Gustavo Gutiérrez Espeleta, Felipe Alpízar Rodríguez: En memoria de Rodrigo Madrigal Montealegre

El legado de don Rodrigo Madrigal Montealegre permanecerá en decenas de generaciones de profesionales de la Universidad de Costa Rica, así como en el crecimiento intelectual de cientos de costarricenses. Quienes lo conocimos lo recordaremos con una sonrisa y nuestra eterna gratitud.

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Gustavo Gutiérrez Espeleta, Rector Universidad de Costa Rica.
Felipe Alpízar Rodríguez – Secretario Académico de Rectoría

El 25 de enero, la Universidad de Costa Rica perdió una de sus luminarias: el profesor emérito Rodrigo Madrigal Montealegre.

Nos quedaríamos cortos de palabras si quisiéramos citar todos los aportes de don Rodrigo al país, a nuestra Institución y en particular a su querida Escuela de Ciencias Políticas, de la que fue fundador, pero intentaremos hacer un breve recorrido por los principales hitos de su legado.

El prólogo de las Obras Completas Fumarolas Políticas, publicadas justo antes de la pandemia, resume muy bien su perfil: “fundó una cantera de iconoclastas”. Don Rodrigo, siempre con su agudo sentido del humor, nos mostró las complejidades de la política y los riesgos del autoritarismo. Tuvo el don de la risa, del humor fino y un optimismo a prueba de la historia. Era capaz de denunciar los horrores de la guerra, los excesos de la globalización y el anarcocapitalismo, a la vez que nos recordaba que la política también es “el resultado del compromiso y la cooperación.”

Sus numerosos estudiantes cuentan que sus famosas tarjetas de clases eran como enciclopedias que se actualizaban con su profundo tono de voz. No pierden vigencia sus lecciones, las conversaciones que sostuvo, ni sus escritos periodísticos y académicos: don Rodrigo tenía esa inusual habilidad de detener el tiempo cuando, por ejemplo, hablaba de la Revolución francesa y su amada Francia, y luego conectaba una anécdota con el titular de la prensa de ese día.

Fue viceministro de Cultura, Juventud y Deportes durante el gobierno de Rodrigo Carazo Odio (1978-1982), y se desenvolvió como periodista, columnista y empresario. Amante de la literatura, fue profesor universitario pero, especialmente, amigo y maestro: desde la década de 1960 su vida estuvo ligada a la Universidad de Costa Rica, y con ello fortaleció la esencia universitaria. Llenó cada espacio en el que participó con su luz intelectual y su calidez humanista.

Su desempeño como miembro de la comisión fundadora de la Escuela de Ciencias Políticas y profesor universitario han dejado una huella en cientos de personas. Allí enseñó, entre muchas otras cosas, que en política “dos más dos rara vez suman cuatro”, y que “la política no es más que el vivo reflejo del ser humano, el espejo donde se revela lo que hay de sórdido y degradante pero, también, lo que existe de noble y sublime en la naturaleza de los hombres de carne y hueso.” Este fragmento de la columna Una cantera de estadistas (1993) debería ser el antídoto para esos momentos en los que la política nos desagrada; el recuerdo de la complejidad de los seres humanos y lo que hacemos, capaces de lo maravilloso y lo terrible.

Queremos honrar a don Rodrigo cumpliendo su llamado a buscar la justicia social; a cuidar del ambiente; a luchar por la equidad de género; a denunciar la violencia, la arbitrariedad y el autoritarismo: en fin, a defender la democracia. En un momento en que el clima político está cada vez más polarizado, y en el que son frecuentes los ataques a la institucionalidad democrática y a la búsqueda del conocimiento, debemos mantener vivas sus enseñanzas a través de nuestras acciones. El recuerdo de don Rodrigo, siempre amable y sonriente, con su corpulencia intelectual, nos señalará el camino.

El legado de don Rodrigo Madrigal Montealegre permanecerá en decenas de generaciones de profesionales de la Universidad de Costa Rica, así como en el crecimiento intelectual de cientos de costarricenses. Quienes lo conocimos lo recordaremos con una sonrisa y nuestra eterna gratitud.

 

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