicios públicos, áreas públicas y los derechos fundamentales:

Los usuarios deben encontrar en cada una de las ciudades los servicios óptimos que hagan posible la realización plena de sus derechos fundamentales, es decir, los derechos de las personas deben materializarse o hacerse efectivos mediante la actuación material de la administración pública, a través de esquemas de participación como la concesión pública, los contratos de gestión interesada, o las alianzas público-privadas, con el fin de brindar mejores servicios a los usuarios a partir de la coparticipación Estado-empresa privada.

De qué sirve una administración pública moderna, si los servicios públicos son deficientes o sencillamente no se brindan a todos los ciudadanos por igual y en especial en las grandes ciudades donde la desigualdad viene marcada por regiones geográficas, donde existen sectores sociales que gozan de ayuda oportuna y rápida del Estado, mientras que otras áreas del país, especialmente en zonas de menor desarrollo relativo experimentan una exclusión de los beneficios del modelo de desarrollo y de una respuesta institucional deficiente, de ahí que la pobreza según el Informe reciente del Estado de la Nación, se concentró en las regiones del Pacífico Central y Brunca, con niveles del 29%.

Estamos anclados en una etapa del desarrollo nacional que impide la inversión pública extranjera y privada por la deficiente calidad de los servicios, por los trámite engorrosos y por incertidumbre reflejada en la economía nacional, a pesar de que las oportunidades que tiene el país, como la conservación del ambiente y la estabilidad política, hacen de Costa Rica o buen clima de inversiones, pero que contrastan con un alto costo de los servicios un transporte convencional deficiente y una infraestructura decadente y obsoleta que tiene colapsado al país.

La resiliencia en las ciudades

La resiliencia definida como la capacidad de adaptación a los cambios y circunstancias del entorno, en las ciudades no ocurre por casualidad.

Requiere vigilancia y apoyo constantes para desarrollar su capacidad de absorber el impacto de los peligros y amenazas. También para proteger y preservar la vida humana. Limitar daños, destrucción de activos públicos y privados, y proporcionar infraestructura y servicios.

Una de las aportaciones relevantes de la nueva concepción de los procesos socio-ambientales, en el marco de la resiliencia, es la idea de concebir al territorio como recurso y factor de desarrollo y no sólo como soporte físico para las actividades y los procesos económicos (Troitiño, 2006).

El modelo de ciudad Ideal

Todos los arquitectos destacados como Norman Foster o Cesar Pelli, coinciden en que las ciudades deben ser centros que recuperen valores cívicos, con más transporte público moderno y eficiente, menos carga de vehículos privados, sitios de esparcimiento y de encuentro culturales y educativos, de identificación social, donde se maneje los menores niveles de contaminación, donde las ciudades sean autosuficientes en materia energética,  y facilitación de la movilidad y traslado de las personas en igualdad de condiciones aptas para todas las personas,

Las ciudades son centros de desarrollo humano y no obstáculos de sitios para que bienestar de las personas.

Las ciudades y el COVID-19

En estos tiempos las ciudades modernas se parecen a un cementerio de un ´pequeño pueblo, en ellas huele a abandono y la vida luce descolorida, el corazón de sus actividades se diluye como un recuerdo del pasado. Los lugares públicos han sido sustituidos por rótulos que anuncian prohibiciones y estados de restricción. No quepa duda, que la gente decidió retirarse de la vida normal, pues las pandemias han cambiado todo el entorno de nuestras comunidades y la vida interpersonal es asunto olvidado. La peste logró detectar las debilidades humanas y alcanzó cada uno de sus propósitos preestablecidos, siendo el núcleo duro, el desorganizar la agenda de los gobiernos, así como desarticular las estructuras y movimientos sociales, reformular los planes de la movilización y desplazamiento peatonal y colectivo, y debilitar las energías de las ciudades y centros urbanos, cuya tendencia es el progreso en todas las áreas urbanas.

Pero lo cierto es que las ciudades son ahora laberintos y espacios inseguros de callejones sin salida, la retórica del cortejo directo se anuló para dar paso al flirteo tecnológico creado por móviles y computadoras pues el riesgo de cometer el pecado de la infidelidad virtual es lo habitual, hacer de estas situaciones temibles para todos los habitantes del planeta, es la fuerte línea tendencial.

Las ciudades se revitalizan a través de medios y plataformas tecnológicas y torres para vivir, pero envejecen con rapidez con la ausencia de las contertulios y reuniones sociales. La dinámica urbana experimentó variaciones asombrosas en un abrir y cerrar de ojos, y en  tiempo récord se redefinió la movilización y penetración de los sitios públicos, y el esquema laboral pasó del convencional al tele-trabajo.

Una pandemia se encargó abrir otras líneas de acción en cuanto al futuro, sobre la seguridad, costumbres, hábitos y formas de comunicación de las ciudades, y las relaciones sociales sufrieron un cambio cultural radical y abrupto para modificar toda la perspectiva de vida en los centros urbanos.

La esperanza de recuperación de las economías y la normalidad de la vida en las ciudades, choca de frente con las noticias alarmantes que alientan los diarios sobre la muerte de otra víctima de la pandemia y de las nuevas mutaciones y virus que nos esperan en el futuro. Esta emergencia nacional, sacó a relucir lo malo y lo bueno de nosotros y la tolerancia fue puesta a prueba, y en su lugar estalló la desesperación y enervó el pensamiento negativo y derrotista de un segmento de la población principalmente concentrado en las zonas de hacinamiento; especialmente el virus se ciñó contra las ciudades donde el hacinamiento de la gente era el estilo normal de vida, asumido por la muchedumbre en su incesante trajín urbano y como única opción de sobrevivencia, acostumbrada en su cotidianidad.

Estos acontecimiento presentes, nos alertan sobre las formas en que nos movilicemos de ahora en adelante en los grandes centros urbanos, creo que en este punto deberá residir la inteligencia de las ciudades que aspiran a ser resilientes y persiguen una capacidad adaptativa en medio de una frugalidad comunicativa y el débil tejido de las relaciones intersubjetivas que ocurren en cada rincón de la ciudad, donde se teje una dinámica de sobrevivencia obligatoria como código de nueva conducta social, impuesta en parte por las autoridades de cada Gobierno, contra las ciudades cuyo valor o principio inspirador es la histeria del consumo, el desorden comunicativo y el trajín de movilización colectiva. Todos estos nuevos esquemas de normalidades sociales, parecen contradecirse entre sí, poniendo en riesgo a todos los que habitan y viven en estos espacios de encuentro urbano. Por un lado, avanza la tecnología como medio de comunicación predominante , y se incrementa la seguridad ciudadana por los dispositivos de control y de vigilancia ciudadana, pero por otro lado, contrasta con los fallecimientos que surgen en los rincones o suburbios de las ciudades y los que mueren parecieran portar el sello de una sociedad corroída por la ambición y un estilo de vida dañino originado en la misma sociedad descompuesta por el exceso de placeres materiales, que acaba rápido con la esperanza de vida y desalienta el futuro de un mejor mañana entre los habitantes de los centros poblacionales.

Resumo lo anterior, en la siguiente frase que dice: “Acabaron con la socialización y fomentaron el gregarismo social”. No cabe duda, estamos llegando al fin de una época agotada por la incapacidad de ponerse de acuerdo en los asuntos que se viven en el corazón de las ciudades. Lejos de facilitar la atención de las necesidades y servicios públicos, algunos gobiernos locales e instituciones públicas, se distancian para no responsabilizarse de los problemas comunes, que son de responsabilidad compartida, y de orden colectivo y público, y que tendrían también que cooperar los vecinos y grupos organizados y colaborar en la canalización de esos externalidades negativas como son las famosas fugas y desperdicios de agua, la contaminación de los mantos acuíferos, botaderos de desechos sólidos, etc.

Por otra parte, en el ambiente, se percibe una disyuntiva entre la ciencia y anti-ciencia, entre la ética y la no ética, y entre la oscuridad y la luz, siendo una intención negativa con signos propiamente de incorreción que desea gobernar el espíritu de la época , aprovechando el ya existente individualismo extremo y las heridas sociales, así como las lejanas ilusiones de una sociedad responsable. Las vacunas ya están al alcance de las personas, pareciera que todo está saliendo como estaba planeado. La vida y la muerte se enfrenta nuevamente en el escenario del desarrollo humano, y la tecnología toma contornos innobles y antiéticos, al ser el medio único de comunicación entre los habitantes de una ciudad, posibilitando de este modo la formación de una élite virtual y favoreciendo a las grandes compañías vendedoras de dispositivos móviles. Por lo demás, las ciudades deben ser lugares seguros para los transeúntes, especialmente en medio de una crisis de salud pública. La ciudad moderna y segura es aquella que controla a una pandemia con prudencia y racionalidad y la doblega con la legalidad y su aparato institucional, superando el riesgo colectivo para sus habitantes, mediante métodos jurídicos e institucionales. Es necesario la creación de medios de comunicación colectiva que detecten las enfermedades en tiempo real, aislando a la vez del contagio a los usuarios por intermedio de tecnología y transporte seguro. Además de contar con un sistema de salud pública eficiente, será necesaria una estrategia de Estado, que rompa con el concepto de salud pública biológica  o epidemiológica, para adoptar un manejo desde una  perspectiva de salud integral, toda vez que la salud es una relación directa con el entorno que causa beneficios o perjuicios al individuo, según sean los factores externos.

Las burbujas sociales y la separación de las personas, a mi juicio es el peor de los golpes que se le puede dar a la mente y la cultura de los habitantes. El ser humano es un ser social (Aristóteles) vivimos de tocarnos, sentirnos y amarnos, pero no mediante el uso de dispositivos móviles. Por otra parte, las pasiones y emociones humanas deberán cohabitar con los peligros latentes en las ciudades y las calles y sitios de consumo humano. El teléfono es el medio de comunicación usual y ligero, de ahí que deberán establecerse mecanismos electrónicos que faciliten su uso para activar el aprovechamiento de las múltiples funciones, entre ellos conectarse con los medios de transporte urbano mediante  el uso de dispositivos y señales inteligentes que están prefijadas en al estructura de los trenes o buses, para interconectar a los usuarios y facilitar su comunicación y desplazamiento desde la salida de sus viviendas,  hasta lo lugares de trabajo o destinos específicos, con el fin de reducir los tiempos por el valor que representa para el ciudadano, y para ello el transporte público deberá conectarse con otras formas de comunicación eficientes que permita la realización integral del ciudadano que habita en las grandes ciudades, pero eso será tema para un futuro análisis, sobre el tipo de ciudadano que requiere las ciudades modernas para prosperar y avanzar por la senda del desarrollo humano.


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