Hámer Salazar: Los cinco elementos: tierra

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Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

Si el elemento agua, que es el disolvente universal y lo encontramos en la mayor parte de líquidos, el elemento TIERRA se refiere a todos los sólidos que forman parte del planeta, que incluye metales, toda clase de minerales y los llamados elementos mayores y menores.  Es así, como el elemento TIERRA es el que conforma las montañas, las rocas, los minerales y el suelo y corresponde con cerca del 38% de la materia corporal humana.

El ser humano

La especie humana forma parte de la escala zoológica. Es decir, biológicamente somos animales. En consecuencia, formamos parte, no solamente del entramado ecológico que afecta las actividades del planeta, sino que también somos afectados tanto por agentes biológicos como virus, hongos, bacterias, insectos, serpientes, etc., como por fenómenos atmosféricos (tormentas, huracanes y tornados) y geológicos (terremotos, volcanes y tsunamis).

Como parte de la escala zoológica, compartimos las características de los mamíferos, tales como la reproducción sexual entre un macho y una hembra, la fecundación de la célula sexual femenina (óvulo) en el interior de la hembra por parte de la célula sexual masculina (espermatozoide), a lo que se le conoce como fecundación interna. Una vez que nacemos, nos alimentamos de leche materna, tenemos pelo, sangre roja y caliente, como todos los demás mamíferos. Además, compartimos los mismos componentes anatómicos, tales como un cuerpo definido por la cabeza, el tronco y cuatro extremidades, internamente contamos con las mismas estructuras en la cabeza, donde se encuentran los principales receptores del medio tales como los oídos, la nariz, los ojos y las papilas gustativas en la boca, así como el cerebro. Claro está, con un mayor desarrollo de la corteza prefrontal, en comparación con el resto de los mamíferos. En el tronco, todos los mamíferos tenemos en común un par de pulmones, el corazón, un sistema digestivo con los mismos órganos anexos como el hígado, el vaso, los riñones, la vejiga, entre otros; así como el sistema y los órganos de reproducción muy similares. En fin, no hay escapatoria: somos animales, animales humanos.

 

De la tierra a las plantas

Las plantas toman los minerales del suelo, disueltos en agua, y lo transforman en más tejido vegetal que, en conjunto con el proceso de la fotosíntesis, los transforman en más materia vegetal. Profundizaremos más sobre este tema en el artículo correspondiente al elemento “aire”.

Toda la materia vegetal no es otra cosa más que suelo, agua y aire, ordenados de manera maravillosa para conformar tallos, hojas, flores, frutos y raíces. Es así como existen las hierbas, los arbustos, los árboles y entonces los denominamos pastos o forrajes, follaje, frutas, verduras, legumbres, semillas y miel.  Gracias a los vegetales, los animales se pueden alimentar de pastos, pueden ramonear, forrajear o alimentarse de frutos o de semillas.

De las plantas a los animales

La tierra, o, mejor dicho, el suelo, se transforma en plantas y las plantas en animales. En la pirámide alimenticia, los carnívoros se alimentan de herbívoros, por lo que la concentración del elemento tierra y de energía es mayor en los carnívoros, ¿cuántas toneladas de pasto requiere una vaca para vivir toda su vida? Entonces, ¿cuántas vacas se puede comer un ser humano durante toda su vida y cuántas toneladas de pasto se requerirían para alimentar ese número de vacas?

Cada especie animal tiene su sistema digestivo adaptado para el principal tipo de alimento que consume. Los grandes herbívoros tienen sistemas digestivos con cuatro estómagos para digerir la hierba. Casi siempre se ayudan con microorganismos, dentro de su sistema digestivo, que descomponen la celulosa, que es el material más duro de las plantas. Los carnívoros tienen un estómago pequeño, pero un intestino muy largo para digerir la carne.

El sistema digestivo lo que hace es descomponer los alimentos a nivel molecular, para que éstos puedan ser absorbidos por las paredes del estómago y del intestino delgado, de tal manera que lleguen, a través del sistema circulatorio (elemento agua), a todas las células del cuerpo. Mientras tanto, a través del hígado y el intestino grueso, principalmente, se desechan todas aquellas células muertas y sustancias que el cuerpo ya no necesita.

Alimentación humana.

Y del elemento tierra, ¿cuáles son los materiales más apropiados para la alimentación de los seres humanos?

Los seres humanos somos omnívoros, lo que significa que podemos alimentarnos de casi cualquier cosa que sea comestible. Para una alimentación sana y natural es deseable consumir los alimentos lo más frescos posibles, especialmente frutas y hortalizas. En este sentido, hay gente que ha eliminado de su alimentación todo tipo de carne. Sin embargo, la Naturaleza nos enseña que no hay carnívoros estrictos y ni herbívoros estrictos. Es así como las vacas, por ejemplo, dentro del pasto que comen, pueden consumir larvas de insectos, gusanos, huevecillos, garrapatas, lombrices de tierras, entre muchos otros animales.

Lo mismo podríamos decir de las jirafas y los elefantes. Sabemos que las jirafas se alimentan de ramas de los árboles, sin embargo, también se han observado comiendo carroña. Los colibríes se alimentan de néctar, pero también de hormigas y termitas. En cuanto a los carnívoros, la mayoría de nosotros hemos visto a los perros comiendo zacate; los leones, unos de los mayores carnívoros, se alimentan también de frutas y esto es bien conocido, porque se embriagan de comer un fruto llamado amarula. Las mariposas también se alimentan de néctar de las flores, pero es frecuente encontrarlas libando los líquidos con proteínas en cadáveres y excrementos.

La conclusión que obtenemos de todo esto, es que nos podemos alimentar de todo aquello que le haga bien a nuestro cuerpo. Todas las personas somos diferentes, así que algunas podrán mantenerse por años, incluso toda una vida, sin consumir carne y productos derivados de los animales, mientras que otras, decidirán consumir la menor cantidad de carne posible, tanto para contribuir con los esfuerzos para detener el cambio climático como por razones de conciencia. Otros seguirán consumiendo carne cuantas veces puedan durante el día, sin embargo, también esto podría tener consecuencias negativas sobre la salud. El secreto está en consumir todos aquellos alimentos que nos hagan sentir bien, tanto física como espiritualmente (tema que abordaremos con el elemento éter).

Desde el punto de vista de las relaciones ecológicas, el ser humano puede ser, como ya se ha dicho, omnívoro y alimentarse de todo lo que le sea posible; herbívoro si consume solamente alimentos de origen vegetal; y, decimos que carnívoros cuando consumimos carne. Sin embargo, el término carnívoro está mal empleado, pues un animal carnívoro es aquel que atrapa a su presa, ya sea mediante la carrera o al acecho, la mata y se la come tan pronto le sea posible. En los orígenes de la humanidad, cuando éramos cazadores, así lo hacíamos. Pero también están los animales que se alimentan de carne de animales muertos, son los llamados carroñeros. Estos no matan a la presa, sino que la consiguen ya muerta. En el caso de la especie humana, pasamos de ser carnívoros a ser carroñeros, puesto que no matamos al animal, sino que adquirimos partes de ellos en las carnicerías y supermercados. Algunas de estos trozos de “cadáver” con varios días de haberse sacrificado el animal. Afortunadamente, la carne no se descompone debido a los sistemas de enfriamiento, pero sigue siendo “carne de animal muerto” y, en consecuencia, somos carroñeros. Y esto no está mal. Lo que sí estaría mal es no tener conciencia de lo que estamos consumiendo.

Vivir para comer o comer para vivir. Uno de los grandes problemas de la humanidad es que hay quienes se sobre alimentan mientras que otros se subalimentan.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para el año 2016 el 39% de la población mundial tenía sobrepeso, y cerca del 13% eran obesas y, lo más preocupante es que, alrededor de 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos y 340 millones de niños mayores de 5 años y adolescentes, también tenían estas mismas condiciones. Y el problema sigue aumentando.

Sedentarismo. Los dispositivos con acceso a Internet y la gran cantidad de distractores que esta ofrece, es una de las razones por las cuales se da el sedentarismo. Las pantallas atrapan nuestras vidas y nos mantienen inactivos. El sedentarismo, además de tener un efecto directo en el funcionamiento general del cuerpo, favorece la acumulación de grasas, lo que causa sobrepeso y obesidad. Cerca de 2,8 millones de personas mueren en el mundo, cada año, debido al sobrepeso y la obesidad.

Ejercicio físico. La constitución física de los seres humanos está hecha para el movimiento. Contamos con extremidades inferiores adaptadas para la marcha y la carrera lo que permite el desplazamiento de grandes distancias, o bien de carreras cortas, ya sea para huir de algún depredador o de perseguir a una presa. La “arquitectura” de las piernas, nos permite también saltar para alcanzar una rama, por ejemplo, o acuclillarnos, para evitar que un depredador, la presa o que un enemigo no nos vea.

Por otro lado, las extremidades superiores están adaptadas para la actividad física. Aunque el movimiento hacia atrás esta limitado, los movimientos hacia arriba, abajo, al frente y a los lados, así como las posibilidades de sujetar objetos, gracias al pulgar oponible, para la defensa, la cacería, las actividades agrícolas, subir árboles o lanzar piedras, nos indican que, sin lugar a dudas, el cuerpo humano está adaptado para una actividad física intensa.

Si la anatomía y fisiología humanas están adaptadas para el movimiento físico, pero los hábitos, costumbres y ocupaciones de la vida moderna hacen que ese movimiento físico se vea limitado, debemos suplirlo con actividad física, que puede hacerse desde salir a caminar, correr, hacer ejercicio en máquinas en la casa o el gimnasio, entre otros. Los músculos, venas, arterias, el corazón, el hígado, los riñones, el sistema digestivo, siguen ahí, con la misma configuración inicial para un ser humano en movimiento, pero con poco o casi nada de uso.

Los elementos agua y tierra conforman más del 99% de la constitución de nuestro cuerpo, lo que significa que no somos otra cosa más que la transformación del medio en favor de nuestra propia existencia. Somos la transformación de los elementos del planeta. Somos planeta…


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