Gustavo Bermúdez: Tenemos una deuda histórica con los derechos indígenas

0

Gustavo Bermúdez Mora, Odontólogo y Supervisor Regional de la Dirección Regional Brunca de la CCSS, con experiencia en atención a comunidades autóctonas

Por: José Ricardo Carballo Villalobos, Periodista Codirector

Ir al baño a lavarse las manos, tomar un bus hacia el centro de salud más cercano, trabajar desde la casa…

Son acciones comunes que para muchos habitantes del Valle Central no representan mayor inconveniente.

Sin embargo, hay otro sector importante de la población que, a kilómetros de distancia, internados en la montaña, ni siquiera tienen acceso a agua potable o deben caminar horas, entre ríos y sinuosos caminos, para cumplir sus necesidades básicas.

Así viven, en pleno siglo XXI, un gran número de compatriotas indígenas, quienes, en el contexto de la pandemia, se enfrentan a serias limitaciones que los colocan en una situación de riesgo y vulnerabilidad.

Para poner en perspectiva la realidad de nuestros pueblos autóctonos, con sus temores, retos y deudas históricas, conversamos con el Dr. Gustavo Bermúdez Mora, Supervisor Regional de Odontología de la Dirección de Red Integrada de Prestación de Servicios de Salud Brunca de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

  • ¿Cómo viven los indígenas estos tiempos de pandemia?
  • ¿Cuáles son sus temores o preocupaciones?
  • ¿Es muy diferente a lo que se vive en el Valle Central?

Si bien saben que no es una enfermedad propia de ellos, les preocupa y la asocian a un desequilibrio entre el ser humano y la naturaleza. Recordemos que tradicionalmente estas comunidades tienen procesos de desarrollo basados en una relación armónica con el ambiente, los animales y los recursos naturales. Por ende, se sienten vulnerables y conscientes de que pueden salir afectados. Sin embargo, no es algo nuevo para ellos enfrentarse a este tipo de amenazas; desde la llegada de los españoles han estado expuestos a contraer enfermedades importadas, por lo cual ya tienen ciertos protocolos establecidos como el aislamiento en caso de cualquier enfermedad infecciosa. Y son muy estrictos con las medidas y recomendaciones de sus líderes, médicos tradicionales, caciques y adultos mayores.

Vemos un orden que en la parte Occidental cuesta ver, mientras allá algunos creen que esta enfermedad no existe o es inventada, acá se caracterizan por la obediencia, comprensión, diálogo y cumplimiento de lo que definan sus líderes y las mismas autoridades. Si algunos tienen que salir del territorio, ellos saben por qué y quiénes son. Por ejemplo, en la zona comarcal de Panamá, donde hay muchas familias Ngäbe altamente móviles que salen por las cosechas de café, se les ha pedido que no salgan y si lo hacen que sea bajo ciertos criterios o controles sanitarios y de trazabilidad.

  • ¿Qué tipo de medidas especiales se han tomado con estas comunidades, considerando su cosmovisión y rasgos culturales diferentes a los de la mayoría de la población?

Se ha hecho un gran esfuerzo con las autoridades, tanto a nivel de instituciones públicas como ONGS, para transmitir toda la información sobre el covid, traducida en sus idiomas con ayuda de líderes y asesores culturales. Vemos también como han empezado a hacer sus propias mascarillas, incorporándoles sus artes y toda la cosmovisión y cultura que los distingue. Les ha servido para reflejar el sentido de orgullo por pertenecer a los pueblos autóctonos indígenas.

El rol de los asesores culturales, que sirven de vínculo para proyectos externos, ha sido fundamental, para sensibilizar y empoderar a las comunidades, con el apoyo de la CCSS, el Ministerio de Salud, el Colegio de Cirujanos Dentistas y ONGs como Hands for Health y UNICEF. Se han hecho traducciones de materiales al maleku, bribri, cabecar, misquito y ngäbere, tomando en cuenta la pertinencia y el contexto cultural. Tenemos que fortalecer y darle valor a la atención primaria. Es en las comunidades donde se hace la diferencia y se logra el empoderamiento social y acercamiento a las medidas preventivas.

  • Muchos grupos indígenas se movilizan en esta época para participar de la temporada de recolección de café, lo cual, en este contexto, representa un grave riesgo por la alta cantidad de casos registrados en Panamá.
  • ¿Qué acciones se han tomado al respecto?

Con el tema de la venida de familias Ngäbe-Buglé, procedentes del lado panameño, a las cosechas de café, se ha hecho un esfuerzo interinstitucional grande entre la CCSS, Ministerio de Salud, Migración, ONGS (Hands for Health), el ICAFE, entre otros, para organizar la logística de ingreso de estas personas que tienen años de estar viniendo. Estos días han estado entrando por Río Sereno y se ha procurado cumplir con las medidas como el distanciamiento, la cuarentena de los 14 días y la portación del carné binacional. Esto es fundamental para evitar los contagios porque solo en la comarca panameña Ngäbe-Buglé se han presentado más de 1.000 casos.  Los pueblos indígenas buscan respetar los protocolos, poniendo agujas o regulando la entrada de personas ajenas a sus comunidades.

La organización local, con apoyo estatal, ha sido importante para contener el virus en estas comunidades donde, si bien no se ha agravado, sí existen casos, no podemos decir que no. Según datos institucionales, al 12 de agosto teníamos 58 personas indígenas registradas como covid positivas. La región brunca ha sido el ojo del huracán, específicamente en los cantones de Corredores y Golfito, y en las comunidades indígenas de Alto Conte y Punta Burica.  Hay que ver la salud como una integralidad y estas comunidades tienen serios problemas de acceso. No podemos decirles lávese las manos si no tienen agua potable ni jabón. Entonces la pandemia ha venido a evidenciar las inequidades que sufren no solo en temas de salud, sino en su desarrollo social, alimentación, violencia, alcoholismo. Son personas y debemos humanizar la atención, siempre pensando en sus necesidades.

  • Más allá de lo que se ha hecho en el marco de la pandemia, ¿cuáles son los principales avances que se han logrado durante los últimos años para superar esas inequidades que nos comenta?

La Caja ha venido trabajando y haciendo esfuerzos para hacer valer el convenio 169 de la OIT, ratificado en 1993 por nuestro país.  Si bien aún tenemos una deuda histórica para la igualdad de oportunidades, se han venido realizado diferentes líneas de trabajo. Desde el 2018 se incluyó la variable etnia en el Expediente Digital Único de Salud (EDUS) EDUS, lo que facilita el registro electrónico de las minorías. El sistema está buscando acercarse más y eliminar barreras. Una de las medidas principales de la CCSS es la creación de los puestos de asistente comunitario indígena; tenemos cuatro en total, uno en Valle de la Estrella, uno en Talamanca y dos en Coto Brus; estas son personas de la comunidad que han ayudado a las traducciones de materiales, como un banner instalado en el Hospital de San Vito.  A ellos hay que agregar a los asistentes técnicos de atención primaria (ATAPS) que son parte esencial en la comunicación de las medidas sanitarias básicas. Este tipo de puestos hay que irlos aumentando porque tenemos 24 territorios indígenas y ocho pueblos. A la fecha tenemos 64 puestos de visita periódica, que representan el 10% del total de puestos de la CCSS en todo el país. Se ha hecho un avance importante, pero hay que trabajar más, tomando en cuenta que son lugares de muy difícil acceso y que requieren de un abordaje congruente y de articular esfuerzos para potencializar el trabajo y que no haya duplicidad de funciones.

 

  • ¿Cuál es el balance general que hace de la situación de estos pueblos en la actualidad? No solo desde el punto de vista de salud, sino también en la parte social, económica, territorial, etc.

Han sufrido un proceso de aculturación, que los ha llevado a variar sus costumbres, dieta e incluso territorios. Muchas personas tienden a llamarlos migrantes, cuando en realidad ellos eran los primeros en haber vivido ahí, y las personas no indígenas hemos venido a limitarles sus espacios y condiciones geográficas. Entonces han ido quedando aislados y obligados a emigrar en busca de mejores oportunidades. Más del 50%, según el INEC, vive fuera del territorio indígena, tal es el caso de los del sur que migran a Pérez Zeledón. Todo esto ha incidido en un desarraigo cultural que los ha llevado a perder su idioma, vestimenta, forma de pensar y cosmovisión. Por ejemplo, los Chorotegas y los Huetares perdieron su idioma, se considera extinto, la accesibilidad en Talamanca es muy complicada; solo en Valle de La Estrella son horas o días caminando entre la montaña. Mucha gente esto lo desconoce. Qué importante sería ponernos en las botas de estas personas para saber una pizca de lo que ellos viven a diario.

  • Aparte de los casos de covid-19 que se deben atender, deben existir otra serie de enfermedades frecuentes entre los indígenas, debido a sus hábitos y estilos de vida particulares.
  • ¿Cuáles son esos problemas de salud que, en medio de la pandemia, se siguen presentando?

Se siguen viendo lesiones en piel, quemaduras, leishmaniasis (enfermedad parasitaria) y problemas bucodentales. De hecho, esto es algo que afecta mucho a las comunidades. Según nuestros estudios, más de un 65% sufre enfermedad periodontal (encías) o pérdida de piezas dentales debido, en parte, a una dieta alta en azúcar o el consumo de comida no indígena, que, además, los expone a enfermedades crónicas como la diabetes e hipertensión.

Hay lumbalgias por el tipo de trabajo agrícola, problemas auditivos u oculares, parásitos y enfermedades diarreicas a causa de la falta de agua potable para consumo o lavado de los alimentos. El uso de fogón en las casas provoca con frecuencia enfermedades respiratorias agudas y a veces también tenemos cuadros infecciosos y mordeduras de serpientes o animales.

Son situaciones que, en medio de la pandemia, no han dejado de presentarse y que hacen necesario trabajar en mejorar la accesibilidad de los servicios y ajustar las pautas de atención que se utilizan en el Valle Central al contexto de estas comunidades, muchas de las cuales deben caminar horas o días para llegar a un centro de salud.

  • ¿Cuáles son los retos o tareas pendientes del Estado y la sociedad en general?

Vemos un país con varias caras, en algunos de esos lugares es como retroceder a la Costa Rica de 1960, con poblaciones invisibilizadas, donde hay mucho por hacer. Es parte de la justicia social garantizar los derechos humanos y la dignidad de estas familias que viven en condiciones críticas. Debemos esforzarnos porque esto no siga siendo así. Es parte de los retos que tenemos como sector público, ir trabajando y adaptándonos a las necesidades de estas comunidades. Que, por ejemplo, no sea una atención periódica (una o dos veces al mes) sino una atención fija porque la necesidad de salud es de todos los días.

El gran problema que tenemos aquí es de acceso, lo que evidencia la gran inequidad social en estos grupos. En el Valle Central, a veces tomando un bus ya llegamos a la clínica más cercana, acá les toca caminar horas, con los niños a cuestas o con adultos mayores. Un taxi de la comunidad de la Casona de Coto Brus al centro de San Vito cobra hasta 15 mil colones. Entonces tenemos varias tareas pendientes: rutas de acceso, internet, telefonía, vivienda digna, entre otras que representan un reto cuyo abordaje debe ser interdisciplinario y multisectorial. Nosotros podemos atender a las personas a nivel de salud, pero si no resolvemos el problema de fondo, al poco tiempo van a regresar igual o peor.

El Estado tiene una deuda con el tema de poner orden en los territorios. Existen leyes para proteger las tierras indígenas ancestrales. Sin embargo, tenemos impunes dos casos de líderes indígenas que fueron asesinados. Hoy todavía tenemos circunstancias de difícil control en territorio Maleku, China Kichá, Ujarrás, Salitre y Buenos Aires. Pese a las medidas cautelares de la ONU, se dan enfrentamientos violentos, es una situación complicada en la que el Estado debe tener un rol protagónico, hay una deuda historia del gobierno y de las instituciones para hacer valer los derechos de las personas indígenas.

  • ¿Alguna anécdota que nos pueda compartir que refleje ese trabajo incansable y las duras condiciones a las que se enfrentan no solo los indígenas sino los equipos de trabajo y funcionarios de salud destacados en la zona?

Me acuerdo una vez que se había gestionado un trabajo con voluntarios y apoyo de la CCSS en Valle de La Estrella para hacer una campaña de salud y educación con población cabécar. Nos fuimos bien temprano un fin de semana, pasando entre lugares hermosos y tierras vírgenes, y a nuestro regreso, el domingo, empezó a llover torrencialmente. Tuvimos que cruzar barriales y ríos con cadenas de gente, estuvimos como tres horas en la montaña y el carro se nos quedó varado. Esperamos desde las 9 de la noche hasta las 5 de la mañana para poder cruzar un río crecido, el cual provocó una cabeza de agua que arrastró al niño de una familia de la zona. Afortunadamente al día siguiente apareció. ¿Cuántos casos así ocurren y no se documentan debido a esa lejanía e inaccesibilidad? Son cosas que hasta que no se viven en carne propia no se dimensiona la realidad que viven esas familias. No podemos quedarnos indiferentes, debemos luchar porque haya inclusión y empatía hacia el contexto de estas personas.

Si bien son importantes los títulos y la formación académica, lo más importante es tener la sensibilidad para construir y no solo quejarnos, debemos ser parte de la solución y construcción de una nueva realidad. Así como ha habido líderes visionarios que crearon instituciones que hoy nos engrandecen, a estas nuevas generaciones les toca hacer la diferencia y reformular, actualizar o fortalecer lo que se ha construido con los años, trabajando por quienes más lo necesitan. Antes de un interés económico debe haber un interés humano y un compromiso social por trabajar en conjunto y servir a los demás, asegurándoles calidad de vida.

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...