Hámer Salazar: Los cinco elementos: agua

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Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

Hay quienes dicen que el nombre de nuestro planeta debería ser AGUA.  Las fotografías del espacio exterior nos muestran una gran esfera teñida de azul y blanco principalmente, con machas oscuras. El azul y el blanco corresponden al agua de los océanos y grandes lagos y a las nubes, mientras que las manchas oscuras corresponden a las porciones de tierra que no están bajo el agua. Cerca del 70% de la superficie planetaria es agua y el 30% restante corresponde a las porciones de tierra que están por encima de la superficie del agua. Esto es así, porque casi todos los territorios que hoy son tierra firme, estuvieron alguna vez bajo el agua. Es por esta razón que, por ejemplo, se han encontrado fósiles de animales marinos en los Himalayas y en la cima del Cerro Chirripó, en Costa Rica, todos en altitudes superiores a los 3500 metros sobre el nivel del mar.

Es natural, entonces, que solamente cerca del 2,5% del agua de nuestro planeta no sea salada, y le llamamos agua dulce. Pero no toda está disponible en forma líquida, al contrario, la mayor cantidad de ella, casi el 70% se encuentra en estado sólido en los casquetes polares y en la cima de las montañas nevadas. Así que nos queda casi 30% en forma líquida, pero solamente el uno por ciento, se encuentra en la superficie del planeta, pues el resto discurre en el suelo y subsuelo en tubos de flujo y acuíferos, normalmente a varios metros de profundidad.

El agua que observamos en lagos, ríos y quebradas corresponde apenas a este 1% de la totalidad del agua del planeta, y es esta pequeña porción de la que hacemos uso la mayoría de los seres humanos, para diversas actividades como la agricultura, ganadería, acuacultura, industria, comercio, turismo, recreación, generación de energía hidroeléctrica y actividades domésticas.

El agua y la vida

Como invitada especial de la danza sin fin del ciclo del agua, está la VIDA. El agua es un componente indispensable en todas las formas de vida. Sin agua no hay vida y los seres humanos no escapamos a esta realidad. Pero no siempre tenemos la misma cantidad de agua, pues los porcentajes de este precioso líquido van disminuyendo a medida que el tiempo avanza en nuestras vidas. Es así como, cuando somos apenas embriones de unas pocas semanas de gestación, el porcentaje de agua es de cerca del 97%, somos casi como medusas. Cuando nacemos, el porcentaje de agua que tenemos es de alrededor del 93%, por eso es que los recién nacidos nos dan la sensación de flojos, de aguados y tiernos; un niño de 7 o 9 años, tiene aproximadamente el 70% de su cuerpo conformado por agua. Cuando somos adultos, los porcentajes son mucho menores,  entre el 60% y el 65% Finalmente, cuando somos ancianos, nos vamos secando hasta alcanzar un promedio del 50 % de agua en nuestro cuerpo y así, hasta que nos alcanza la muerte y llegamos a quedar irremediablemente secos.

Si los seres humanos somos fundamentalmente aguados, entonces debemos prestar especial atención a este líquido, desde muchos ángulos o puntos de vista. Así, por ejemplo, es de vital importancia tener disponibilidad de agua todos los días. Gracias al agua nos aseamos, lavamos la ropa, cocinamos, se mantienen los cultivos y el ganado bien hidratados, por citar solo algunos beneficios.

Las montañas y el agua

Para los habitantes de las ciudades, e incluso de urbanizaciones en zonas rurales que tienen acceso al agua potable, este es un servicio tan básico como la electricidad, e incluso como la recolección de los residuos sólidos. Los dos primeros  tienen en común que casi nunca nos detenemos a pensar ni cómo se produce la electricidad ni de dónde viene el agua que consumimos, mientras que con los residuos sólidos, a la mayoría poco le importa a dónde van a parar.

Este desconocimiento hace que estos servicios se conviertan en una especie de cosas mágicas, pues la desazón y el descontento se apoderan de las personas cuando se abre el grifo y no sale el precioso líquido o se acciona el interruptor y no enciende la luz. Es cuando comenzamos a protestar por la ineficiencia de quienes brindan estos servicios públicos, pero casi nunca nos cuestionamos sobre el origen de estos elementos y, mucho menos, del impacto que tienen nuestras actividades para favorecer o limitar el uso adecuado de los mismos.

Esto nos lleva a pensar en la necesidad de conservar las áreas de recarga (donde se infiltra el agua), que generalmente ocurre en las montañas, y las áreas de descarga (donde están las fuentes de agua), que es donde se hacen las obras de captación para su posterior conducción a los tanques de almacenamiento, desinfección y conducción hasta nuestros lugares de habitación o trabajo.

Muy pocas veces tenemos conciencia de la importancia de este líquido en la vida diaria. Casi nunca pensamos en el ciclo hidrológico, en las montañas y selvas donde se infiltra el agua, en los sistemas de captación, almacenamiento y distribución del agua; y, menos aún, en la importancia que este precioso líquido tiene para la salud. Incluso, cuando tomamos agua, solo la ingerimos y no recobramos conciencia del rumbo que tomará este líquido en nuestro organismo.

Agua y salud

En nuestro planeta, donde cerca del 70% de su superficie es agua, no debería existir ninguna excusa para que existan seres humanos que carezcan de este líquido en calidad, cantidad y continuidad, para cubrir, al menos, sus necesidades básicas.

Paradójicamente, a pesar de la capacidad creativa del ser humano y los avances tecnológicos, en este campo nos seguimos comportando como cualquier otra especie del planeta: a expensas de las fuerzas de la Naturaleza y dependientes del ciclo hidrológico, con excepción de algunos países árabes que sí están potabilizando el agua de mar.

Como líquido vital, todo ser humano debería tener acceso al agua potable, tanto para mantener una buena salud, como para no enfermarse consumiendo agua contaminada con agentes biológicos o químicos.

La recomendación de la mayoría de los médicos, es que todo ser humano debería tomar, al menos, el equivalente a ocho vasos de agua diariamente. Pero el agua debe ser apta para el consumo humano pues, de lo contrario, podría ser perjudicial para la salud, ya que muchas enfermedades se transmiten por medio del agua.

El agua contaminada provoca cerca del 4% del total de muertes en el planeta al año, especialmente por diarreas, y la mayoría de las víctimas son niños menores de cinco años de países pobres. Las enfermedades son provocadas por la presencia de bacterias coliformes, virus, protozoarios y gusanos. Así mismo, el agua, con altos niveles de contaminación de sustancias químicas, ya sea de origen natural o provocadas por el ser humano, tales como el arsénico y fluor, pueden ser causa de enfermedades e incluso de muerte de personas y animales.

Durante la pandemia del COVID-19, el agua es uno de los elementos más importantes para impedir el contagio, pues una de las principales recomendaciones de las autoridades de salud, de todo el mundo, es el lavado de manos con agua y jabón. Sin embargo, ha quedado en evidencia que parte de la población mundial no tiene acceso al agua potable para cumplir con esta medida sanitaria, y millones de personas se han contagiado por no seguir esta simple recomendación.

Tal como lo hemos dicho más arriba, los seres vivos estamos compuestos básicamente de agua, y es por esta razón que debemos tener nuestro cuerpo bien hidratado todo el tiempo. El agua es el disolvente universal y su consumo tiene grandes beneficios para la salud. Por ejemplo, previene el dolor de cabeza, evita el cansancio, contribuye con el cuidado de la piel, mejora la disgestión, contribuye con la pérdida de peso, favorece la salivación, reduce el riesgo cardiaco, alimenta el espíritu.

En el contexto de los cinco elementos, el AGUA, como disolvente universal, se encuentra en casi todos las actividades del planeta y la vida depende, en gran medida, de este elemento.


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