Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

Sumergirse en la historia de Guanacaste es adentrarse en un mundo de legados ancestrales y personajes míticos que han dejado una huella indeleble en la identidad de esta región. Entre ellos destaca el famoso cacique Diriá, una figura emblemática que habitó los parajes de Santa Cruz durante la invasión española, en el territorio que ellos llamaron “Costarrica”. Sí, así con una sola palabra.

Casa vieja 1

Aunque la historia de este ilustre cacique permanece envuelta en el misterio y la incertidumbre, su legado perdura a través de lugares y nombres que le rinden homenaje en la actualidad. Desde el majestuoso río que lleva su nombre hasta el pintoresco distrito de Diriá en Santa Cruz, cada rincón de esta tierra evoca la presencia imponente de aquel líder indígena.

Recientemente, nos aventuramos en una travesía por los cantones de Santa Cruz y Nicoya con el objetivo de redescubrir los dominios de Diriá. Nuestro viaje nos llevó al corazón del distrito de Diriá en Santa Cruz, un lugar impregnado de una historia centenaria pero cuyo desarrollo parece haber quedado detenido en el tiempo. Sus calles empolvadas y su centro poblacional evocan épocas ancestrales, transportándonos a un pasado donde la vida transcurría con ritmo pausado y en armonía con la naturaleza.

En el centro de este pintoresco pueblo, nos recibió una plaza central que, aunque en su origen reflejaba la época del sometimiento español, hoy alberga una cancha de fútbol rodeada de árboles frondosos de higuerón y mango. A su alrededor, se erigen la cantina, la iglesia católica y la escuela, testigos silenciosos de los avatares de la historia.

Árbol de Higuerón

Sin embargo, lo que más capturó nuestra atención fue un antiguo árbol de higuerón, conocido también como matapalo y chilamate, que se alza majestuoso en una esquina frente a la cantina. Nos cautiva su imponencia, no por la altura sino por lo intricado de su ramaje y raíces que se abrazan por todas partes (a ese fenómeno se le conoce como anastomosis). La manifestación del movimiento, imperceptible para el ojo humano, pero delatado con el paso del tiempo, parece indicarnos que el árbol quiere continuar su camino tanto en el tiempo como en el espacio. En algunas décadas más observaremos que sigue moviéndose.

Casa vieja 3

Este venerable testigo de los siglos ha brindado cobijo y sombra a generaciones enteras, y su presencia evoca la memoria viva de aquellos que han poblado estas tierras a lo largo de los siglos, tanto indígenas como invasores y criollos.

Muy cerca de este magnífico árbol, en la otra esquina, se alzan algunas casas viejas, testigos mudos del paso del tiempo. Aunque algunas parecen abandonadas, su presencia es un recordatorio tangible de la historia y la cultura que habita en cada rincón de Diriá.

En la esquina, un casucho viejo -que no por esta condición deja de ser importante- pareciera estar abandonado. Sin embargo, una vetusta silla mecedora nos indica que está habitada. Luego nos enteremos que es el hogar de un anciano que vive solitario (nos preguntamos ¿estará bien?).

Es imperativo que tanto las autoridades municipales de Santa Cruz, como otras organizaciones guanacastecas, presten especial atención a estos tesoros naturales y culturales que conforman el patrimonio único de nuestros pueblos. Estos lugares, como el árbol de higuerón y las casas antiguas, son testigos vivientes de nuestra historia compartida y merecen ser preservados para las futuras generaciones.

Casa vieja 4

Mientras continuamos nuestra investigación para enriquecer el legado de Anastasio Alfaro y su obra “El Delfín del Corubicí”, publicada en 1920, y próxima a publicarse nuevamente, nos comprometemos a seguir explorando los rincones olvidados y los tesoros ocultos que yacen en los dominios del Cacique Diriá.

Silla

Porque cada paso que damos nos acerca un poco más a comprender y valorar la riqueza incomparable de nuestra herencia guanacasteca, a dos siglos en que los pueblos del Partido de Nicoya decidieron formar parte de esta patria por su voluntad.

Por Hamer Salazar

Es biólogo y profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica, no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá de su profesión y cargo académico citados.