Hámer Salazar: Muerte de animales en carreteras

Los animales no saben medir el peligro ante los vehículos, eso no está en su ADN, por lo que cualquier esfuerzo que se haga para evitar las muertes en carretera,  es muestra de la evolución de la conciencia ciudadana en torno al respeto y protección de la naturaleza.

0

Hámer Salazar, Biólogo. info@hamersalazar.com

Las muertes en carretera son una verdadera tragedia en Costa Rica. Tan solo en el 2021 murieron 365 personas como resultado de los accidentes de tránsito, es decir, un promedio de una persona diariamente. Cada una de estas víctimas son muertes muy lamentables. Son 365 familias y amigos que lloraron estos muertos, mientras en los juzgados se ventilan las responsabilidades de tales decesos.

Pero hay otro drama que se vive en las carreteras de víctimas silenciosas, de animales silvestres y domésticos que mueren atropellados. Todos los animales domésticos deberían estar en sitios seguros, pero los animales silvestres se juegan su existencia cada vez que tienen necesidad de cruzar una vía, cuando la frontera de vegetación se ve interrumpida por una brecha de asfalto y máquinas pesadas que se mueven a gran velocidad y con luces que ciegan y paralizan, porque desorientan al animal.

Esas luces pueden ser tan perturbadoras que el animal tienda a dirigirse hacia ellas, con lo que encuentra la muerte de manera rápida y violenta. Osos colmeneros, osos perezosos, mapaches, pizotes, zarigüeyas, coyotes, ardillas, venados, iguanas, garrobos, serpientes y hasta grandes felinos, se encuentran entre las principales víctimas.  Ni qué decir de invertebrados que mueren por cientos y sobre los cuales es poco lo que se puede hacer. Me refiero a especies como la mariposa cola de pato (Urania fulgens) o los cangrejos tiguacal (Gecarcinus quadratus) y el cangrejo rojo terrestre (Gecarcinus lateralis). Solo que a la mayoría de estas víctimas, a diferencia de los humanos, se les deja en la vía pública para que sean los mismos vehículos los que terminan con el cadáver dejándolo aplastado como un trozo de cartón en la vía, debido al paso incesante de las llantas.

Otros encuentran su fin en el orden establecido por la Naturaleza, cuando son las aves de carroña las que se encargan de los cadáveres. Para ellos no hay actas de fallecimiento, ni levantamiento de cuerpo, ni nada, son animales muertos, cosas insensibles e inconscientes.  Solo las especies más grandes son las que reciben más atención, tanto por su espectacularidad como por encontrase en las listas de especies en peligro de extinción como felinos y dantas.

Pero en realidad un animal muerto es un paquete de hormonas y células reproductivas inútiles, úteros inservibles y las posibilidades de nuevas generaciones.

Un animal muerto en carretera y dejado ahí, a expensas de los neumáticos y el asfalto sigue siendo una muestra de crueldad e insensibilidad de quien atropelló el animal. Lo correcto sería, utilizando todas las precauciones para no poner en riesgo nuestra propia vida, de ubicarlo a la orilla de la vía para facilitar el proceso de descomposición y de acceso al cadáver para las aves de carroña.  Si no tenemos guantes a mano, podemos utilizar un pañuelo, un trozo de cartón o plástico para remover al animal de la vía, pues también los zopilotes son víctimas en las carreteras.

Es cierto que muchas veces es casi imposible evitar la muerte de una animal mientras conducimos un vehículo, porque salen de súbito de entre la vegetación, pero muchas otras veces esas muertes se pueden evitar disminuyendo la velocidad en aquellas áreas que los estudiosos han identificado como puntos calientes, en los que es frecuente que los animales crucen la vía.

Es necesaria también la sensibilización de las autoridades correspondientes, tanto del gobierno central como de las municipalidades, para que incluyan dentro de sus programas anuales el rubro de rotulación en carreteras y la sensibilización de los ciudadanos en relación con el respeto a la vida silvestre. Pero también las vías deben contemplar dentro de sus diseños los pasos de fauna terrestre como túneles, los de fauna arborícola como puentes, así como las barreras necesarias en el tendido eléctrico para evitar la muerte por electrocución y en las orillas de las vías para evitar que los animales pasen por aquellos sitios donde la muerte está casi asegurada para quienes intenten cruzar la vía.

La muerte en carretera de un puma en las inmediaciones del puente sobre el río Poás y de un jaguar en Guanacaste, hace algunas semanas, debe llamarnos a la reflexión, pues estas especies son los depredadores más grandes del trópico y son especies en peligro de extinción.

En el caso del puma, es probable que el accidente haya ocurrido en horas de la madrugada cuando el felino, quizás, perseguía una presa que sí logró pasar la vía con éxito. Es probable que el golpe lo haya recibido de un vehículo pesado, y que el mismo impacto en la cabeza lo haya tirado a la orilla de la vía. En el lugar no había huella de frenado, ni rastros de sangre en la propia vía, así como tampoco indicios de que haya bajado por el paredón, de ahí nuestra hipótesis de que viniera persiguiendo a una posible presa.

Afortunadamente, esta problemática ha llegado hasta la Asamblea Legislativa, donde los diputados del Frente Amplio han presentado un proyecto de ley, bajo el expediente No. 23,166 para obligar que las construcciones de cualquier tipo de infraestructura cuenten con pasos de fauna.

Los animales no saben medir el peligro ante los vehículos, eso no está en su ADN, por lo que cualquier esfuerzo que se haga para evitar las muertes en carretera,  es muestra de la evolución de la conciencia ciudadana en torno al respeto y protección de la naturaleza.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...