Hámer Salazar: Los cinco elementos

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Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

La ciencia moderna se ha nutrido de conocimientos de la antigüedad para tratar de dar explicación a hechos científicos recientes. Así, por ejemplo, el sexto principio del hermetismo dice que “toda causa tiene su efecto y que todo efecto tiene su causa”, principio que fue recogido por Isaac Newton en la tercera ley de la termodinámica, ley de acción-reacción, que dice que “con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria”. Los principios del hermetismo se atribuyen a Hermes Trismegisto, un alquimista místico, cuya existencia es anterior a la época de los faraones. Se dice de Newton, que además de inventor, físico, teólogo y matemático, también era considerado un gran alquimista.

El tercer principio del hermetismo dice que “todo es vibración, todo está en movimiento, nada permanece inmóvil”. Nicola Tesla, uno de los grandes genios modernos, dijo “si quieres entender y encontrar los secretos del Universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”, y Albert Einstein afirmaba que “Lo que hemos llamado materia es energía, cuya vibración ha sido tan baja como para ser perceptible a los sentidos. No existe materia.»

La sabiduría antigua y milenaria, tanto de Oriente como de Occidente, ha logrado mantenerse a lo largo de los años, gracias a su adaptación constante. Es así como, en Occidente, desde los filósofos presocráticos (350 A.C.) se han clasificado los elementos de la naturaleza en cuatro grandes grupos: tierra, agua, aire y fuego. Fue Aristóteles quien añadió un elemento más: el éter. Una idea similar se tenía en Oriente, especialmente en la India y Japón, también con los mismos cinco elementos. Estas concepciones partían de la premisa que toda la materia debía estar compuesta por alguno de estos cuatro elementos, excepto el éter, que no se refería a la materia sino a una forma de energía. Los chinos tenían un concepto diferente, pues le daban más importancia a estos elementos, no tanto como materia sino como energía en movimiento constante (vibración), pasando de una forma a otra. Es así como los cinco elementos para los chinos son: tierra, agua, fuego, metal y madera. Curiosamente, en la medicina tradicional china aún se continúan usando estos cinco elementos.

En el período de la Ilustración, allá por el año de 1789, Antoine-Laurent de Lavoisier, padre de la química moderna, mediante la publicación “Elementos”, definía los elementos como “materiales que no se pueden descomponer”. De ahí en adelante, se comenzaron a clasificar los elementos hasta llegar a la tabla periódica, cuya primera versión la construyó Jacob von Berzelius, en 1813. Ya para esa época se había aceptado la noción del átomo como partícula elemental e indivisible. Por eso se le llamó “átomo”: sin división. Demócrito, poco más de 400 A.C. no conoció el átomo, pero llegó a la  a la conclusión de su existencia debido a que pensó que la materia no era infinitamente divisible y, por más que se fragmentara, lo último que quedaría era el átomo, la partícula indivisible. No fue sino hasta finales del siglo XIX, en 1897, que J.J. Thomson determinó que los átomos estaban compuestos de cargas negativas y positivas. De ahí en adelante, las investigaciones sobre el átomo se intensificaron hasta llegar a concluir que los átomos están compuestos de partículas subatómicas y, en consecuencia, divisibles. A partir de esto se da inicio a un nuevo conocimiento científico, como lo es el de la física cuántica, mediante la cual sabemos que todos los átomos están compuestos, entre otras partículas, de protones que forman el núcleo y electrones que giran en la periferia del núcleo, por lo que se deduce que la materia no es otra cosa más que energía concentrada.

Se calcula que solo cerca del 5% del Universo es materia, tal como la conocemos. De este pequeño porcentaje solo una fracción está conformada por seres vivos. A pesar de la abundancia y diversidad de seres vivos en este maravilloso planeta, estos constituyen apenas una pequeña parte de la materia que lo conforma.

Como seres vivos, nos circunscribimos a los cinco elementos, pues somos un puñado de TIERRA, cargamos un gran porcentaje de AGUA en nuestro cuerpo, no podemos vivir sin AIRE, y es gracias al FUEGO (el calor y la luz del Sol) que podemos alimentarnos. Pero también somos ÉTER, espíritu y energía que la compartimos con el Universo.

Soy de la generación de los Baby Boomers, que es la generación de los nacidos depués de la Segunda Guerra Mundial hasta 1964. Una generación de las más afortunadas de la historia de la humanidad, que nos ha tocado vivir tiempos maravillosos, donde disfrutamos de las mayores “comodidades” que ha vivido la humanidad a lo largo de la historia. Hemos sido testigos y actores de primera fila de los grandes cambios científicos y tecnológicos. Durante muchos años vivimos una Guerra Fría, y aunque no han dejado de haber conflictos bélicos en todas partes del mundo, afortunadamente no nos hemos enfrentado a una tercera guerra mundial.  Nunca antes, como en nuestros días, podemos decir que tenemos, literalmente, el conocimiento en la palma de la mano. Vivimos los días en los que, con solo mover un dedo, podemos adquirir el conocimiento sobre casi cualquier tema. Excepto para enfrentar una pandemia provocada por una biomolécula que no llega siquiera a la categoría de ser vivo: el coronavirus que causa la enfermedad del COVID-19. Pero también, hemos sido la generación, junto con las generaciones siguientes (X, Millenial y Z), las que más contaminación le hemos producido al planeta con desechos sólidos, líquidos y gaseosos, quizás, los que menos conocimiento tengamos de nuestra propia naturaleza, pues las comodidades y la tecnología nos alejan cada vez más de nuestro propio ser. Somos personas con ropas que cubren la piel, la animalidad, y poco sabemos de nuestra propia arquitectura y funcionamientos internos, en relación con el medio que nos rodea. Somos también las generaciones que enfrentamos el mayor desafío para la humanidad como lo es el cambio climático.

En esta serie de artículos, nos proponemos rescatar aquella vieja sabiduría de los cinco elementos para que, a la luz de los nuevos conocimientos, la podamos adaptar al contexto actual, de acuerdo con mi visión particular que, obviamente, carece de todos los conocimientos y sabiduría necesarios como para que sean consideradas como verdades. Son más una serie de reflexiones personales para compartir e invitar a la reflexión, en tiempos en los que la tecnología y los entretenimientos asociados a esta, nos aleja cada vez más de nuestra propia naturaleza y del contexto planetario en que vivimos y amenazamos constantemente.


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