Guillermo Quirós Álvarez no llega a las esferas de piedra desde la arqueología. Llega desde la física, la oceanografía física y la ingeniería.

Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

Hay momentos en la historia de la ciencia en los que el gran descubrimiento no consiste en encontrar algo nuevo, sino en observar con otros ojos aquello que siempre ha estado frente a nosotros.

Las manzanas habían caído de los árboles durante millones de años antes de que Isaac Newton se preguntara por qué. Los continentes ocuparon las mismas posiciones durante cientos de millones de años antes de que Alfred Wegener, un meteorólogo, se atreviera a sugerir que alguna vez habían estado unidos. Las especies convivieron durante milenios antes de que Charles Darwin encontrara en ellas un patrón capaz de explicar la evolución. El universo era el mismo antes y después de Albert Einstein; lo que cambió fue la manera de comprenderlo.

La historia del conocimiento demuestra que las revoluciones científicas rara vez nacen únicamente de nuevos hallazgos. Con frecuencia surgen cuando alguien formula una pregunta diferente.

Quizá por eso resulta tan estimulante la lectura de Esferas, petroglifos y calzadas: ingeniería ancestral de Costa Rica, una obra publicada por HC Editores. No porque pretenda reemplazar décadas de investigación arqueológica ni porque aspire a ofrecer respuestas definitivas sobre la historia antigua de lo que hoy es el territorio costarricense, sino porque invita a contemplar ese pasado desde una perspectiva poco habitual: la de la ingeniería y las ciencias físicas.

Durante más de un siglo, las esferas de piedra, los petroglifos y las calzadas indígenas han sido objeto de admiración y estudio. Gracias al trabajo de arqueólogos, antropólogos, historiadores y otros especialistas, conocemos mucho sobre las sociedades que las construyeron, su contexto cultural y su extraordinario valor patrimonial. Sin embargo, toda disciplina posee sus propias herramientas de análisis. Cada ciencia formula preguntas distintas y, por ello mismo, encuentra respuestas distintas.

Immanuel Kant expresó una idea que conserva plena vigencia: «No vemos el mundo como es, sino como somos». Nuestra formación, nuestra experiencia y el conocimiento acumulado condicionan inevitablemente la manera en que interpretamos la realidad. Un geólogo observa una montaña de forma distinta a un botánico; un arquitecto percibe un edificio de manera diferente a un historiador. Ninguno está equivocado. Simplemente observan el mismo objeto desde perspectivas complementarias.

Eso es precisamente lo que ocurre en esta obra.

Guillermo Quirós Álvarez no llega a las esferas de piedra desde la arqueología. Llega desde la física, la oceanografía física y la ingeniería. Su trayectoria científica, que incluye participación en proyectos vinculados con la NASA, le proporciona herramientas analíticas diferentes. Allí donde otros observan principalmente expresiones artísticas o ceremoniales, él identifica proporciones, geometrías, criterios de diseño, comportamiento estructural, manejo del territorio e indicios de planificación.

No se trata de sustituir una disciplina por otra. Se trata de ampliar el horizonte del conocimiento.

Las grandes preguntas de nuestro tiempo difícilmente podrán responderse desde una única especialidad. El cambio climático, por ejemplo, necesita de climatólogos, economistas, ingenieros, biólogos y juristas. La conservación de la biodiversidad requiere ecólogos, sociólogos, educadores y administradores públicos. La inteligencia artificial convoca a informáticos, filósofos, psicólogos y expertos en ética. Del mismo modo, comprender plenamente el legado de las sociedades precolombinas demanda la convergencia de múltiples disciplinas.

La arqueología aporta el contexto histórico; la antropología interpreta las dinámicas culturales; la geología explica el origen de los materiales; la ingeniería analiza procesos constructivos; la física permite comprender fenómenos que de otra manera podrían pasar inadvertidos. Cada una añade una pieza indispensable al rompecabezas.

Durante demasiado tiempo hemos tendido a dividir el conocimiento en compartimentos separados. Las universidades organizan facultades; las bibliotecas clasifican libros; las revistas científicas delimitan especialidades. Esa organización ha permitido profundizar en cada disciplina, pero también ha creado fronteras que, en ocasiones, dificultan el diálogo entre ellas y, cuando se intenta el diálogo, algunos terminan “basureados” por quienes dicen que ostentan la verdad, porque están respaldados por un título universitario. 

Paradójicamente, los descubrimientos más transformadores suelen producirse precisamente en esas zonas de encuentro.

Cuando un ingeniero observa una calzada precolombina, inevitablemente se pregunta por las cargas que pudo soportar, los materiales empleados, el drenaje, las pendientes, la estabilidad del terreno y la logística necesaria para construirla. Cuando examina una esfera de piedra, piensa en tolerancias geométricas, métodos de manufactura, herramientas disponibles y organización del trabajo. Esas preguntas no sustituyen a las arqueológicas; las complementan y enriquecen.

Ese es el principal mérito del libro de don Guillermo Quirós. Su propuesta invita a debatir. Y esa es, precisamente, una de las funciones esenciales de la ciencia. Ninguna hipótesis debería aceptarse por autoridad, pero tampoco descartarse por el simple hecho de desafiar interpretaciones consolidadas. El conocimiento progresa mediante la confrontación respetuosa de ideas, el análisis crítico y la evaluación permanente de la evidencia.

Esferas, petroglifos y calzadas: ingeniería ancestral de Costa Rica es una invitación a mirar de nuevo un patrimonio que creíamos conocer; a reconocer que aún quedan preguntas por formular y que el diálogo entre disciplinas puede revelar dimensiones hasta ahora inadvertidas de nuestra historia.

Tal vez las esferas de piedra nunca hayan cambiado. Quizá tampoco lo hayan hecho los petroglifos ni las antiguas calzadas que atraviesan nuestro territorio. Lo que cambia es nuestra capacidad para interrogarlos, para observarlos desde perspectivas diferentes y para aceptar que el conocimiento nunca permanece inmóvil. Porque la ciencia avanza cuando cambian las preguntas. Y, en ocasiones, basta con que alguien se atreva a formular una nueva para que todo un paisaje comience a revelar significados que siempre estuvieron allí, esperando una mirada distinta.

El libro está disponible en Amazon y próximamente en librerías.

Sobre el autor
Hámer Salazar. Biólogo, profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica. Investigador, escritor y columnista. Correo info@hamersalazar.com Presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y del Medio Ambiente y de Los Potreros de Puax (FUNDEMA-PP) y miembro de Primates de Grecia.
Hamer Salazar

Por Hamer Salazar

Hámer Salazar. Biólogo, profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica. Investigador, escritor y columnista. Correo info@hamersalazar.com Presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y del Medio Ambiente y de Los Potreros de Puax (FUNDEMA-PP) y miembro de Primates de Grecia.