Hámer Salazar: De animales y animaladas

El autor es biólogo, con una maestría en especies en peligro de extinción y especialista en áreas silvestres protegidas, es profesor universitario jubilado y no es propietario, ni forma parte de ninguna sociedad anónima, ni tampoco es regente de ningún establecimiento ni organización relacionada con circos, zoológicos, zoocriaderos o centros de rescate, ni está involucrado en la toma de decisiones por parte del Estado ni de ningún colegio profesional.

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Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

¡Soy un animal! No. No me estoy insultado, solo es parte de la interiorización del conocimiento sobre el mundo vivo. Los pelos de mi bigote, de mis cejas y mi cabeza, me recuerdan constantemente que son un mamífero. El hambre, la sed y lo que viene después de eso, me recuerdan que tengo tripas, carne, sangre y huesos; que formo parte de la escala zoológica, que pertenezco al orden de los Primates y a una especie muy particular, conocida como Homo sapiens. Hay quienes le agregan otro sapiens, para que nos reconozcamos como Homo sapiens sapiens. De lo cual no estoy muy seguro. Cargamos dentro de nuestro ADN al Homo erectus, al H. habilis, H. neanderthalensis y más de una docena de antepasados que, con más frecuencia de la que imaginamos, afloran en nuestra existencia diaria.

Sin embargo, la mayoría de los seres humanos, lejos de aceptar la naturaleza animal, protestamos por eso y cubrimos nuestra animalidad con ropajes; y entre más cubiertos estemos “más humanos”  nos sentimos y más alejados de los animales nos percibimos. Los vestuarios de saco y corbata, zapatos, guantes y sombrero; vestidos largos, velos en la cabeza, todo nos acerca más a Dios que cuando exhibimos nuestra desnudez. La gente que anda desnuda es considerada indescente o, si se trata de indígenas, se dice que son salvajes. Pero, lo cierto es que dentro de los momentos más gratificantes del ser humano están aquellos cuando se encuentra desnudo…

Ciertamente, somos criaturas excepcionales, pensamos, tenemos sentimientos y conciencia a la medida nuestra para poder adaptarnos al medio y adaptar el medio a nuestras necesidades. Y si somos parte de la escala zoológica, ¿por qué no hemos de pensar que también el resto de animales cuentan con estos atributos en una escala diferente, según sus necesidades de adaptación al medio? A veces explicamos muchos de las actividades del mundo animal con una  sola palabra: instinto, de la cual creo que es la excusa para explicar nuestra ignorancia de ese mundo.

Con estas reflexiones, lo que pretendo es llevar el mundo de los humanos a donde pertenecemos, que es el Reino Animal. Y esto es importante porque, con frecuencia, traemos el mundo animal al Reino de los Humanos. Antropomorfizamos la actividad animal, de tal suerte que la queremos asimilar a la vida humana y, lo peor, es que legislamos en ese misma línea, con lo cual, nos vamos al otro extremo de la antropomorfización y es cuando se cometen algunas “animaladas”.  Estas son evidentes cuando de mamíferos se trata, pues son las especies que están más cerca, en la escala zoológica, de los seres humanos. No por casualidad, el coronavirus. que nos tiene de rodillas, se dice que es un caso de zoonosis, pues pasó del muerciélago al ser humanos: ambos mamíferos.

De circos y zoológicos

He querido hacer este preámbulo para referirme a la situación de los zoológicos y los zoocriadores, en relación con la aplicación de un reglamento abusivo que está aplicando el MINAE.

Como parte de mi formación como biólogo, realicé estudios en gestión, control y conservación de especies en peligro de extinción. Apenas terminada esa formación, inicié en Costa Rica un campaña en contra de los circos que trabajaban con animales de origen silvestre. Hice una publicación en la Cámara Nacional de Radio y publiqué algunos artículos en varios medios de comunicación. Todo inició con el circo que traía osos polares. Luego, llegó a la ciudad de Grecia, el circo Daktari, en el cual descubrimos diferencias entre la colección de animales documentada en relación con la realidad de la colección. Esto llevó a una organización que se propició desde el Comité de Autoridades científicas para la aplicación de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (conocida como CITES), en donde fungía como asesor científico y, con el concurso del Colegio de Biólogos, el Colegio de Médicos Veterinarios, las Escuelas de Biología de las Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional, así como varias organizaciones no gubernamentales relacionadas con la conservación de la naturaleza, y funcionarios del MINAE, nos reunimos en múltiples ocasiones para analizar y sugerir un reglamento para regular esa actividad. Después de varios meses de consultas y concensos se redactó el reglamento que terminó en algo más simple, como fue la publicación del decreto ejecutivo que prohíbe la presentación de animales de origen silvestre en los circos (esto ocurrió en la administración de don Abel Pacheco). Así fue como Costa Rica se convirtió en uno de los primeros países del mundo en prohibir los espectáculos públicos donde se exhibían y utilizaban animales de origen silvestre. La razón principal de la prohibición, era por maltrato al que se sometían los animales para “aprender las habilidades” de exhibición, así como por el estrés provocado por las presentaciones al público, las condiciones de confinamiento para el traslado y durante todo el tiempo de existencia del circo.  Aquella fue una experiencia muy positiva para todos los participantes, pues se escucharon todos los argumentos posibles, la mayoría de ellos de carácter científico, sin olvidar el efecto sobre los niños quienes más recentirían la ausencia de estos espectáculos.

Una situación muy distinta es la que viven los animales de zoológicos y zoocriaderos. Los zoológicos siempre fueron lugares de exhibición de animales, muchas veces enjaulados o confinados en condiciones precarias. De esto podemos dar fe quienes visitamos el zoológico Simón Bolívar, allá por los años setenta y ochenta. En Europa, los Estados Unidos y Australia, la revolución de los zoológicos había iniciado a mediados del siglo pasado, cuando los propietarios comenzaron a ver sus colecciones más que, como una fuente de ingresos, una oportunidad para la educación. También comprendieron que sus animales eran una gran responsabilidad, tanto por los animales mismos como por la percepción de la gente acerca de los “animales encarcelados”. Fue así como muchos zoológicos eliminaron las tristes jaulas de barrotes por espacios más amplios y de apariencia más natural, y comenzaron a tomarse el tema de la educación de manera más seria. Los zoológicos son espacios donde la gente se acerca más al mundo animal y es la oportunidad para conocer de cerca criaturas que, probablemente, jamás las conoceríamos en vivo.

Los otros son los zoocriaderos y viveros, que son espacios para la domesticación de la vida silvestre. Es así como existen los mariposarios, criaderos de tepezcuintles, de cocodrilos, los viveros de orquídeas, bromelias, cactus, etc. En un estado intermedio están los centros de rescate que exhiben parte de la colección de los animales que llegan a estos lugares y que tienen como fin principal recuperarlos para devolverlos a la naturaleza.

Tanto las actividades de los zoológicos, como de los zoocriaderos, viveros y centros de rescate, pueden y deben ser gestionados de manera técnica y científica, bajo el control de un biólogo y un médico veterinario regente, cuando corresponda a colecciones de animales, y cumplir con la legislación internacional y nacional.

Sin zoológicos no hay problemas.

La gestión de la vida silvestre en Costa Rica, le corresponde al Ministerio del Ambiente y Energía y los conflictos que se están viviendo en relación con estos lugares, tienen su origen en la mala gestión de este sector por parte del Ministerio del Ambiente y Energía (MINAE). En el pasado existió la Dirección General de Vida Silvestre, con el mismo nivel jerárquico de la Dirección Forestal y la Dirección de Parques Nacionales, pero desde que se cambió esa estructura para trasladarla al Sistema Nacional de Areas de Conservación, la vida silvestre ha sido la Cenicienta del MINAE, es la que menos recursos humanos y técnicos tiene, de tal suerte que son los funcionarios de la áreas de conservación quienes, además de estar diluidos en múltiples quehaceres, deben atender este sector. Es decir, cuando no existe capacidad de gestión y control, lo mejor que se puede hacer es cerrar todo lo que existe. Así la administración pública se libra del problema. Claró está, dejando sin empleo y sin oportunidad de inserción en la economía a un sector muy importante dentro de las actividades turíticas.

La construcción del reglamento que se le está aplicando a los zoológicos y zoocriaderos, no pasó por el proceso de diálogo y concenso con la comundiad científica. El Colegio de Biólogos, en el año 2017, mediante el oficio N°CBCR-JD-056-2017, se pronunció ante la consulta del MINAE-SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) sobre las inconsistencias entre la ley de Conservación de la Vida Silvestre y el reglamento, así como otros problemas que podían generar la ejecución de diferentes artículos del citado reglamento. Sin embargo, la mayoría de estas no fueron consideradas.

Si bien es cierto, conozco varios casos de zoocriaderos cerrados por la aplicación del reglamento, el caso más sonado ha sido el de La Ponderosa con sus jirafas. Es importante hacer notar que nuestros niños, desde la más tierna infancia, conocen la jirafas, elefantes, leones e hipopótamos, muchos antes que un perezoso o una danta, por citar un par de ejemplos de nuestra propia fauna. Los niños ni los animales, entienden de fronteras y, animales y humanos vivimos enclaustrados en esta hermosa burbuja azul a la que llamamos Tierra y que a veces perdemos de vista…

Los argumentos de la endogamia, que son animales que no están en su hábitat, entre otros, son argumentos más ideológicos que científicos. ¿Acaso no vivimos todos confinados en un solo planeta? ¿Acaso los procesos de especiación no inician con unos pocos individuos de la misma estirpe? En cualquier caso, no van a ser individuos para “devolver” a la naturaleza. Aunque algunos zoológicos no estén inscritos como parte de los esfuerzos mundiales para la protección de las especies, de hecho sí lo están y concuerdan con el espíritu de la CITES, pues muchos de los animales de los zoológicos, en lugar de ser capturados directamente del medio silvestre y se comercializan bajo los criterios de la CITES, provienen de establecimientos donde han sido criados en cautividad e, incluso, sirven para intercambio con otros zoológicos, como una forma de impedir la endogamia.

Del cautiverio al cautiverio o a la libertad.

Otro aspecto inherente a la conservación de las especies, de los especímenes que se encuentran en cautiverio es que, eventualmente, podrían servir de material genético para la reintroducción de especies extintas en su estado natural. Un buen ejemplo de ello es el guayamayo azul o Cyanopsitta spixi, que inspiró la película “Río”. Esta especie se cree extinta en la naturaleza, sin embargo, el Instituto para la Conservación de la Biodiversidad Chico Mendes, de Brasil, está llevando a cabo un proyecto de reintroducción con un grupo de 50 ejemplares que han sido repatriados, desde Alemania en marzo de este año, y que pretenden comenzar a liberar a partir de 2021.

La realidad actual es que hay animales de zoológicos que están mejor cuidados que muchos seres humanos, con una buena dieta y control médico veterinario. ¿Cuántos seres humanos hay desnutridos, sin techo y sin servicios médicos?

La gestión el control y la conservación de la vida silvestre es posible. Desde hace más de 25 años existe en el mercado los llamados “transpondedores”, que son dispositivos que se colocan debajo de la piel de los animales y que se pueden leer con un “scanner”, como los del supermercado. Lo biólogos y los médicos veterinarios regentes pueden llevar en sus bitácoras la hoja de vida de cada uno de los animales para dar cuenta a las autoridades del MINAE o quien corresponda.

En la situación económica que está el país, no es la restricción de actividades la que nos va a sacar de la crisis, ni el establecimiento del estado represivo, son las actividades productivas de la más diversa índole y una mayor eficiencia de la administración pública, con responsabilidad de todas las partes, las que harán posible el cambio.

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